Economía

El ‘boom’ de los centros de datos en la España vaciada: miles de millones buscan suelo y energía

Amazon, Microsoft, Meta o Merlin están proyectando grandes infraestructuras digitales fuera de los grandes núcleos urbanos. El Gobierno ha iniciado la tramitación urgente de una norma para imponer nuevos requisitos energéticos

Montaje creado con IA de Satya Nadella, Matt Garman, Mark Zuckerberg, Stephen Schwarzman e Ismael Clemente.
Montaje creado con IA de Satya Nadella, Matt Garman, Mark Zuckerberg, Stephen Schwarzman e Ismael Clemente.

La inteligencia artificial necesita chips, pero también grandes espacios y mucha electricidad para funcionar. Y eso está empezando a cambiar la geografía de una de las mayores oleadas de inversión tecnológica de los últimos años, la de los centros de datos. Las empresas se alejan de Londres, Frankfurt, Ámsterdam o París en busca de suelo disponible, energía y conexiones a la red. España, y particularmente algunos territorios alejados de sus grandes ciudades, aparece cada vez con más frecuencia en esa búsqueda.

Amazon Web Services (AWS) anunció en marzo que elevará hasta 33.700 millones de euros su inversión prevista en España para ampliar su infraestructura de centros de datos, concentrada en Aragón, hasta 2035. Afectará a las tres provincias aragonesas, incluida Teruel, donde AWS prevé instalar por primera vez centros de datos. Es la mayor inversión tecnológica anunciada por el gigante de la logística en el país, y la compañía estima que puede aportar 31.700 millones al PIB español en ese periodo.

Microsoft también invertirá más de 5.000 millones en una nueva “región” de centros de datos en Aragón. Estará formada por tres campus conectados entre sí por fibra óptica: uno en La Muela, otro en Villamayor de Gállego y un tercero en Zaragoza capital. Los proyectos incluyen varios edificios de procesamiento de datos, infraestructuras eléctricas de alta tensión, redes de fibra y los servicios auxiliares necesarios para su funcionamiento.

Por su parte, Merlin Properties recibió en julio el visto bueno del Gobierno aragonés para desarrollar en Botorrita, también en Zaragoza, su mayor centro de datos hasta la fecha: 1.225 millones de euros de inversión, 144 MW de capacidad tecnológica y más de 156.000 metros cuadrados construidos, con un sistema propio de generación eólica y solar que aspira a cubrir el 87% de su consumo eléctrico.

A ellos se suman Blackstone, que a través de su filial de infraestructura digital QTS prepara en Calatorao (Zaragoza) uno de los mayores complejos del país con una inversión inicial de 7.500 millones; y Box2Bit, del grupo Capital Energy, que promueve uno en el municipio zaragozano Épila tras perder acceso energético en Cariñena, con una inversión total de 3.900 millones.

La concentración convierte a Aragón en uno de los ejemplos más claros de un fenómeno que comienza a extenderse por Europa: la entrada de inversión milmillonaria en lugares afectados por la despoblación. Según el informe EMEA Data Centre Mid-Year 2026 de JLL, los grandes centros de datos previstos desde este año hasta 2028 se situarán de media a unos 175 kilómetros de los principales núcleos urbanos, frente a apenas 46 kilómetros en los proyectos desarrollados entre 2022 y 2025.

Al mismo tiempo, según el mismo estudio de una de las mayores consultoras inmobiliarias del mundo, los proyectos levantados desde cero en nuevos emplazamientos pasarán de representar el 8% del total al 39% de la cartera prevista. Además de la disponibilidad y el precio del suelo, las empresas ponen el foco en la posibilidad de conseguir rápidamente cientos de megavatios de potencia. Eso explica que municipios que hasta hace poco no aparecían en el radar de grandes compañías, ahora sí lo hagan.

Más ejemplos en Extremadura o las dos Castillas

En Extremadura, concretamente en Navalmoral de la Mata (Cáceres), Merlin-Edged prepara un centro de procesamiento de datos cuya inversión supera los 1.600 millones. FRV también proyecta en Mérida el centro Lusitanus, orientado a IA y con 2.800 millones previstos solo en su primera fase. En Badajoz avanza además Nostrum Evergreen, un complejo de 1.900 millones y 300 MW de capacidad que este año ha pasado a manos de la australiana IREN.

Talavera de la Reina (Toledo) es otro ejemplo. Meta pretende desarrollar allí su nuevo campus de centros de datos con una inversión estimada en 750 millones de euros sobre una superficie de 102 hectáreas. El Gobierno de Castilla-La Mancha calcula que generará 250 empleos directos y otros 300 durante su construcción.

La misma localidad sumó en julio otro proyecto de Substrate AI, que plantea invertir alrededor de 100 millones de euros en un centro especializado en inteligencia artificial de 25.000 metros cuadrados. Y otro municipio toledano, Mora, también ha sido elegido por EdgeMode y Bloom Energy para acoger un centro de datos de 3.000 millones de euros.

Castilla y León también empieza a aparecer en este nuevo mapa. DC Mudarra SLU, sociedad creada este año y vinculada al grupo renovable Vapat, promueve un gran centro de datos en Torrelobatón, un municipio vallisoletano de menos de 400 habitantes. El complejo movilizará una inversión de 1.600 millones de euros, ocupará más de 117 hectáreas y prevé unos 140 empleos directos.

En Salas, un pueblo asturiano con menos de 5.000 habitantes, se ha anunciado la construcción de Digital Valley Asturias, un campus especializado en el procesamiento, almacenamiento y gestión de datos que movilizará 1.226 millones de euros. El Gobierno regional estima un impacto de 4.177 millones sobre el PIB asturiano en 20 años.

A todo lo anterior se suma el proyecto promovido por un consorcio en el que participan ACS, Telefónica, Santander y el Estado para optar a una de las siete gigafactorías europeas de IA que la Comisión Europea planea crear en suelo comunitario. La joint venture ha elegido como emplazamiento Móra la Nova, en Tarragona, una zona que afronta en los próximos años la transformación económica vinculada al calendario nuclear de Ascó y Vandellós. La inversión prevista se aproxima a los 5.000 millones.

El Gobierno prepara un cambio relevante

SpainDC, la asociación que agrupa al sector, calcula que los centros de datos podrían movilizar 66.900 millones de euros de inversión directa e indirecta en España hasta 2030 si se mantienen las actuales condiciones de crecimiento. En un escenario favorable, la cifra podría acercarse a los 79.000 millones; mientras que con mayores restricciones regulatorias y de acceso eléctrico, se reduciría a 43.000 millones.

España tiene la ventaja del despliegue renovable, la disponibilidad de suelo y unos costes potencialmente competitivos; pero necesita transformar esa abundancia de generación en capacidad eléctrica disponible y conexión suficiente a la red. El otro riesgo es la huella ambiental provocada por la IA a través del funcionamiento de estos centros de datos.

De hecho, el Gobierno ha iniciado la tramitación urgente de una norma que impondrá nuevos requisitos energéticos y medioambientales a los centros de datos. Concretamente, y ante el notable incremento de la llegada de proyectos, exigirá que respalden con nueva generación renovable al menos un mínimo del 80% de su consumo energético hasta que la generación renovable se sitúe por encima del 90% del ‘mix’ eléctrico.

España presenta un gran atractivo para los inversores por sus condiciones, pero no está sola en la carrera. Francia, por ejemplo, está convirtiendo su parque nuclear en una baza para atraer centros de datos. SoftBank anunció en mayo una inversión de 45.000 millones en cinco años en infraestructura de IA, y París está estudiando fórmulas para acelerar las conexiones de estos grandes consumidores a la red.

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