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Diario de a bordo: capítulo 28 | «Así pongo a punto el Sofía para el complicado cabo de Buena Esperanza», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

Empiezan unos días de preparación para dejar al Sofía a son de mar y empezar a poner rumbo a Sudáfrica. En cuanto a la meteo, la etapa hasta el cabo de Buena Esperanza es especialmente difícil. Constantes bajas presiones viajan de oeste a este, chocando contra Sudáfrica y subiendo por la costa este africana. Hay que ir aprovechando el buen clima que hay entre sistemas para ir ganando millas hacia el sur. Un error en la lectura de la meteo nos puede dejar en situaciones muy peligrosas. Desde el canal de Mozambique baja la corriente de Agulhas hasta Sudáfrica. Esta corriente puede llegar hasta los 5 o 6 nudos. Puedes aprovechar para navegar bastante rápido. Si la dirección del viento es contraria a la de la corriente, se crean situaciones peligrosas, con olas muy altas, desordenadas y rompientes.

Empiezo a hacer un repaso de todo lo que tengo que hacer antes de zarpar y hago una lista de tareas. Me despierto pronto, sin alarma, cafecito y empiezo con el interior: redistribuir todo el barco y estibar el interior del Sofía para pasarlo de modo «vacaciones en familia» a navegación en solitario. La limpieza a fondo no falla. Hago la lista de provisiones que necesito. Solo necesitaré comida fresca, diésel y hacer lavandería. No sé por qué digo solo… Me lleva de 08:00 a 14:00 hacer estas cosas.

Las tareas del hogar, a bordo de cualquier velero, son una misión. Requieren un poco de planificación para que todo salga a tiempo y de manera exitosa. Yendo solo, son tareas que necesitan el doble de tiempo. Esta vez, solo he tenido que repostar 4 bidones de 20 litros de diésel, pero hay muchas veces que son entre 10 y 15 bidones. Desestibarlos del barco, meterlos en la auxiliar, ir a llenarlos a la gasolinera de turno, cargarlos en la auxiliar y volver al Sofía, cargar los bidones al Sofía, limpiarlos y estibarlos. Quizás por estas razones, las tareas del «hogar a bordo» son de lo que menos me apetece hacer. Una vez hechas, satisfacción y celebración.

En tres días, a fondo, acabo las tareas del barco. Revisión del mástil y jarcia incluidas. Dedico mucho tiempo a estudiar los siguientes movimientos hacia Sudáfrica. Cada día reviso la meteo, trazo la derrota en la carta de papel y en la electrónica, estudio fondeos de emergencia, hablo con navegantes que ya han navegado por esta zona… Cuantas menos cosas deje al azar, mejor. Lo que me da más pereza siempre es toda la burocracia que hay que seguir para entrar y salir de los diferentes países. Cada uno tiene su manera y muchas veces es un proceso lento, de incluso días. Hay que afrontar estas misiones con paciencia y buena actitud. El récord está en Indonesia. Tardé dos días enteros en formalizar la entrada al país… Después de mucha espera y de recorrer toda la isla, conseguí ser legal.

Dani, el cocinero de un atunero español de 107 metros de eslora, me ha escrito por redes sociales y me ha dicho que estaban atracados en el puerto comercial del fondeo en el que estoy yo. Me ha invitado a bordo y me ha enseñado todos los rincones del atunero. Sobre las 13:00 ha sonado la alarma de la comida y me han invitado a comer con la tripulación.

Aparte de enseñarme de proa a popa el barco, me ha explicado cómo se faena con las redes, cómo detectan dónde está el pescado y cómo lo mantienen hasta llegar a puerto. En la descarga, aquí en Seychelles, se empieza a distribuir en el mercado. Ahora estaban en puerto para descargar lo capturado el mes anterior. La cubierta está llena de grúas por todas partes, cargadas de atún hasta los topes, descargando a toda velocidad. Suelen faenar en aguas del Índico y utilizan las Seychelles o Madagascar como bases para la descarga, el mantenimiento y la rotación de tripulación. Lo que más me ha impresionado es el enorme motor principal, una bestia de dos cubiertas de alto y unos 12 metros de largo. Después de la comida, me regalan una bolsa de galletas y una camiseta del barco.

Cuando estoy fondeado mucho tiempo, el cuerpo me empieza a pedir movimiento. Empiezo a sentir los nervios iniciales de antes de una travesía y es momento de zarpar. A veces cuesta que llegue una buena ventana de tiempo para navegar. Hay que ser paciente. En la espera sigo haciendo trabajos para mejorar al Sofía: añado una polea aquí para mejorar la maniobra del tangón, refuerzo esta zona de roce de escotas, renuevo la gaza de la retenida… Cositas que van mejorando la navegación y la seguridad. Toca esperar para disfrutar. Pronto pongo rumbo a Mayotte, una isla a 800 millas al suroeste de Seychelles.

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