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Diario de a bordo: capítulo 25 | «Cómo sobrevivir a un génova rajado en mitad del Índico», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

Después de disfrutar un mes en Cocos Keeling, toca poner rumbo hacia Seychelles en una travesía de unas 2.600 millas, unos 23 días aproximadamente.

El Sofía está a son de mar, hago las últimas compras de fruta y verdura, estibo todo bien en el interior y estoy listo para zarpar. La meteo está estable para los próximos días y esperamos el típico alisio de la zona, entre 20 y 25 nudos del sureste y olas de entre 2 y 4 metros.

Dejo a popa el atolón y, en cuanto salgo de la protección de la laguna, el viento aumenta hasta los 20 nudos y la ola del océano Índico me da la bienvenida. Izo mayor y génova, ambas con dos rizos, y el Sofía empieza a volar a orejas de burro, mayor a estribor y génova a babor.

Normalmente, el primer día de las travesías largas suelo estar un poco a la defensiva, expectante y con incertidumbre en el cuerpo. Un poco inseguro. Sin embargo, en este inicio me siento feliz, pletórico y con ganas de navegar durante días. El Sofía y yo estamos preparados para cruzar el tercer océano desde que zarpé de España: el complicado océano Índico.

Los primeros días son para acostumbrar el cuerpo al nuevo ritmo de navegación y transcurren sin ningún incidente. Aprovecho para hacer los cálculos diarios con el sextante, preparo comidas y cenas, leo durante el día, me pongo al timón para disfrutar de las buenas condiciones y contemplo los amaneceres y atardeceres que tiñen el cielo de color naranja. Durante la noche, algunos chubascos tímidos se acercan al Sofía, lo que me obliga a estar preparado para actuar en caso necesario.

Al quinto día, me siento parte del océano. Soy un afortunado por estar en medio del Índico en compañía del Sofía. Para los primeros días, he decidido hacer un rumbo suroeste y no tomar el rumbo directo a Seychelles. Dentro de unos días están pronosticados vientos de entre 30 y 35 nudos del sureste y la estrategia es arribar cuando los vientos fuertes golpeen al Sofía. De esta manera, navegaremos con el viento y las olas de popa, más cómodo para el Sofía y para mí.

En el décimo día de travesía el viento aumenta, rachas de 30 nudos y las olas crecen hasta los 3 o 4 metros. Entonces, decido arribar y poner rumbo directo a Seychelles. Para descansar mejor por la noche, arrío la mayor y navego solo con el génova. Con el viento, la corriente y las olas de popa, el Sofía cabalga a 7 nudos. Parece que hemos acertado con la estrategia.

Durante esta noche me toca estar muy pendiente de la navegación. Aparecen varios objetivos AIS en la pantalla del plotter. Parece que son boyas de deriva y redes de pesca de atuneros que faenan en la zona. Toca variar el rumbo para dejar una distancia prudente. Entre las maniobras para evitar las boyas y los vientos de 30 nudos, descanso poco.

Al amanecer el cuerpo lo nota, me siento pesado. Tomo un desayuno de avena y pongo el curry a trabajar. En unas horas tengo un mahi-mahi bastante grande a bordo para filetearlo. Tengo comida y cena para los próximos dos días. Es toda una misión filetear el pescado con el barco en movimiento y olas que llegan a los 4 metros. Luego toca limpiar toda la popa de sangre. Acabo realmente cansado y decido pasar toda la tarde leyendo y descansando para recuperar energía.

Antes del atardecer del día 13 me doy cuenta de que el génova está rajado por la parte alta de la baluma. Aún quedan unas 1.000 millas para llegar a Seychelles. Realizar una reparación me parece muy complicado con el viento que hace. Debería arriar el génova, poner un parche y volver a izarlo. Misión imposible con 20 o 25 nudos de viento. En el pañol de proa tengo un segundo génova de respeto, pero sustituirlo presenta las mismas complicaciones que una reparación.

Decido seguir navegando en esta situación y cruzar los dedos para que aguante. En el peor de los casos podría navegar únicamente con la mayor. Con el paso de los días la raja se va haciendo más grande.

Por la noche del día 15 de navegación, la electrónica empieza a fallar. Concretamente, los datos del viento, dirección e intensidad, dan lecturas erróneas. Intento solucionarlo, pero no hay manera. Me pongo en contacto con Oriol, un experto en electrónica, y durante más de tres horas hacemos pruebas y más pruebas, pero no conseguimos nada. Mañana seguiremos intentándolo.

Entre la raja del génova, que cada vez es más grande, y ahora este problema de la electrónica, hoy no puedo descansar; estoy intranquilo a pesar de saber que no es nada grave. Paso toda la noche intentando solucionar la electrónica y, en cuanto empieza a despuntar el sol por el horizonte… ¡BINGO! Electrónica solucionada.

El inicio del nuevo día y la solución del problema con los datos del viento me dan un chute de energía. En el día 18 de navegación: ¡tierra a la vista! Después de 2.600 millas, Seychelles aparece por el horizonte. Arrío la mayor para reducir velocidad y llegar con las primeras luces del día 19 de navegación.

En cuanto amanece, empiezo a navegar el canal de entrada a Victoria, la capital de Seychelles. A las 07:30, el ancla cae sobre el fondo de arena blanca de Victoria. Esta última noche no he dormido nada y, aun así, me siento con mucha energía y muy feliz de haber conseguido cruzar el Índico. Gracias, Sofía.

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