A pesar de estar inmersos en una pandemia mundial, el cambio climático sigue siendo nuestra lucha más urgente como especie. Lo que hace no tanto sonaba a amenazas de futuro por parte de los expertos, hoy ya es una realidad con la que convivimos: el nivel del mar sube, las temperaturas aumentan y los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes. Vamos contra reloj para ponerle freno a las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar nuestra supervivencia tal y como la conocemos.

Y es que las medidas que tomemos hoy para la recuperación económica configurarán el mundo del futuro. Por ello, cada vez más voces instan a aprovechar esta oportunidad para transitar hacia una economía sostenible, pues, entre otras cuestiones, frenar el cambio climático es clave para evitar nuevas pandemias. En este esfuerzo todos contamos. Ciudadanos, activistas y líderes políticos no están solos. Las empresas también están redoblando su apuesta por transformar el modelo económico actual. Y a medida que los países hacen frente al coronavirus y tratan de emprender la recuperación de la economía, queda todavía más claro que la reconstrucción debe basarse en un modelo que avance sin fisuras hacia la neutralidad de carbono.

Objetivo: neutralidad de carbono

Una preocupación por el medioambiente y el cambio climático que no es nueva para Coca-Cola, que lleva años con la sostenibilidad en el centro de su modelo de negocio y trabajando para reducir las emisiones provenientes de su actividad.

Desde 2010, la compañía ha conseguido reducir un 30,5% las emisiones en toda su cadena de valor, en línea con la estrategia de sostenibilidad incluida en el plan Avanzamos para Europa Occidental. Pero no se conforma, y fruto de compromiso en la lucha contra el cambio climático ahora se propone rebajar las emisiones en toda su cadena de valor en un 30% para 2030 (respecto a 2019) y alcanzar la neutralidad de carbono en 2040.

Para conseguir estos objetivos –alineados con el Acuerdo de París, que fija limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados–, invertirá 250 millones de euros durante los próximos tres años. Para lograrlo, Coca-Cola disminuirá las emisiones en cinco áreas: envases, ingredientes, operaciones, transporte y equipos de frío.

En lucha contra las emisiones

Esto significa que los esfuerzos no solo se centrarán en reducir las emisiones directas, es decir, las generadas por las fábricas y oficinas de Coca-Cola, sino también las indirectas, como las que producen sus proveedores. Conscientes de que una buena parte de las emisiones provienen de sus proveedores, la compañía les apoyará en todo momento para que establezcan sus propios objetivos de reducción de emisiones basados en criterios científicos y empleen electricidad 100% renovable.

En el caso concreto de España, se pondrán en marcha una serie de nuevas acciones, que se sumarán a los avances ya conseguidos.

Así, en materia de envases, está previsto que los envases de bebidas sin gas cuenten con un 100% de plástico reciclado a finales de 2021, mientras que el resto de envases contendrán un 50%. Además, se seguirán aligerando latas y botellas de plástico y vidrio, e innovando en envases rellenables y dispensadores.

Por otra parte, Coca-Cola continuará apostando para que las fábricas queden libres de energía de origen fósil. De hecho, toda la electricidad contratada en sus plantas y las oficinas centrales en Madrid es de origen renovable, y algunas obtienen parte de su energía a través de paneles solares.

En cuanto al transporte, ya se emplean modelos de camiones Euro VI, mucho más ecológicos, y una parte de la flota de vehículos comerciales pasará a ser híbrida en 2021. Asimismo, y siempre que sea posible, se utilizará el tren para transportar las bebidas.

A medida que el mundo hace frente al coronavirus y trata de emprender la recuperación, queda más claro que la reconstrucción debe basarse en un modelo económico que avance firmemente hacia la neutralidad de carbono. Lo que está en juego no puede ser más importante.