Opinión Eugenio Mallol

La vida sin móvil de Nolan y la confianza en la IA

Igual que el director de ‘La Odisea’ puede rodar sin smartphone gracias a su equipo de asistentes, la tecnología nos promete que un ejército de agentes de IA nos ayudará a gestionar la información, pero eso requiere algo fundamental que aún no tenemos: confianza.

El director de cine Christopher Nolan ha confirmado en el late show de Jimmy Fallon que no usa smartphone ni correo electrónico durante los rodajes. «Estoy rodeado de personas que me ayudan todo el tiempo”, dice. En realidad, admite, “sería bastante difícil para mí alejarme de la información que la gente trata de darme». Comunicación sí, pero no a través de un dispositivo.

No es una reflexión menor la del director de La Odisea y Oppenheimer. Nos está mostrando el futuro hacia el que nos dirigimos y del que nos podremos beneficiar todos cuando desentrañemos el intrincado misterio de los agentes de inteligencia artificial (IA). Hoy son personas humanas las que destilan el maremágnum de información que rodea al jefe de una superproducción hollywoodense en plena acción. Mañana serán una infinidad de personitas artificiales los que nos hagan ese favor a nosotros y nos ahorren el gesto de bajar la cabeza para mirar la pantalla. Al menos así lo concibe el sector tecnológico.

En un reciente encuentro con profesionales de la educación sobre la transformación que producirá en el sector la IA, el presidente del colectivo de personas con altas capacidades MENSA, Miguel Ángel Juan, respondía a mi cuestión asegurando que la principal diferencia entre los centros educativos de mayor y menor calidad dentro de un tiempo será que la IA dará las clases… en estos últimos.

Asociaremos el bienestar personal a la aparente desconexión digital, al contacto humano asistido por IA, aunque sea probablemente en ese momento cuando más profundamente sumergidos estemos en el formol algorítmico. Ahora bien, debe producirse todavía un cambio cultural para que transformemos de ese modo nuestra vida cotidiana, y tiene que ver fundamentalmente con los límites de la confianza. También ahí Nolan nos da pistas.

Investigadores de las universidades de Wisconsin y Stanford plantearon las mismas preguntas abiertas a más de 70 modelos de IA. Todos dieron las mismas respuestas. Arquitecturas diferentes, datos de entrenamiento distintos, empresas no coincidentes, pero las mismas ideas, idénticas estructuras, metáforas similares. A este fenómeno lo han llamado «mente artificial de colmena».

La tarea no es sencilla porque se está cuestionando el concepto mismo de evidencia. Muchos economistas vienen destacando un supuesto auge del espíritu emprendedor en EEUU. El año pasado se presentaron casi seis millones de solicitudes de creación de empresas, la cifra más alta registrada, y 2026 va camino de superar ese récord.

Sólo hay un pequeño ‘pero’: no se espera que el 70% de esas nuevas compañías creen puestos de trabajo. Fundar empresas se ha convertido en una forma más de postureo, sirve para captar seguidores en Instagram y TikTok, y no resulta tan oneroso en ese país: en apenas 15 minutos está constituida y sólo cuesta unos 130 dólares, un 30% menos que una primera cita.

El valor confianza se nos escapa como granos de arena. Llevamos años debatiendo lo que Kyla Scanlon denominó la vibecesión, es decir, el sentimiento general de que la economía va mucho peor de lo que sugieren los datos. Resulta que en EEUU se utiliza para medirlo el Índice de Sentimiento del Consumidor de la Universidad de Michigan, que pasó de recabarse mediante encuestas telefónicas a utilizar canales online, en los que están sobrerrepresentados los votantes demócratas. El ICS se ha hundido con Trump.

No debe sorprender en medio de este clima, que prefiramosPrincipio del formularioprefiramos las instituciones locales a las nacionales. Cuanto más cerca estamos de quien toma las decisiones, más confiamos. Lo admito, no está hoy España para generalizaciones, pero el Edelman Trust Barometer ha constatado en 27 países, entre los que no está China, que la gente pierde la confianza en las instituciones más lejanas y la aumenta en las más cercanas a su casa.

Baja la confianza en los líderes del gobierno nacional (-16Final del formulario), en las grandes organizaciones de noticias (-11) y en los dueños de negocios extranjeros (-6). En cambio, sube la confianza en los vecinos, familia y amigos (+11), en los compañeros de trabajo (+11) y en… ¡los CEOs! (+9). Curiosamente, los nacidos en los 2000 sólo superan a sus mayores en dos categorías: la televenta y la venta a domicilio.

Si no se resuelve el tema de la confianza en la IA, no podremos vivir sin móvil como Christopher Nolan, esa es la verdad. Casi 6.000 altos ejecutivos estadounidenses, británicos, alemanes y australianes han sido consultados en otro estudio sobre los efectos de la IA en sus propias empresas. Aunque el 69% de ellas la utiliza activamente, los directivos reconocen un impacto mínimo durante los últimos tres años, y el 90% no reportan ninguna repercusión de la IA en el empleo o la productividad.

No obstante, estos mismos ejecutivos predicen efectos considerables de la IA durante los próximos tres años. Para algunos esto no deja de ser una nueva reformulación de la paradoja que Robert Solow formuló en 1987: “la era digital se percibe en todas partes, excepto en las estadísticas de productividad”.

¿Conseguirá la IA que confiemos en ella como hace Nolan con sus asistentes humanos? Las personas tenemos una intolerancia a la imperfección de la IA, abandonamos un algoritmo después de verlo cometer un error una vez, incluso aunque supere a la alternativa humana.

El CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, dijo en el Foro de Davos que la promesa final de la IA en las carreteras “es, literalmente, salvar vidas: este año habrá millones de muertes en la carretera como resultado de errores humanos”. Sin embargo, en el mundo físico la IA tendrá que ser “mucho mejor que una persona, 10 veces mejor, 20 veces”, dice, porque “cuando una máquina comete un error, ¿cómo ve la sociedad ese error y su coste en comparación con los beneficios de la IA?”

“Cada error que cometa la IA se magnificará al máximo, ignorando que los humanos están cometiendo errores aún más grandes e ignorando que los beneficios que obtuvimos hasta ahora han sido enormes”, lamentó el presidente y CEO de Pfizer, Albert Bourla, en la misma mesa de Davos.

La tecnología se encamina hacia un mundo en el que todos podamos decir como Nolan que no usamos el móvil porque tenemos a un ejército de agentes de IA que se ocupan de pasarnos la información por cualquier canal. Pero, para ser realidad, esta promesa necesita algo más complicado que el código y los procesadores gráficos: confianza.

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