Resulta una obviedad decir que vivimos tiempos de cambio. Especialmente en un entorno que nos recuerda con crudeza que estamos atravesando un momento histórico que ha puesto en jaque a toda la humanidad. Las circunstancias exigen que como sociedad hagamos, desde la exigencia y el compromiso, una lectura de futuro, que nos permita avanzar sin tibiezas.

En este contexto donde todo se transforma, es donde las universidades estamos obligadas a liderar una evolución, incluso diría que una revolución, que empieza en el aula. Como instituciones educativas tenemos la exigencia de ser permeables a los cambios sociales, es parte de nuestro ADN, una seña de identidad que nos define y marca el rumbo. Si duda, como universidad debemos estar donde todo sucede, saber escuchar, conocer, absorber e interpretar aquello que nos rodea, más si cabe ahora que todo se avanza a un ritmo vertiginoso.

Bajo esta máxima, la transformación que afecta a la educación superior es una constante. Hace ya mucho tiempo que la universidad ha dejado de ser un fin para convertirse en parte de un viaje con distintas escalas. Los nuevos tiempos nos recuerdan que a lo largo de nuestra vida seguiremos necesitando reciclarnos, aprender, atesorar conocimientos… la formación constante ha venido para quedarse.

«Los nuevos tiempos nos recuerdan que a lo largo de nuestra vida seguiremos necesitando reciclarnos, aprender, atesorar conocimientos… la formación constante ha venido para quedarse»

Hoy en día, en un campus universitario conviven estudiantes con perfiles muy diversos, nativos digitales y profesionales que a lo largo de su vida tendrán más de un trabajo, y quizá, más de una profesión y que necesitarán reciclarse para afrontar esos cambios. Debemos dar respuesta a las necesidades de todos ellos. Hablamos de un viaje de aprendizaje apasionante que nos exige una formación conectada y personalizada para todos. Estamos ante una forma de educar mucho más digital, que responde a un movimiento de la sociedad que ha evolucionado hacia un modelo de «siempre aprendiendo y nunca aprendido». Los límites del aula se han extendido tanto, que nos han exigido salir de nuestro espacio y recorrer nuevos territorios de la mano de la tecnología.

«Los límites del aula se han extendido tanto, que nos han exigido salir de nuestro espacio y recorrer nuevos territorios de la mano de la tecnología»

Sin duda, la universidad debe estar donde está la sociedad y la sociedad está ahora en la digitalización, en las nuevas formas de aprender aceleradas por la pandemia, en las nuevas profesiones, que exigen competencias novedosas, y en una manera de enseñar donde la innovación marca la hoja de ruta. Los docentes lideran la adopción de metodologías innovadoras para sus clases, que se convierten en espacios donde los estudiantes van a aprender a través, por ejemplo, de la inteligencia artificial, la simulación, la gamificación, etc. Hoy en día las lecciones desde el estrado como se venía haciendo desde hace décadas han dado paso a una formación experiencial, muy cercana a la profesión.

Las universidades debemos estar abiertas a la innovación, a la investigación, al pensamiento crítico, al progreso, a la búsqueda de rigor y la excelencia, pero sin olvidar nuestra esencia. Aquella frase de Lampedusa “que todo cambie para que todo siga igual” parece ajustarse sin fisuras a la universidad actual. Debemos ser instituciones pioneras, innovadoras, incluso disruptivas si es preciso, pero sin perder el equilibrio entre nuestra identidad y a lo que aspiramos. Somos instituciones enraizadas en una tradición con valores sólidos y firmes cimientos, que nos permiten descartar las tendencias pasajeras y asumir con convicción los cambios actuales. Parte del reto es actuar con agilidad y eficiencia poniendo el foco en lo importante, evitando los fuegos de artificio y centrándonos en una realidad tangible y clara que exige una formación diferencial, capaz de asumir la responsabilidad que implica.

Tenemos la apasionante labor de acompañar y guiar a nuestros estudiantes en un viaje de conocimiento único. Debemos ser capaces de ofrecerles las herramientas y recursos necesarios para convertirse en grandes profesionales, en individuos comprometidos con su entorno y sensibles a todo aquello que les rodea. Todo un reto que exige dominar el lenguaje actual, asumir que la digitalización es ya parte del camino, en definitiva, entender y comprender que estamos en un fascinante viaje de conocimiento para todos.

Miguel Carmelo, CEO y presidente de la Universidad Europea.

Miguel Carmelo es el CEO y presidente de la Universidad Europea.

Licenciado en Ciencias Económicas y doctor en Investigación y Comercialización de Mercados, desempeña cargos de responsabilidad en el sector privado a nivel internacional desde hace más de 35 años. Cuenta con una trayectoria de más de 20 años en la Universidad Europea, anteriormente fue CEO de Laureate International Universities. Además, es presidente del American Business Council, miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios y patrono de la ONG Save the Children España.