Este mes se cumplen 10 años del estreno del primer capítulo de “Juego de Tronos”. Durante toda una década, fui uno de los que estuvo frente a la pantalla viendo el declive que se producía en la saga (cada vez una serie con menos aristas incómodas, cada vez más guiada por los preceptos de la actualidad).

Empeoró, pero poco me importaba, porque cumplí el abecé del buen seriéfilo al dedillo. Trasnoché para el episodio final, reconozco que vi varias temporadas de forma pirata y me posicioné sin ambages con una de las casas, la Lannister, en mi caso, que era más defectuosa que la de los impolutos Stark.

Pese a todo, y aunque conecté con la serie, nunca lo hice de una manera que me llenase, que me guiase en los años venideros. Para los que frisamos la treintena, un par de años arriba o abajo, la serie que marcó a nuestra generación fue “Lost”. No “Juego de Tronos”. Da igual que fuera mejor o peor; simplemente, no fue nuestro icono generacional.

Quimi y Valle, de “Compañeros”. Los anuncios de Freixenet. “Allá Tú” y su sintonía que decía “Euros, Euros, Dooby Doo”. Los Phoskitos. Munitis, Fran Yeste y Rivaldo. La marca de ropa El Niño. Los caramelos Fini Boom. Las mochilas de ruedas que parecían una cesta de la compra de un anciano. Las mochilas de Quiksilver. Punky Brewster. Carlton Banks bailando “It’s not unsual”. Marta y Marilia. Andy y Lucas. Los Caños. La gala “Inocente, Inocente”. Joseba Beloki y Marta Domínguez. El logo de Teka en la camiseta del Real Madrid. Jesús Gil. “Física o Química”. Fiti, de “Los Serrano”. Estopa. El balón que no salió del campo de Joaquín en el Mundial de Corea y Japón. La lista de Los 40. El Messenger. Tuenti. “Perdidos” y su Proyecto Dharma. Estos fueron los iconos que marcaron a nuestra generación, a la que me da vergüenza ponerle alguno de esos nombres que ahora les damos a los grupos. Si entiendes las referencias y te emocionan, sabes de qué generación hablo.

Es curioso, porque los mitos generacionales no se fundamentan en la calidad, sino en los momentos que nos hacen recordar. Casi siempre situaciones de nuestra niñez o adolescencia. “Allá tú” no era mejor programa que “Ahora caigo”, por poner un ejemplo absurdo. Si me apuras, era igual de malo. Pero, cuando hablamos de “Allá tú”, nos referimos en realidad a la merienda en casa de tus padres tras el entrenamiento de fútbol. Los caramelos Fini Boom eran en verdad el patio del colegio. Con Quimi y Valle descubriste el amor. Con el Messenger creías que lo practicabas. No debería sorprendernos que los mitos se forjen en una edad en la que todo es nuevo, en la que la hoja sigue en blanco. ¿Cuándo empieza a emborronarse? 

Me apena pensar que las cosas me seguirán gustando, pero siempre de una forma más fría, mucho más calculadora. Habrá películas memorables, pero dudo que alguna me marque jamás como lo hizo “Forrest Gump”. Me conquistará racionalmente y me provocará emociones que entenderé, pero creo que no perdurarán. Cuando se estrenó “Juego de Tronos”, ahora hace 10 años, tenía apenas 22 años y terminaba la Universidad. Era 2011, salíamos de una crisis y un año antes se había emitido el último capítulo de “Lost”. Puede que también fuera el último capítulo de toda una generación. Seguramente, el principio de otra.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.