Opinión Salvador Sostres

Un mundo sin René

René Redzepi, chef y fundador de Noma, el influyente restaurante de Copenhague que revolucionó la cocina nórdica y la alta gastronomía mundial.

El chef de Noma ha sido acusado de agredir a sus empleados y yo la verdad es que nunca fui un gran fan de Noma. Me gustaba ir con mis amigos, me gustaba el espacio, la luz, la calidez del trato, pero la obra de René me parecía demasiado presumida y poco interesante.

Pero Noma, al margen de mis prescindibles opiniones, era una máquina de alta precisión, un salto mortal en cada servicio, una tensión al límite para que la obra culmine y satisfaga al cliente y a los mil euros que paga por persona.

Los becarios lo saben y lo supieron cuando estuvieron en Noma. Lo sabían porque se lo habían contado, lo supieron el primer día que lo vieron, y el segundo, y el tercero, y permanecieron porque es lo inteligente y porque por encima de cualquier otra consideración prefirieron aprender. Fue su libre y adulta elección. Esclavitud es cuando te quieres ir y no te dejan. Maltrato es cuando te dicen o hacen algo y en aquel momento denuncias y no vuelves nunca más. Maltrato no es si te quedas porque quieres crecer en la experiencia. Maltrato no es si sabes cómo es una cocina de alta precisión, y un chef que es uno de los más celebrados del mundo, y llevas años aplicando para poder pasar unos meses junto a él y luego ponerlo en un currículo.

Estos becarios son unos oportunistas, unos desagradecidos y unos necios. Si haces una lista de los denunciantes y dejas pasar el tiempo verás que ni uno solo de ellos llegará nunca a nada. Porque no entienden el oficio, porque no entienden la lealtad, porque intentan ganar puntos baratos y los importantes se les escaparon. Esto es lo que han hecho. Conviertes tu vida en un escándalo cuando no puedes convertir tu talento en un éxito.

Los genios gritan, los genios son inestables. Los genios no van al psiquiatra sino a su arte y con él nos curan a todos en nuestra mortalidad y en nuestro atraso. Los genios no tienen que ser educados, ni buenas personas, ni tiene ningún sentido hacerlos vivir sujetos a las normas del tráfico diario. Los genios tienen que ser genios, y si quieres el privilegio, el inmerecido gran premio de trabajar junto a uno de ellos, tienes que afinar tus reflejos suficientes para vampirizar la experiencia sin hacerte daño. Si careces de estos reflejos, probablemente carezcas igualmente de la piel y la luz que hacen falta para entender lo que el genio tratará de explicarte, así que elige bien tus pasos.

Para los demás, el arte y el talento merecen la pena siempre y siempre estamos interesados. Es lo único que nos interesa.Y nos interesa mucho. Y nos interesa apasionadamente. Conocemos el dolor, tantas veces físico, de donde nace la canción. Los que alguna vez hemos escrito o cocinado o compuesto algo valioso sabemos el trozo de vida que, como una prenda, hemos tenido que dejar en ello. No nos gustan los quejicas, los débiles, los que pasan cuentas atrasadas. No nos gustan los que atacan a los genios, los que no los comprenden, los que se pierden en la retórica tan tediosa de las maneras.

Sabemos que vivimos en un mundo bellísimo y terrible, salvaje pero con impagables momentos de civilización, como son algunos restaurantes, hoteles y bares. Sabemos que dependemos de los artesanos como el señor Ivern para llenar el montoncito de cada día, y está bien; pero sabemos todavía más, y más alarmantemente, que dependemos de los genios para dar el siguiente paso, para llevar los límites de la humanidad un poco más allá, para que el que venga a continuación pueda empezar su ascenso desde varios peldaños por encima. Un mundo sin René sería un mundo peor. Y no solo por los hallazgos de su cocina, sino por cómo ha transformado Copenhague, por cómo gracias a él hemos ido a ver una parte del mundo que no conocíamos, y nos hemos adentrado en sabores y texturas que para siempre nos van a acompañar y que sin él tal vez nunca los habríamos aprendido. Un mundo sin René sería un mundo con menos niños que habrían soñado que algún día podrían ser genios ellos también; en un mundo sin René la siniestra maquinaria burocrática y funcionaria habría podido avanzar incluso un poco más, y los que ahora se quejan de él harían bien en recordar que el verdadero maltrato que sufrieron fue la penumbra en la que vivieron antes de fijarse en el gran chef que les permitió proyectar sus vidas sin demasiado sentido y les permitió creerse los protagonistas de un sueño. Lo que ellos hagan con su sueño depende de ellos, pero genios hay pocos y la mano de obra es intercambiable.

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