Una carta de Beethoven de 1823, recientemente descubierta, revelaba la mala salud, así como las dificultades financieras del gran compositor. “Mi bajo salario y mi enfermedad exigen esfuerzos para mejorar mi situación”, escribió Beethoven con 53 años, ya completamente sordo, solicitando ayuda para vender la partitura de la “Misa Solemne”. En 2020, el año del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, el 16 de diciembre de 1770, el mundo sufre también, al igual que el gran genio, dolencias de salud y financieras.

La COVID-19 representa la peor crisis de salud pública y, sin duda, la recesión económica global más profunda de la era moderna. La pandemia ha sacado a la luz vulnerabilidades de los sistemas de salud pública y de las economías de todo el mundo, así como el efecto “alud” que puede causar un trastorno agravado por las próximas crisis climáticas y de impacto en la biodiversidad que seguirán.

Comenzamos 2020 con la esperanza en enfrentar la ‘Década de la acción’ en sostenibilidad y en pleno debate sobre el denominado capitalismo de las partes interesadas (Stakeholder Capitalism). Un debate alimentado por la impresión creciente entre los líderes empresariales de que la ideología predominante de poner a los accionistas por encima de todos los demás, que ha reinado durante los últimos 50 años desde su enunciado en el artículo de Milton Friedman de 1970, necesitaba una actualización seria.

Dicho de otra manera. La desconexión entre el rendimiento financiero y los impactos ambientales y sociales de los últimos años exigía una reinvención del capitalismo. Así lo aventuraban las portadas del verano de 2019 del Financial Times que resaltaban que “Hay que resetear el capitalismo” o del The Economist peguntando por el propósito de las compañías (What are companies for?) haciéndose eco de la declaración de la Business Roundtable americana. También en Europa, el manifiesto firmado por 270 CEO “Hacia una Europa sostenible en 2030” de CSR Europe y Forética marcaba la misma senda.

Toda esta ola de pensamiento convergía en el foro de Davos en enero de 2020 con su lema “Stakeholders para un mundo cohesionado y sostenible” que de alguna manera muestra el arranque simbólico de la nueva etapa del stakeholder capitalism alineado con el Acuerdo de París frente al cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible como piezas sustanciales. De hecho, quedaba reflejado en el Manifiesto de Davos 2020:” El propósito de una empresa es involucrar a todos sus grupos de interés en la creación de valor compartido y sostenido. Al crear dicho valor, una empresa sirve no solo a sus accionistas, sino a todas sus partes interesadas: empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general”.

En los últimos meses, la pandemia ha acelerado esta idea. Cada vez más empresas están encontrando la gran oportunidad de alinear los objetivos de negocio con el planeta y la sociedad. Una comprensión que ahora parte desde el consejo de administración, y se concreta en estrategias, y objetivos de sostenibilidad que se integran en las operaciones diarias. Según el reciente estudio de Forética sobre el ‘futuro de la sostenibilidad’, más del 80% de las empresas encuestadas en España actualizarán la estrategia de sostenibilidad ante la nueva situación post COVID-19 en los próximos meses. Muchas de ellas, si bien ya tenían un fuerte compromiso con la sostenibilidad antes de la crisis, afirman que este se ha visto reforzado como consecuencia de la crisis actual y ha cobrado especial relevancia, tanto a nivel interno de cara a los procesos operativos y gestión de recursos humanos, como a nivel externo frente a los grupos de interés.

Pero el capitalismo de las partes interesadas, aunque avanzando, aún no es plenamente real y todavía necesita de una definición compartida que refuerce sus postulados frente a otras visiones y una hoja de ruta clara para ser la solución. Es cierto que hay señales de progreso que observamos en la relevancia de las consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG en su acrónimo en inglés). De hecho, aspectos que antes eran secundarios para los consejos de administración (cambio climático, biodiversidad, desigualdad, riesgos no financieros) son ahora determinantes fundamentales de la capacidad de las empresas para crear y mantener valor económico.

Para consolidar este avance y acelerar la transición de los modelos de negocio hacia la sostenibilidad, será fundamental que nos apalanquemos en tres elementos clave: 1) Ambición empresarial para la reconstrucción y desarrollo sostenible; 2) Acción marcada en conseguir los objetivos ambiciosos en materia de ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno); y 3) Alianzas, basadas en la colaboración público-privada e internacional.

Estos tres elementos generarán oportunidades únicas para las empresas en este momento para afianzar su liderazgo responsable en la nueva etapa con autenticidad, propósito y ambición. También para mejorar los sistemas de evaluación y gestión de riesgos no financieros que empujen a los consejos de administración a planificar y crear valor en el largo plazo. Por último, serán una oportunidad de innovación para generar nuevos productos y servicios o llegar a nuevos mercados que alineen rentabilidad y propósito.

Una frase célebre de Ludwig van Beethoven puede inspirarnos en su 250 aniversario: “Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa. Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino”. Y ese es el camino. Aumentar la ambición y acelerar la acción son ahora, como han sido siempre, las claves para reiniciarnos, para reconstruir mejor una nueva época.

 Germán Granda, director General de Forética