“Si te levantas por la mañana y te sientes ansioso, creo que está más que justificado”, afirma el presidente de Microsoft, Brad Smith en el Web Summit 2022, el principal evento de la industria digital en Europa, celebrado en Lisboa. Cambio en la cúspide de las preocupaciones de las grandes corporaciones, las startups y los inversores: el cambio climático, omnipresente hasta ahora, cede el puesto principal a la inestabilidad geopolítica, agravada por la guerra de Ucrania y el incremento de las tensiones entre Estados Unidos y China.

La inversión en el sector tecnológico se tambalea, no es tiempo de experimentos, Maëlle Gavet, CEO de Techstars, vaticina, de hecho, un “periodo de consolidación” en el capital riesgo global durante los dos próximos años.

Ni siquiera la Web3 o la inteligencia artificial tienen suficiente efecto arrastre para competir por ese puesto preeminente en el orden de prioridades, aunque han estado presentes en todo el evento. “¿Es sólida la Web3?”, pregunta a Tim Berners-Lee su compañero de aventuras en Inrupt, John Bruce. La respuesta, “no”, retruena apenas unos minutos después de que abandonara el escenario principal uno de los principales defensores de las criptomonedas, Charles Hoskinson, fundador de Cardano, tan propicio como es al discurso incendiario.

Lo único que va a permanecer estable en los tiempos inciertos que se avecinan queda resumido en las palabras de la CEO de ARK Invest, Cathie Wood: “cinco grandes plataformas y 14 tecnologías”, todo lo demás puede variar. De hecho, lo hará de tal modo, en su opinión, que lo único seguro es que entraremos en un “Nuevo Orden”, en el que según ella todo resto de la economía anterior será aniquilada. La expresión tiene visos de convertirse en un lugar común en adelante.

Si acaso la irrupción de Microsoft y Apple en el mercado publicitario mundial, dominado por Meta, Alphabet, Amazon y TikTok (“Twitter apenas representa el 1%”, lo siento Elon Musk), será, a juicio del muy influyente fundador y presidente ejecutivo de S4 y “abuelo de la publicidad”, Sir Martin Sorrell, el único elemento de incertidumbre al respecto de ese predominio de las grandes plataformas.

Compañías que tradicionalmente asignaríamos a la economía física, desde las petroleras Galp y Shell al gigante del transporte marítimo Maersk o el fabricante de equipos Siemens, están reorientando su discurso: también ellas quieren que se las considere como tecnológicas en el Web Summit. Aspiran a ser actores dominantes del software en los nichos de mercado que controlan, eso sí con voluntad de operar con código abierto, de colaborar con las startup.

Preguntado por uno de los asistentes al Web Summit sobre cuáles son las cualidades que pide a los profesionales que tratan de incorporarse a su agencia, la respuesta de Sorrell es contundente: “aprende código y aprende chino”.

Y no porque China siga siendo ese país de moda para el sector tecnológico, habituado a cederle enormes espacios de protagonismo en sus grandes convocatorias globales, sino porque “uno de los grandes asuntos en los próximos meses para los responsables de la toma de decisiones en las grandes empresas será determinar qué deben hacer en China”. En fin, “hemos malinterpretado los objetivos de Putin en Ucrania, y no deberíamos hacer lo mismo con China”.

Las apariciones de directivos del gigante asiático han sido, en efecto, muy puntuales en Lisboa. La más solicitada, ha sido la del CEO de Binance, Changpeng Zhao, aunque su formación universitaria canadiense le sitúa en un punto intermedio. En realidad, podría decirse que el principal referente del país de Xi Jinping, ha sido el vicepresidente ejecutivo de Shein, el gigante de la moda que quiere acabar con el modelo tradicional de venta de ropa, Donald Tang.

Utiliza esa clase de grandes palabras con las que uno quiere dejar claro que todo lo que conoces va a acabar. El sector de la moda se enfrenta a un “trilema”, dice Tang: un gran abanico de opciones, una renovación rápida del catálogo y precios asequibles. “Estamos llevando la cadena del retail del just in time al on demand”.

Shein ha desarrollado un “nuevo sistema operativo” que les permite “escuchar cada uno de los movimientos” de sus clientes y enviar esas señales “directamente a las unidades de la cadena de suministro para predecir y satisfacer sus necesidades”. El inventario no vendido de Shein, sentencia, “está por debajo del 2%”.

On demand y personalización (“micropersonalización” en el caso de la propuesta de Berners-Lee para reinventar el internet al margen de la Web3 utilizando el modelo de Personal Online Datastore, POD, que promueve Inrupt) son el siguiente paso evolutivo de la revolución industrial. Pero ahora ya sí, de verdad, no es un simple claim de marketing, porque las tecnologías necesarias están alcanzando el nivel de madurez suficiente.

El chief technology officer de Siemens, Peter Koerte, cree que el metaverso industrial será clave para que los puntos de fabricación y de prestación de servicios puedan aspirar a ese objetivo de forma rentable y eficiente desde el punto de vista energético. Llegará antes que el metaverso del gran consumo y una de las claves será su democratización, “en el diseño debe poder participar también la gente de marketing o de ventas, deben unir fuerzas”.

El metaverso industrial debe orquestar, en la visión de Siemens, el diseño, la simulación multifísica, la colaboración, el fotorrealismo y el real time, todo ello renderizado con tecnologías similares a las que se usan en los videojuegos en un gemelo digital que pasa a ser “un organismo vivo al que se pueden volcar datos de forma ininterrumpida y que se actualiza constantemente”. Una de las derivadas más interesantes es la capacidad de generar datos sintéticos desde la simulación virtual, con los que se puede crear un data set de un proceso productivo… antes de que este exista.

El Web Summit es un escaparate caótico de propuestas en la que ha brillado este año la diversidad tecnológica y la ausencia de jerarquías claras, salvo la mencionada necesidad de salvaguardarse ante la inestabilidad geopolítica. Como si de John Lennon redivivo se tratara, Rania de Jordania invitaba a pensar en que los cuatro minutos en los que se ha incrementado el consumo diario de internet significan 5.000 millones de días en la red a nivel global.

Imagina, entre otros imagine de Rania de Jordania en Lisboa, “un futuro no determinado por la tecnología, sino por los otros”, en el que afrontar tragedias como los desplazados por la guerra de Ucrania, “no sea un tema de algoritmos”.

Apenas unos pabellones más allá, dos chavales que es difícil situar por encima de la veintena, la americana Clara Sejour y el canadiense Alexander Yevchenko, exponían en nombre de la Knowdlege Society, las posibilidades que abre la inteligencia artificial para la creación de imágenes y vídeos. Hablaban con una solvencia deslumbrante para su edad sobre el uso de ondas cerebrales para que el sistema “sepa como te sientes” y adapte a tu estado de ánimo sus creaciones.

Poco antes, una de las grandes autoridades mundiales en inteligencia artificial, DeepMind, a través de su chief business officer, Colin Murdoch, había mostrado la increíble capacidad de acción en el ámbito de los aminoácidos y había presentado sus credenciales para hacer posible la fusión nuclear (¿el mayor compromiso tecnológico, si se consigue, del Web Summit?, sin duda).

“Los científicos tratan de recrear esas miniestrellas, pero las temperaturas son más altas que las del corazón del sol, de modo que son muy inestables”, explica Murdoch, Deepmind quiere “controlar con inteligencia artificial el plasma en el núcleo de la fusión”. No hay forma más bella de explicar lo cerca que estamos del sueño de Dédalo, Ícaro no debe caer ahora.