Nacida en 1970 de la mano de los coleccionistas Balz Hilt, Trudi Bruckner y Ernst Beyeler. Los tres aprovecharon la situación geográfica de Basilea ente las fronteras suizas, francesas y alemanas, junto a la gran crisis del petróleo de Estados Unidos en ese momento para atraer a galerías y coleccionistas internacionales.

El mayor atractivo de la feria radica en su capacidad para aglutinar en un solo espacio y durante unos pocos días las mejores obras de arte y a todos los agentes del circuito artístico. Una fina línea entre la cultura y el mercado.

Se trata de un gran gathering internacional donde durante una semana se dan cita los coleccionistas más potentes del mundo y todos los agentes implicados en el mundo del arte (artistas, galeristas, coleccionistas, especuladores, público). Especialmente de lunes a miércoles, que son los días que no está abierta al público general.  

La feria con más de 200 expositores de todos los continentes se divide en tres plantas. 

La planta baja te recibe con obras de grandes maestros que bien podrían estar en un museo: Picasso, Fontana, Warhol… abrumador. Las galerías como Aquavella, Mariane Goodman, Lelong o Hauser and Wirth dan el do de pecho exponiendo las mejores piezas que disponen. Precios desorbitados y la máxima exclusividad. Por ahí he visto pasear al mega colector y propietario del Pérez Museum de Miami, Jorge Pérez, acompañado de su inseparable asesora o al también coleccionista de Miami, Martin Margulies. En cuanto a los españoles no se pierden ni una edición Paloma Botín o Javier y Lorena Lumbreras de la colección Adrastus que me confesaron “Nos ha gustado muchísimo la feria. Obras de altísimo nivel en la planta baja y muy buenas pese a que no han arriesgado mucho en la planta primera. Nos han gustado mucho: una pieza de Jimmy Durhamn en la galería Kurimanzuto, otra de Kaspar Müller en Societé y una maravillosa fuente de Laure Prouvost.”

La planta superior con obras de artistas vivos en general y podemos decir que es la planta más “asequible” pese a que las obras van de los 20.000 € a más de un millón en galerías como Regen Projects, 303 Gallery, OMR, Pilar Corrías, Esther Schipper entre otras.

Escasa pero buena representación en ambas plantas de artistas españoles como Juan Muñoz, Ignasi Aballí, Miquel Barceló, Juan Uslé, la jovencísima Cristina BanBan o Luis Gordillo, entre otros. Este último representado por la galería alemana Carlier Gebauer que de la mano de Victoria Solano está haciendo una magnífica tarea en posicionar internacionalmente al maestro, donde se merece. Si Gordillo fuera de otro país estarían sus obras valoradas muy probablemente en más de medio millón… Pero ese es otro tema, del que ya hablaremos.

Y en cuanto a las galerías españolas, repiten, un año más, las grandes damas del arte: Elvira González, Elba Benítez, Juana de Aizpuru y Travesía Cuatro.

En la última planta se encuentra la Sala Vip, que es la antítesis de lo glamuroso, porque hay unas colas de 45 minutos para poder comprar un champagne por unos ridiculos 26 francos suizos (35 € la copa, casi lo que cuesta media botella). Es fascinante ver a todas estas personalidades esperando religiosamente sin quejarse. Parece que ArtBasel es una cura de humildad para muchos. Aunque, por otro lado, también esa espera es un buen momento para intercambiar opiniones con otras personas o conocer a artistas que también pasean por la feria como el joven artista digital Refik Anadol, o el maestro de la luz Olafur Eliasson.

Paralelamente a la feria se encuentra la gran sala expositiva de Unlimited, el lugar donde se presentan los proyectos a gran escala de una selección de artistas. Este año comisariada por Giovanni Carmine se han presentado 70 obras de artistas tan conocidos como Pistoletto, Keith Haring,  Kennedy Yanko, Theaster Gates, Francis Alÿs, Jenny Holzer, Rebecca Horn, Martha Rosler, Marianna Simnett, Wolfgang Tillmans… 

Una muestra ecléctica, con más instalaciones que pintura, comparado con el año pasado, que según el comisario representa de la era tan contradictoria en la que vivimos. Personalmente, la instalación de Leonardo Drew, un joven artista afroamericano residente en Brooklyn, ha sido mi favorita. Sin duda hay que seguir la pista a este artista.

Pero la oferta artística no acaba aquí, imposible perderse la magnífica exposición El Greco-Picasso en el Kunstmuseum, comisariada por una de las más grandes personalidades del arte español, Carmen Giménez, que nos hace partícipes de la intensa admiración de Picasso hacia el artista griego afincado en Toledo. Una pena que no se haya hecho en España, teniendo en cuenta que la mitad de los fondos son patrios. 

El Museo Beyeler, que es en sí mismo una joya de la arquitectura por Renzo Piano, tampoco se queda atrás con una retrospectiva de Mondrian. Un recorrido por sus obras dispuestas históricamente, permitiéndonos ver la evolución del artista desde sus primeras pinturas figurativas, pasando por el cubismo y terminando en sus conocidas obras minimalistas geométricas con colores primarios. 

Además de todo esto, los coleccionistas tienen eventos, cenas, fiestas todas las noches organizadas por las grandes galerías o marcas patrocinadoras. Unos días agotadores a la per que muy divertidos para todos.

A los que les quedan fuerzas después de un día tan intenso acaban sin otra opción en el Hotel Le Trois Rois disfrutando de un Basil Smash (un cóctel con ginebra y albahaca que preparan allí deliciosamente). El bar del hotel se convierte en el lugar de encuentro y donde compartir con sus iguales sus últimas adquisiciones. No es difícil ver a Simon de Pury, el famoso subastero o al crítico y comisario Hans Ulrich Obrist.

Yo ya no puedo esperar a la siguiente gran feria que será la primera edición de Art Basel París en octubre. ¿Os apuntáis?