No sé por qué me gustan tanto las tramas secundarias. Incluso, los actores secundarios, los Ed Harris de todas las disciplinas. Disfrutaba como nadie con David Ferrer en la época de esplendor de Rafa Nadal, me parecía mucho más interesante Cali que Medellín en la serie Narcos y, en general, todas aquellas historias a la sombra de la principal me hacen disfrutar como a un político una portada. Pero nada como Tom y Greg, de la fabulosa Succession. De cara a que quienes no hayan visto esta serie no abandonen este texto, no me centraré demasiado en esta extraña pareja, sino en una conversación que mantienen en un capítulo de la actual temporada que me recordó lo importante que es comprobar por uno mismo las cosas.

La anécdota se resume fácil, dado que a muchos os resultará familiar. Greg quiere ligar con una chica y pregunta al irónico Tom si cree que tiene opciones; Tom se ríe de él, literalmente, y le dice que está seguro de que no, que la aludida pensará que no es suficiente para ella. La clave de la historia está en que, en vez de cohibirse y ni siquiera intentarlo, Greg desoye a su compañero, se lanza y pregunta directamente, obteniendo un sí por respuesta. Esto es todo lo que hablaré de la serie, por si todavía sigues ahí. Lo que queda plasmado es el aprendizaje: todo será una incógnita hasta que lo preguntes.

A lo largo de mi carrera, uno de los mayores frenos que me he topado es el de tratar de adivinar lo que el otro pensará. Pasamos horas y horas elucubrando sobre lo que aquellos que nos tienen que aprobar los proyectos creerán sobre lo que les queremos mostrar, escuchando a quienes nos dicen lo que “en realidad” quiere el filtro decisor. Al final, terminamos cambiándolo todo no en base a lo que queríamos o considerábamos que debíamos hacer, sino a la expectativa sobre lo que el aprobador nos dirá. Las consecuencias de esto son nefastas, porque ya no buscamos la excelencia, sino un proyecto que pueda ser aprobado. El examen final ya no es la aceptación del consumidor, sino que internamente termine pasando la prueba.

Tendemos a dramatizar el impacto que tiene un no en nuestro día a día o en nuestras carreras. ¿Qué pasaría si a Greg esa chica le hubiera dicho que no? Realmente, nada más allá del mal trago del momento. ¿Qué sucede si nos dicen que no a lo que consideramos que es una idea brillante? Más allá del enfado inicial y de pensar que el aprobador está equivocado, tampoco nada grave. Quizá la clave esté en cambiar el enfoque y pensar desde el sí. ¿Qué ocurre si nos dicen que sí a una idea modificada hasta perder su esencia para que pueda ser aprobada? Que la haremos, pero ya habrá dejado de hacernos sentir orgullosos. ¿Qué pasa si nos dicen que sí a aquello en lo que creíamos a ciegas? Que todo es posible. Como que el gigantón Greg ligase aquella noche. Al final, será verdad aquello de que lo peor que te puedes llevar es un no.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.