Es lunes y en la capital de Europa llueve. La proyección del vídeo en la que aparece su padre le rompe el lagrimal. Su pareja, la actriz y productora María Bello, bellísima, la da la mano.

¿Es María Bello, la misma que salé en el Bar Coyote?, me pregunta Daniel Entrialgo recién llegado de un viaje a Budapest para promocionar su libro sobre Puskas. Es la misma. Bello, con una camisa de encaje negro muy sexy y Crenn, como una Chrissie Hynde con americana de Gucci, son una de las parejas homosexuales más influyentes del planeta gastro. Creen, embajadora del Basque Culinary Center, mucho más que una chef, un referente mundial. Cuando llamé a José Andrés para preguntarle por su candidatura no dudó ni un minuto: adelante.

“¿Cómo os enamorasteis?”, pregunto con pillería al tenerlas sentadas a mi lado en el Salón Principal del Casino de Madrid. “Un amigo quería ir a cenar a su restaurante en San Francisco y me animó a enviarla un mensaje directo por Instagram para ver si nos daba mesa. Yo no sabía como hacerlo, pero alguien me lo escribió y Dominique me contestó: ¡Venid a cenar!”, me cuenta Bello. “Soy de las que me siento en la mesa con los comensales… Pasaron algunas semanas y coincidimos en Los Ángeles”, responde Dominique que prepara su salto europeo con apertura de restaurante en París.

Las miradas se entrecruzan con el brillo del sol que acaba de despertarse. “Volvimos a encontrarnos y me dijo que se estaba enamorando de mí y yo le dije que también sentía algo. Le conté rápido que acababan de diagnosticarme cancer y María me contestó: “Let’s do cancer”, y aquí estamos celebrando lo bonita que está Madrid”.

Dominique vive en Los Ángeles con Bello, más arriba de Mulholland Drive, tiene mellizas de 7 años de su pareja anterior y Maria un hombretón de veintitantos. Viaja de martes a sábado a San Francisco donde ha dado de comer a las mentes más privilegiadas de Silicon Valley. Los fines de semana no abre porque quiere descansar con María. Se quieren mucho. Tengo una especial habilidad para percibir el amor cuando lo tengo cerca. La mesa está llena de energía. Ellas también lo notan.

Andrea, la pareja de Quique Dacosta y Quique, el cocinero y emprendedor, que será el anfitrión de la entrega de la próxima gala Michelin en Valencia, contagian buen rollo. A su lado el asturiano Nacho Manzano, Casa Marcial que ha venido solo a recoger el Premio Nacional de Gastronomía 2021 al mejor Jefe de Cocina. Desde el estrado le pido a Nacho que nos reserve a todos los que estamos, a los 170 invitados, que queremos ir a comer a su casa. Se parte de risa y se lleva un buen aplauso. Me emociona que en la misma mesa cenen la mejor cocinera del año y el mejor cocinero español del año. “La gastronomía es un lenguaje”, me cuenta Dominique en inglés. 

No hay maestro de ceremonias como Boris que ejerció saltándose el guión cuando el guión lo exige, con pajarita y camisa de Pedro del Hierro. Maestro porque su oficio desde que se bajase los pantalones en Crónicas Marcianas hasta hoy ha mejorado en matices y dicción. Su ceremonial es estar erguido. Boris va por derecho. Muy derecho. Por la natación que practica.

La cena fue, como todas, de pares y nones. La pareja de la noche fue Martin Varsavsky (61) y Nina Weigand, su esposa. Varsavsky, bigote argentino, casual en su vestimenta no va a nada por la noche y se lo pensó hasta el último minuto. ¿Durarán mucho los discursos? Victor Manuel y Ana Belén compartieron mesa con el inversor. Al escaparatista gallego Rubén Nogueira, esposo de Boris, lo puse en otra mesa al lado del inversor Julio Iranzo (Avellaneda). Toño y José Polo, los Reyes Católicos de Atrio, que esta semana acogerán la cena previa al Forbes Summit Extremeño también cenaron separados.

Horas antes Dominique y Quique nos habían dado de cenar el domingo a ocho estómagos sin piedad: Risto Mejide, Sandra Barneda, Presidente de HAVAS Alfonso Rodés, Vicente Dalmau Cebrián -que nos regó con el mejor vino del mundo según la Wine Spectator de Marvin Shanken, el Castillo de Ygay 2010-, el financiero Alejandro Alcaraz, Maria Bello, Ignacio Quintana y el diseñador Jaime Hayón. 

Pareja de papeo, que no sentimental, acudieron muchas: Marta Flinch sin Edu Galán que andaba de bolos fue acompañada de Verónica Fumanal. Samantha Hudson, la más punk del photocall, siempre escoltada de Gema del Valle me dijo: “Espero no arruinarte la cena”. El pamplonica Mikel Urmeneta, siempre de negro milanés, y el talentoso Carlos Irijalba recién llegado de Nueva York llegaron juntos. Las parejas de oficio José Luis Moro -nada que ver con Monica Moro, nueva presidenta del Club de Creativos que se acercó a Crenn para decirle que su hija quiere ser “o chef o inspector de la Michelin”- y su socio Paco Torreblanca.

Magda “Masterchef” Castañón que fue de pareja con todos porque todos la quieren. Masterchef le debe buena parte de su éxito a la sonrisa de Castañón. Los agitadores digitales ByCalitos y Nil Ojeda que rejuvenecieron la cena, y se tomaron unos vinos con la exuberancia de la Mala Rodríguez. 

Hubo mas nones que pares por eso de invitar a más gente y porque todos querían besar a Dominique. Desparejado vino Iñigo Onieva, sin Tamara -Queen of Media-, ya como nuevo Director de Desarrollo de Negocio de Mabel Capital (el brazo inversor de Abel Matutes y Manuel Campos). 

El chef Raul Baläm, hijo de Carme Ruscalleda que tan bien lo está haciendo en el Mandarín Barcelona; el premio nacional de baile flamenco Marco Flores; Miguel “La Despensa” Olivares; Jorge Blass -“Andrés la noche ha sido mágica”- ; Miguel “Roto” recién aterrizado desde Ibiza y con planes de nuevos locales; Yong Wu-atentos a este cocinero y su propuesta en Ikigai-; Ricardo “Kabuki” Sanz con todos sus locales abiertos. Andrés Lima, Premio Nacional de Teatro, camina mejor de la gota y me da las gracias por la invitación “cómo no iba a venir a comer… con el menú que prometes”. Lima se sienta al lado de Manolo Solo, el tímido mejor actor del momento.

Una vez lamidas las lágrimas Dominique subió al escenario como si fuese Mick Jagger me dio un abrazo de esos que se dan cuando primero se es persona y luego cocinera, o periodista o editor o trovero, y nos bebimos los vinazos de Remírez de Genuza que José Ramón Urtasun descorchó para brindar por la vida y por la influencia de la revista TAPAS.  

Y el resto se lo imaginan: selfies, cambio de móviles, citas en los próximos días, estilismos guays e invitaciones para visitar su restaurante en San Francisco -ojo, no abre los fines de semana- y la confesión de que esta cocinera que nunca estudió el primer libro de cocina que compró fue de San Francisco. La fotografía en la que Quique, que estaba en San Francisco el primer día en que Crenn recibió una sesión de quimioterapia, pueden encontrarla en su Instagram. Es un documento de fuerza vital.

Desde entonces son compinches, pinches de cocina en esta crónica nebulosa en una semana en la que también comí con otra gran dama, no de los fogones sino de las finanzas en España, de testigos dos cuadros cuadrados de Miquel Barceló, una patera senegalesa y la vista cenital de una plaza de toros de esas que estamos deseando ver llenas.