El dinero tan barato siempre es atractivo para las empresas. Y, en este caso en particular, también para los inversores. Es más, la emisión tuvo tanto éxito que Amazon ha conseguido para esta emisión el spread más bajo sobre los bonos del tesoro del país en los tramos a 2 y a 20 años de esta emisión. El spread, es el diferencial de la rentabilidad entre los bonos soberanos estadounidenses y el bono del mismo vencimiento.

Teniendo en cuenta que el bono del tesoro estadounidense es considerado como el activo refugio más universal, es decir, que son los títulos que protegen el capital en los inversores ya que es prácticamente imposible el default de EE UU, que los inversores estén dispuestos a pagar muy poco más por una emisión de deuda de una empresa significa que lo aprecian como un activo que prácticamente carece de riesgo. Y esto no es sólo importante por los bajos cupones que se han pagado, sino por el apetito que despertó. La demanda excedió a la oferta en unos 50.000 millones de dólares. Desde luego parece que Amazon dio en el clavo con esta emisión.

Mayo, mercados complicados

Amazon ha elegido para poner en marcha esta gran emisión de bonos mayo, un mes en el que los mercados suelen ser muy complicados para los inversores. Esto es así porque los emisores de bonos aprovechan una ventana de oportunidad tras la temporada de resultados empresariales del primer trimestre y antes de la típica calma veraniega. Esto suele traducirse en una gran oferta a finales de abril y principios de mayo, de ahí el viejo adagio de los operadores de “vender en mayo y marcharse”.

En el último año, las compañías que han pedido prestado dinero se han beneficiado de un contexto extremadamente favorable que ha sacado rápidamente a la economía de la recesión y la ha llevado a una fase de mercado alcista. Todo esto ha dado lugar a una fuerte demanda de los inversores que ha hecho que los diferenciales de crédito, los spreads, sean más estrechos. Esto ha creado una situación en la que el rendimiento de este tipo de activo se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso. Para los inversores, estas condiciones pueden suponer un reto. Si pensamos que una gama cada vez más amplia de inversores tiene un acceso cada vez más fácil a los mercados en los que operan estos emisores, es también sencillo imaginar, que situaciones como la actual hacen que los compradores deban ser cada vez más exigentes con su participación en las operaciones si desean evitar posibles malos resultados en el futuro.

Amazon, en el punto de mira

Esta razón ha provocado que la enorme emisión de deuda de Amazon nos haya llamado tanto la atención. No creemos haber sido los únicos, sino que pensamos que puede haber sido una sorpresa para muchos, dado que la empresa ha publicado recientemente unos resultados del primer trimestre con unas cifras más que sólidas que desde luego no mostraban necesidades de financiación extra. En concreto, ha sorprendido al publicar que el flujo de caja operativo de la compañía en los últimos doce meses ascendió a 67.200 millones de dólares y que en el primer trimestre esa cifra fue de 4.200 millones de dólares. La pregunta más obvia es: ¿Por qué una empresa con tanta liquidez en su balance decide emitir 18.500 millones de dólares de deuda?

Dinero destinado a fines corporativos generales

El gigante estadounidense de comercio electrónico señalaba que el dinero obtenido con esta operación se destinaría para fines corporativos generales (adquisiciones oportunistas, capital de trabajo, etc.), el reembolso de la deuda existente y la recompra de acciones ordinarias. Si se observa el precio final, parece que se trata de una operación muy oportunista para el emisor, a niveles que raramente están disponibles para las empresas, incluso para las más importantes como Amazon. El acuerdo de ocho tramos osciló entre un bono de 1.000 millones de dólares a dos años con un precio notable de T+10 puntos básicos, hasta un acuerdo de 1.750 millones de dólares a 40 años con un precio de T+95 puntos básicos. 

Amazon ha tenido un éxito increíble y, en mi opinión, justifica su sólida calificación de A1/AA- en todas las métricas crediticias. Sin embargo, pondría en duda a cualquier inversor que pretenda tener la previsión de evaluar un crédito corporativo a 40 años vista con menos del 1% de margen de crédito por encima del tipo libre de riesgo, y también cuestionaría la lógica de invertir en un bono corporativo a dos años cuando por sólo 10 pb menos se podría comprar el equivalente del Tesoro de EEUU, con toda la liquidez adicional que este último suele proporcionar. No es difícil imaginar que, en algún momento de los próximos dos a 40 años, sea posible adquirir estos bonos a niveles más baratos.

** Gary Kirk, Socio de Gestión de Carteras de TwentyFour AM.