Opinión Salvador Sostres

Dean Shury, autor de 14 De la Rosa

Cócteles de tonos cálidos, hielo y botánicos, servidos en un ambiente elegante y relajado. Foto: Unsplash.

14 De la Rosa es una coctelería de un inglés brillante, elegante, sofisticado y que un día sin saber muy bien por qué se fue a vivir al barrio de Gracia y en los bajos del inmueble en el que vivía fundó una de las coctelerías más importantes de la ciudad. Por su finura en los cócteles, tanto en la interpretación de los clásicos como en los creados por la casa, y por una clase casi extinguida en Barcelona a la hora de presentarlos y de servirlos, Dean Shury is really something, como se diría en su idioma.

Hay algo previo a la explicación del bar y es que las dos o tres veces que yo últimamente había ido, fui atendido por jóvenes y apuestos barmans italianos, sobre todo de Nápoles, aunque no exclusivamente, que fueron muy amables y prepararon unos cócteles fantásticos. Tanto chicos como chicas. Muy bien.

En mi última visita, siempre en la barra, me sirvió un hombre más entrado en años, muy bien presentado pero con el pelo no tan calculadamente peinado como los chicos de las primeras veces, que también estaban. Y sólo por cómo se movía, más suave, menos rígido, con más dulzura y menos academia, rápidamente me di cuenta de que era el dueño. También por la actitud de sus trabajadores, más pendientes de todo, y que desde luego no iban a la esquina de la barra a hablar entre ellos como hacen, especialmente las chicas, cuando hay pocos clientes.

Hay algo que el dueño le da al local y que no le da nadie más. Podemos tener trabajadores, encargados, y que sean buenos e incluso muy buenos como sucede en esta estupenda coctelería. Pero cuando el dueño está, todo se tensa y el local tiene otro aire. Para empezar, el aire acondicionado, que con Dean estaba a la temperatura adecuada y funcionaba en plenitud, no como cuando están las chicas al mando, que lo ponen a la mitad por sus extraños prejuicios sobre el frío o la diferencia térmica entre fuera y dentro. Luego, la velocidad a la que los cócteles eran servidos. Sin vacilación, sin pausa, sin pérdidas innecesarias de tiempo. Un dueño, y más en un negocio tan personal y tan pequeño, lo es todo, y ahora que lo hemos conocido, siempre añoraremos a Dean en su ausencia.

14 De la Rosa tiene una carta breve pero muy bien definida. La primera alegría es que recupera el Bamboo, un clasico largamente olvidado, y la segunda es una muy brillante reinterpretación de la margarita, llamada Infante y que tiene como elemento novedoso un sirope de almendra preparado en la misma coctelería. La versión del Gimlet es tan sorprendente que prefiero no revelar el secreto porque todo el mundo merece tener la sorpresa de probarlo por primera vez sin saber a qué atenerse.

El local es coquetín, está limpio, los baños son suficientes. El aire acondicionado, incluso cuando está Dean, es mejorable, y más si todos los veranos van a ser como éste. No podemos vivir de espaldas al hecho de que beber con calor es insoportable y que el frío no sólo es una temperatura sino una forma de ser educado con tus clientes.

14 De la Rosa abre a las 18:00 y cierra los domingos.

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