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La IA está enseñando a los científicos a descifrar el «lenguaje» de las ballenas

La iniciativa CETI ha identificado 156 codas, el posible «alfabeto» de estos cetáceos, y despliega gliders autónomos frente a Dominica para escucharlos bajo el agua.

Cachalotes en el océano. FOTO Chinh Le Duc en Unsplash

Se llama Project CETI (Cetacean Translation Initiative) y pretende descifrar cómo se comunican los cachalotes. Fundada en 2020 como organización sin ánimo de lucro, la iniciativa reúne a ocho instituciones y a unos 50 científicos de inteligencia artificial, lingüística, criptografía, biología marina y robótica. Su campo de trabajo son las aguas de Dominica, en el Caribe.

Han descubierto que los cachalotes se comunican mediante series de clics breves llamadas codas, que al oído humano suenan como un código morse. Tras analizar casi 9.000 grabaciones, los investigadores han identificado 156 codas distintas, secuencias de entre 3 y 40 clics que se consideran los bloques básicos de su lenguaje. Pequeñas variaciones en esos patrones podrían transmitir información diferente.

El equipo ha ampliado su análisis a otras especies. En la primavera de 2026 publicó el estudio de 61 horas de grabaciones de orcas, en las que identificó sonidos equivalentes a «vocales» y «consonantes».

Un estudio publicado en la revista Proceedings B, liderado por el lingüista Gašper Beguš (Universidad de California en Berkeley), va más allá. Según el trabajo, los cachalotes distinguen vocales mediante clics cortos o alargados y tonos ascendentes o descendentes, con patrones similares a los de lenguas como el mandarín, el latín o el esloveno. Los autores hablan de «paralelismos cercanos» con la fonética y la fonología humanas, si bien estas interpretaciones aún pueden ser objeto de debate.

El reto de escuchar en las profundidades

«Ya tenemos nuestros primeros modelos de lenguaje para cachalotes», explica David Gruber, fundador de Project CETI. De momento hacen tareas muy sencillas, como predecir el comportamiento de buceo.

Registrar a un animal que bucea a más de una milla (unos 1,6 kilómetros) de profundidad es un reto técnico. De cada hora, los cachalotes pasan unos 50 minutos sumergidos y solo unos 10 en superficie, y es cerca de la superficie donde «charlan», con las cabezas muy juntas.

Para capturar esas conversaciones, ingenieros de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson de Harvard (SEAS) desarrollaron un bioregistrador que se coloca con drones sobre el lomo del animal mediante ventosas inspiradas en la anatomía de los peces ventosa. Incorpora tres hidrófonos sincronizados, GPS y sensores de profundidad, temperatura, luz y movimiento, funciona hasta 16 horas y permite distinguir qué ballena emite cada sonido. Su diseño, publicado en PLOS One, es de código abierto.

Gliders que siguen a las ballenas

La última incorporación son una especie de drones náuticos: los gliders (planeadores submarinos) autónomos, desarrollados con la empresa francesa Alseamar. Se desplazan variando su flotabilidad, con muy poco consumo y un movimiento silencioso que no molesta a los animales. Según Roee Diamant, responsable de acústica submarina del proyecto, cada pocas horas emergen para informar vía satélite.

El equipo ha instalado en el frontal del aparato cuatro conjuntos de micrófonos tetraédricos que permiten calcular la dirección de los sonidos. Un sistema propio, el Backseat Driver, interpreta las vocalizaciones y ordena al glider seguir a los cachalotes sin intervención humana. El proyecto puede oír a los animales desde unos 12 kilómetros, según el tipo de vocalización.

Tras las primeras pruebas en el sur de Francia, con señales emitidas desde barcos, el equipo ha desplegado el aparato en Dominica, con una misión de más de una semana. Durante ese tiempo captó sonidos de cachalotes el 40% del tiempo sumergido. Project CETI dispone ya de dos gliders y aspira a misiones de meses.

La asombrosa cooperación entre cachalotes, ¿fruto del lenguaje?

Gruber explica que se eligió a esta especie por tener el cerebro más grande del reino animal, vivir en grupos matrilineales de por vida y emitir señales fáciles de procesar para las máquinas. El proyecto cuenta además con dos décadas de datos del Dominica Sperm Whale Project. Entre sus logros figura haber registrado el nacimiento de una cría con apoyo de otros miembros del grupo, algo que no se había documentado antes fuera de primates y humanos.

El equipo calcula que en cinco años podría comprender 20 expresiones vocales relacionadas con acciones como bucear o dormir. Gruber compara el estado actual con el de un niño de uno o dos años y confía en alcanzar el nivel de uno de cinco. Descifrar el lenguaje completo, reconoce, es un objetivo a más largo plazo.

El proyecto subraya los límites éticos de su trabajo. Escuchar no debe convertirse en un mecanismo de control, y los intereses de los animales deben primar sobre los humanos. Es especialmente importante con una especie de la que quedan unos 200.000 ejemplares, frente a los aproximadamente 1,2 millones anteriores a la caza industrial.

El director del proyecto defiende además un uso positivo de la tecnología. «Esto democratiza y abre el campo de la ciencia marina», afirma sobre el código abierto del bioregistrador. A largo plazo, entender a los cetáceos podría incluso servir de base para darles voz en el ámbito legal.

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