Es probable que tengas al menos una prenda de vestir fabricada con un tejido que el fabricante original destinó a las fundas de inodoros. Suave, acogedor y, en un principio destinado a los montañistas, hablamos del famoso forro polar.

El polar -hecho de hilos sintéticos- fue introducido en el mercado de la moda a finales de los años 70 por la marca de equipamiento de montaña Patagonia.

El fundador de la empresa, Yvon Chouinard, se dio cuenta de que la lana era incómoda para los escaladores porque, al mojarse pesaba. De esta forma se puso a buscar una alternativa ligera que repeliera el agua y mantuviera sus propiedades térmicas.

Fruto de una casualidad

Para hablar de la historia de Patagonia hay que remontarse a 1976, tres años antes de la fundación de la empresa.

La mujer de Yvon, Malinda, se topó en California con un vendedor de Malden Mills, una empresa familiar que acababa de salir de la quiebra tras el colapso del mercado de las pieles falsas y que se mantenía a flote con la fabricación de un tejido suave para la ropa de los niños.

Malden Mills empezó en 1906 en Malden (Massachusetts) y fue fundada por el inmigrante judío húngaro Henry Feuerstein. Sus inicios se remontan a la venta de telas en un carrito en Nueva York. En 1956, el negocio lo dirigía su nieto, Aaron, y lo trasladó a 50 km al norte de Boston, donde la empresa se convirtió en el mayor de la ciudad.

Sin embargo, el comercio textil ya estaba en declive: las fábricas de México y Asia tenían costes de explotación más bajos y fueron expulsando lentamente del negocio a la mayoría de los fabricantes textiles de Nueva Inglaterra. Pero Malden siguió, contra viento y marea.

Inicios en 1977

El vendedor le entregó a Malinda un rollo de tela rígida y nudosa que la empresa vendía en pequeños lotes a los fabricantes de accesorios de baño que llamó su atención.

Ese hallazgo fortuito de Malinda Chouinard lo cambió todo. Pero no al principio. Patagonia era una empresa joven que carecía de los recursos para encargar a Malden Mills una producción industrial de rollos de tela.

A pesar de la escasa cantidad que el matrimonio pudo encargar, tuvo un gran éxito entre los clientes. Excursionistas, escaladores y kayakistas se mostraron muy satisfechos con esos tejidos ligeros de alto rendimiento que se mantenían calientes cuando se mojaban pero que, a diferencia de la lana, no se hinchaban con la humedad.

En 1977, un año después de ese repentino encuentro, las ventas de Patagonia habían crecido un 50%.

Su producto estrella llegó en 1981: una versión del vellón que no se apelmazara. Fue comercializado inicialmente con el nombre de Synchilla y generó un éxito inmediato.

El  nuevo miembro del catálogo, impulsó a Patagonia a la cabeza del creciente negocio de las actividades al aire libre, con ropa de montaña que ahora se vendía a todo el mundo.

Las adversidades de Malden Mills

La confección del polar fue la creación de Feuerstein: su negocio, ahora con un producto patentado, nunca había tenido tanto éxito.

Patagonia tenía los derechos del nombre Synchilla (llamado así porque simulaba el suave pelaje de la chinchilla), pero no de la tecnología del tejido, desarrollada conjuntamente con los técnicos de Feuerstein.

Malden Mills comercializó su versión del nuevo tejido como PolarFleece, PolarPlus y otros con “Polar” como prefijo. Simplificado en 1991 con la adopción del nombre general Polartec, la parte frontal del negocio de consumo pasó a llamarse igual.

Dos años después, el negocio se esfumó casi por completo. El 11 de diciembre de 1995, una caldera explotó en la fábrica de Lawrence cuyas consecuencias fueron la destrucción de algunas plantas de la fábrica.

No acabó todo lo mal que podría pues la nave no quedó destruida del todo y las actividades pudieron continuar su curso. Así, la fábrica totalmente reconstruida abrió 21 meses después de que el incendio casi la consumiera.

Aunque la fabricación del polar de marca era rentable, otras partes del negocio de Polartec no lo eran. Las discrepancias en torno a cómo abordar las adversidades generaron brechas internas dentro de la empresa.

Al final, los principales accionistas abandonaron el barco o fueron despedidos. En 2001, Malsen Mills se declaró en banca rota y Feuerstein fue destituido.

Reestructuración en la empresa

Tras una reestructuración en 2003 y la absorción de una subvención del gobierno, la empresa volvió a resurgir: la fabricación continuó y las ventas mejoraron. Sin embargo, no lo suficiente como para evitar que la empresa volviera a solicitar la protección por quiebra en enero de 2007.

Al mes siguiente, el grupo de capital privado con sede en Filadelfia Chrysalis Capital Partners (ahora conocido como Versa Capital Management) compró los activos de Malden Mills por 44 millones de dólares.

Polartec continuó durante otros 12 años bajo la nueva gestión antes de ser vendida a Milliken & Company de Spartanburg, Carolina del Sur en 2019.

Milliken –fundada en 1865– ha sido clasificada como una de las mejores empresas medianas de Estados Unidos por Forbes. Pero lo más importante es que conocía el negocio de los tejidos: fue una de las empresas a las que Polartec recurrió para externalizar la producción tras el incendio de la fábrica de Lawrence.

Nuevos objetivos

La empresa fabrica ahora numerosos tejidos de alto rendimiento, no sólo polares. Polartec Alpha fue el resultado de una colaboración con las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. Colaboración que ahora forma parte de la categoría de aislamiento activo.

Otra de las innovaciones de la empresa es el Polartec Power Air, fabricado con fibras plegadas sobre sí mismas. De esta forma se crea un tejido que desprende muchas menos microfibras con los lavados en comparación con otros tejidos sintéticos.

Polartec también ha fabricado tejidos para las principales marcas de ciclismo Sportful, Rapha y Giro. Durante dos años, copatrocinó un equipo ciclista profesional de desarrollo fundado por el dos veces ganador del Tour de Francia Alberto Contador.

Los tejidos Polartec se fabrican ahora en las fábricas de Hudson, New Hampshire, y Cleveland, Tennessee, así como en China e Italia. La fábrica de Lawrence –la locura de Feuerstein–cerró en 2016.

A pesar de que le han salido competidores –el plumas sintético– el polar sigue siendo un básico en los armarios desde 1981.