En plena posguerra, entre la austeridad y la contingencia de las cenizas todavía humeantes de la considerada ‘peor contienda de Europa’, un joven diplomático sin ganas de serlo asume las riendas de su vida dedicándose a su auténtica vocación: la moda.

Aunque Christian Dior (Granville, Francia. 1905) comenzó a labrarse su fama en este momento, en el año 1945, su entrada en la industria tuvo lugar mucho tiempo atrás. Primero, realizando bocetos para Robert Piguet; y en 1936, diseñando en su propia casa de costuras, que consiguió fundar gracias al respaldo económico del magnate textil Marcel Boussac. 20 años después de esta decisión empresarial, Dior expandió su negocio a 15 países y empleó a más de 2.000 personas.

Pero sin olvidar la importancia de los orígenes, hablar de este diseñador es hablar de uno de los momentos más importantes en la historia de la moda. Tuvo lugar en 1946, cuando en tiempos de posguerra apostó por la voluptuosidad y el énfasis de la silueta femenina y lanzó su colección Corolle. Con ella consiguió buenas críticas y se convirtió en el progenitor del concepto ‘New Look’, a su vez, termino acuñado por la periodista Carmen Snow, quien quedó impresionada con las prendas que desfilaron ante sus ojos en la presentación de la colección y contribuyó a su reconocimiento desde sus páginas en la revista Harper’s Bazaar.

EL DISEÑO QUE MARCÓ UNA ÉPOCA

Ese febrero de 1946 comenzó una nueva época en el devenir del sector y el éxito mundial del modisto. La propuesta de su visión del estilo femenino –con hombros torneados, cintura fina, cadera enfatizada y falda amplia (en forma de corola y a 20 centímetros del suelo)– en años de sencillez estética por razones de idiosincrasia, supuso la recuperación del lujo y del exceso tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial.

Imagen cedida por Dior.

Su ojo para la indumentaria de la mujer no fue otro que una elegancia clásica y una insistencia desmesurada por marcar la silueta femenina, que diera lugar a curvas y formas redondeadas. Lo consiguió, sobre todo, con la prenda icónica que hoy cumple 75 años y sigue celebrando la feminidad: la chaqueta Bar.

Considerada una obra arquitectónica, [Christian Dior] creó esta prenda mientras almorzaba en Hôtel Plaza Athénée de París, el 12 de febrero de 1947, probablemente sin intuir la repercusión de la confección. O intuyéndola por completo. Con ella hizo un manifiesto de estilo con el que revolucionar la forma de vestir de la mujer. No sólo creó un nuevo must del armario femenino, también promovió un actitud: la de moverse con la libertad que aporta arrancar las costuras de la figura femenina para llevarlas a varios centímetros del cuerpo, como hizo con esta chaqueta.

La chaqueta Bar fue una declaración de intenciones sin palabras en la que el poder de seducción que desprendía su diseño fue la única comunicación.

Así lo declaró a Le Figaro ese mismo año: «Una chaqueta cuyos peplums [túnicas sin mangas utilizadas en la antigua Grecia] ondulantes y atractivos siguen armoniosamente el movimiento de baile de las faldas». Y eso fue. Una danza acompasada entre el que ya era el nuevo lenguaje de la moda y el ‘desencorsetamiento’ social. La chaqueta Bar fue una declaración de intenciones sin palabras en la que el poder de seducción que desprendía su diseño fue la única comunicación.

Adaptada a las tendencias y en continua evolución, se diseña con botonadura simple o cruzada, con solapa más abierta o más cerrada, siguiendo el patrón del smoking, con estampados y cortes diferentes, pero siempre reeditada en una pieza eterna y fácil de combinar. Así ha sido hasta en 21 ocasiones. Y por ello es conocida internacionalmente como ‘Bar Jacket’ el icono de moda eterno, la pieza contemporánea de diseño y la protagonista reiterada de las colecciones de la Maison. El orgullo de un diseñador y la esperanza de un colectivo.