Las residencias para mayores han sido uno de los sectores más golpeados por la pandemia. Sobre todo al inicio de esta, cuando muchas de ellas se vieron desbordadas por la crisis sanitaria. Y es que España es uno de los países más envejecidos de la Unión Europea (el cuarto, en concreto), y la población mayor de 65 es uno de los grupos considerados de riesgo y más afectados por el covid-19. Sin embargo, a pesar de haber sufrido enormemente los peores momentos del coronavirus, la sociedad española mira los centros para mayores con buenos ojos.

Así lo desvelan las conclusiones del Estudio de Opinión sobre las Residencias de Mayores Post Confinamiento COVID-19 en España, elaborado por la agencia GAPS en colaboración con DomusVi, una compañía que trabaja para preservar el bienestar y la vitalidad de las personas mayores y personas con dependencia, en el que han participado un total de 1.252 personas (628 con familiar residente, de los cuales 391 son mayores de 50 años; y 624 sin familiar residente, de los cuales 356 tienen más de 50 años).

Cumplen una labor imprescindible

Según el estudio, el 94% de los españoles valora muy positivamente la labor de las residencias de mayores, el 93,9% cree que son muy necesarias, y el 71,8% de estos considera que se debe continuar invirtiendo en ellas a fin de mejorar la experiencia y la oferta de servicios más adaptados a las necesidades de los residentes. 

Tanto las residencias privadas como las públicas aprueban con buena nota. Las primeras consiguen una nota de 6,2 sobre 10; mientras que las segundas obtienen un 6 sobre 10. Además, seis de cada 10 calificaciones notables o excelentes.

Quienes las valoran mejor son aquellas personas que hacen uso de ellas. Los españoles que tienen a un familiar en una residencia de mayores consideran que el sector ofrece un servicio de buena calidad. En cambio, quienes no las usan son más proclives a relacionarlas con conceptos negativos como la tristeza, la soledad o el abandono.

Pero los datos no engañan. Más del 85% de quienes tienen familiares en centros y conocen como funcionan, tiene una opinión positiva sobre el mantenimiento de las instalaciones, la disponibilidad y actitud del personal, la calidad de los cuidados, el confort de las habitaciones y el servicio de restauración.

La investigación revela que para las personas encuestadas los puntos más fuertes de las residencias son el acompañamiento a los mayores, las actividades de animación y estimulación, el cuidado personalizado, y lo fácil y fluida que es la comunicación entre familias y residentes.

Los puntos débiles, por su parte, suelen estar relacionados con aspectos negativos como la sensación de abandono. De ahí, que haya quien prefiera optar por el cuidado en casa como forma de evitar el desarraigo.

Lo que más cuesta es tomar la decisión de llevar a un familiar a una residencia. Ocho de cada 10 encuestados que aseguran haber sido reticentes a hacerlo. Sin embargo, una vez dado el paso, se sienten tranquilos por la decisión tomada y confían en que se trata de un centro en el que sus seres queridos están bien cuidados.

Tanto es así que dos de cada tres de las personas que en un principio tuvieron algún sentimiento de culpa están convencidos de haber acertado. Incluso aquellos que tuvieron que pasar el confinamiento con un familiar ingresado en una residencia siguen teniendo la misma confianza en el centro que tenían antes de que empezara la pandemia.