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El negocio de la salud auditiva crece de la mano de la neurociencia y la inteligencia artificial

La audición está dejando de ocupar un espacio secundario dentro de las estrategias de envejecimiento saludable y las compañías sostienen que la innovación en salud auditiva debe entenderse como una inversión tanto en salud pública como en crecimiento económico

salud auditiva
Una persona trata de escuchar los sonidos que se reproducen a su alrededor

La pérdida auditiva se ha considerado históricamente como una consecuencia casi inevitable del envejecimiento. Hoy, sin embargo, la evidencia científica la sitúa en otra dimensión muy diferente. Y es que, ha demostrado que está estrechamente ligada al funcionamiento del cerebro, la salud mental, la participación social y el rendimiento cognitivo. Es decir, las personas no escuchamos únicamente con los oídos, sino con el cerebro. Y no escuchar bien obliga a nuestra masa gris a invertir recursos adicionales para reconstruir la información que no recibe, generando una carga cognitiva constante que puede traducirse en fatiga, aislamiento y un mayor riesgo de deterioro cognitivo.

“La audición es uno de los procesos cognitivos más complejos que realiza el cerebro. Nuestro sistema auditivo no se limita a captar sonidos; debe identificar qué información es relevante, localizar de dónde procede, separar una voz del ruido de fondo y darle significado prácticamente en tiempo real. Cuando parte de esa información no llega correctamente porque existe una pérdida auditiva, el cerebro intenta compensarla realizando un esfuerzo adicional», explica Sergio Álvarez, audiólogo y manager de Formación de Oticon España. Ese fenómeno recibe el nombre de esfuerzo de escucha (listening effort) y constituye uno de los conceptos más relevantes de la audiología moderna.

Así, el verdadero problema no es escuchar más bajo. En realidad, el verdadero impacto aparece porque el cerebro tiene que trabajar constantemente para rellenar la información que falta. “Ese esfuerzo continuo termina consumiendo recursos que deberían destinarse a funciones como la memoria, la atención o la toma de decisiones”, señala el audiólogo.

Este enfoque científico ha contribuido a transformar la manera de entender la pérdida auditiva y está teniendo un fuerte impacto en la dimensión económica del sector. Gobiernos, sistemas sanitarios y empresas empieza a entender el asunto no solo como una cuestión de calidad de vida, sino como una inversión en prevención, autonomía, participación social y envejecimiento saludable.

Uno de los datos que sostiene esta tendencia es el que aporta la Organización Mundial de la Salud (OMS). El organismo internacional estima que la pérdida auditiva no tratada genera un coste superior al billón de dólares anuales debido al incremento del gasto sanitario, la pérdida de productividad, la disminución del rendimiento educativo y las consecuencias derivadas del aislamiento social.

En base a estos datos científicos y económicos, las compañías del sector proponen una nueva generación de soluciones para la pérdida auditiva diseñadas para no solo para amplificar el sonido, sino para facilitar el trabajo natural del cerebro: interpretan el entorno, identifican las conversaciones relevantes y adaptan el procesamiento sonoro en tiempo real para facilitar una escucha más natural. Y para conseguirlo, combinan neurociencia, inteligencia artificial y tecnología médica. “La salud auditiva se sitúa entre los ámbitos con mayor proyección dentro de la innovación sanitaria. Son pocos los sectores que integran neurociencia, inteligencia artificial, conectividad digital y atención personalizada para responder a un desafío de salud pública de esta magnitud”, comenta Filiz Güvenç, directora general de Demant Iberia, grupo danés al que pertenece Oticon.

Precisamente, esta compañía ha sabido aprovechar el impulso de este cambio de paradigma y, mediante una apuesta sostenida por la investigación y el desarrollo, cerró 2025 con unos ingresos de 22.971 millones de coronas danesas (cerca de 3.000 millones de euros) y un beneficio operativo (EBIT) de 3.960 millones. Ese mismo año, sus soluciones auditivas ayudaron a mejorar la vida de 12,1 millones de personas y su red internacional de clínicas realizó 1,6 millones de pruebas auditivas.

«La investigación y el desarrollo no son simplemente uno de nuestros pilares. Constituyen la base de nuestra estrategia. Llevamos más de un siglo invirtiendo de forma constante en ciencia porque la innovación verdaderamente significativa requiere una visión a largo plazo», explica Güvenç. Ese compromiso se refleja, entre otras iniciativas, en el Centro de Investigación Eriksholm, donde el grupo transforma el conocimiento científico sobre la audición en innovaciones con aplicación clínica y un impacto directo sobre pacientes y profesionales.

Un reto de grandes dimensiones para los sistemas sanitarios

La Organización Mundial de la Salud estima que más de 1.500 millones de personas viven actualmente con algún grado de pérdida auditiva y que, si no cambian las tendencias actuales, una de cada cuatro la padecerá en 2050.

Y esto implica aislamiento social, pero también deterioro cognitivo. Así lo señala la Comisión The Lancet sobre prevención, intervención y atención de la demencia. El organismo identifica la pérdida auditiva no tratada como uno de los principales factores de riesgo modificables del deterioro cognitivo. En la misma línea, un metaanálisis publicado en JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery concluyó que la hipoacusia relacionada con la edad se asocia a un mayor riesgo de deterioro cognitivo y otras alteraciones en distintas funciones cognitivas. La explicación no reside únicamente en el déficit sensorial, sino también en la reducción de la interacción social y en el elevado esfuerzo cognitivo que exige reconstruir de forma continua una información auditiva incompleta.

Los datos de EuroTrak apuntan en la misma dirección. Las personas que utilizan audífonos presentan menores niveles de depresión, menor agotamiento al final del día, mejor calidad del sueño y una percepción significativamente superior de su calidad de vida respecto a quienes conviven con una pérdida auditiva sin tratar. Además, el 96% afirma que los audífonos mejoran su calidad de vida y el 87% declara sentirse más seguro desplazándose por la ciudad desde que comenzó a utilizarlos.

Con estas cifras sobre la mesa y teniendo en cuenta el valor social del problema, los expertos tienen claro que hay que invertir en ciencia de la audición. “Una mejor audición permite que las personas permanezcan activas, productivas y conectadas a lo largo de toda su vida. Esto genera valor para los individuos, las empresas y la sociedad, convirtiendo la salud auditiva no solo en una prioridad sanitaria, sino también en una oportunidad de crecimiento económico», comenta Güvenç. Y sostiene que la innovación en salud auditiva debe entenderse como una inversión tanto en salud pública como en crecimiento económico.

El negocio de la salud auditiva en el futuro

Diversos estudios desarrollados por Oticon muestran que las nuevas tecnologías auditivas basadas en inteligencia artificial pueden reducir hasta un 31% el esfuerzo sostenido de escucha y disminuir en torno a un 40% el estrés auditivo en situaciones especialmente complejas. Así, el beneficio no se limita a comprender mejor una conversación, sino a liberar recursos cognitivos para participar con mayor naturalidad en la vida cotidiana.

Así, los expertos aseguran que el futuro del sector estará vinculado a la inteligencia artificial, pero también a la hiperpersonalización y la conectividad integrada. “Los dispositivos serán cada vez más inteligentes y se adaptarán continuamente a las necesidades de cada persona. Pero la inteligencia artificial solo aporta un valor real cuando se fundamenta en una sólida base audiológica y está diseñada para apoyar el modo natural en que el cerebro procesa el sonido», apunta Güvenç.  

Esta convergencia entre ciencia y tecnología está impulsando, además, la creación de empleo altamente cualificado. Ingenieros, investigadores clínicos, expertos en inteligencia artificial, desarrolladores de software y audioprotesistas forman parte de un ecosistema en el que la innovación depende del talento tanto como de la inversión en investigación.

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