La llegada de nuevos medicamentos contra la obesidad ha cambiado las posibilidades para abordar una enfermedad para la que durante años las opciones farmacológicas han sido limitadas. Pero su elevado precio amenaza con abrir una nueva brecha que tiene que ver con que el acceso a estos tratamientos dependa de la capacidad económica de las familias. Ante este escenario, la Asociación Española de Pediatría (AEP) reclama que los agonistas del receptor GLP-1 indicados para la obesidad infantil y adolescente cuenten con financiación.
“Deberían estar financiados”, ha defendido el presidente de la AEP, Luis Carlos Blesa, durante la presentación del manifiesto Obesidad infantil y adolescente: frente a una enfermedad compleja, una respuesta integral, con motivo del Día de la Pediatría, que se celebra este jueves, 8 de octubre.
Blesa considera que estos medicamentos deben estar disponibles como “una herramienta más” dentro del arsenal terapéutico y apela, especialmente, a una cuestión de equidad. Según ha explicado, existen fármacos con indicación para la obesidad a partir de los seis y los 12 años, respectivamente, que han mostrado “evidencia y efectos favorables”.
Su papel, no obstante, estaría reservado a aquellos casos en los que estén indicados y en los que otras intervenciones no hayan conseguido los resultados buscados. “Nos pueden dar otra herramienta en los casos en los que no son efectivas las medidas preventivas”, ha señalado Blesa.
Un coste de 350 euros al mes
El precio es precisamente uno de los puntos que preocupan a los especialistas. El coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, Julio Álvarez Pitti, ha cifrado el desembolso en alrededor de 350 euros mensuales por paciente, una cantidad que puede convertirse en una barrera para muchas familias si tienen que asumirla directamente. “Me aterra que esto acabe en manos de un fármaco del que solo se puedan beneficiar aquellos que puedan asumir ese coste y la brecha continúe cada vez más”, ha advertido.
La cuestión resulta especialmente relevante porque la obesidad infantil ya presenta un fuerte componente socioeconómico. Según los datos expuestos por la AEP, su prevalencia alcanza el 23% entre los grupos más desfavorecidos, frente al 11% en los más aventajados, una diferencia de 12 puntos porcentuales.
Los pediatras plantean así una paradoja: algunos de los menores con mayor riesgo de desarrollar obesidad podrían pertenecer precisamente a las familias con mayores dificultades para asumir el precio de los nuevos tratamientos.
La defensa de su financiación, sin embargo, no supone situar los medicamentos en el centro de la estrategia contra la obesidad. Blesa ha advertido de que disponer de ellos no puede llevar a obviar la necesidad de modificar los hábitos que favorecen el desarrollo de la enfermedad. Esta posición la comparte la coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP, Rosaura Leis Trabazo, que ha situado la prevención como uno de los pilares fundamentales.
La obesidad afecta al 16% de los menores
La reclamación llega ante unas cifras que los especialistas consideran preocupantes. Según los datos presentados por la AEP, la obesidad afecta al 16% de los menores en España, mientras que otro 20% presenta sobrepeso. En conjunto, más de uno de cada tres niños y adolescentes estaría afectado por exceso de peso.
La enfermedad, además, va mucho más allá del peso corporal. Álvarez Pitti ha recordado que puede tener consecuencias en prácticamente todos los órganos y sistemas y está relacionada con patologías como la diabetes y la hipertensión, además de repercutir sobre la salud mental.
Por ello, la AEP reclama reconocer la obesidad infantil y adolescente como una enfermedad crónica y compleja que requiere una respuesta integral. Su manifiesto propone comenzar la prevención incluso antes del nacimiento, desde el periodo preconcepcional, y prestar especial atención a los primeros 1.000 días de vida.
También reclama políticas coordinadas en ámbitos como la salud, la educación, el urbanismo y la protección social para reducir los denominados ambientes obesogénicos, así como reforzar la atención sanitaria mediante equipos multidisciplinares tanto en Atención Primaria como en los hospitales. En estos equipos, además del pediatra, los especialistas consideran necesarios perfiles como enfermería pediátrica, nutricionistas y profesionales especializados en actividad física.
Los pediatras ponen el foco también en factores cotidianos que favorecen el problema, desde el sedentarismo y el uso de pantallas hasta el sueño y los hábitos de vida, y reclaman cambios estructurales que faciliten elecciones saludables independientemente del nivel de renta.
La sociedad científica insiste, además, en combatir el estigma y la culpabilización que rodean a la obesidad y en garantizar la continuidad asistencial cuando los adolescentes pasan a la atención sanitaria adulta.

