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«Divorce planner», ¿estamos ante un nuevo nicho de negocio en España?

Es una profesión todavía poco conocida en España cuyo objetivo es acompañar y planificar, con una visión holística, las situaciones que experimenta una persona antes, durante y después de una separación

divorce planner

Desde hace años, septiembre arrastra la fama de ser el “mes de los divorcios”. Pese a que las cifras oficiales que aporta el Instituto Nacional de Estadística (INE) no sostienen esta afirmación, lo que sí alimenta el tópico es que el final del verano actúa como un punto de inflexión. Durante las vacaciones aumenta el tiempo de convivencia, se alteran las rutinas y pueden hacerse más visibles conflictos que durante el resto del año permanecen diluidos. Y, entonces, muchas parejas toman la decisión de divorciarse. Comienza, entonces, un proceso desconocido y con una alta carga emocional cuya complejidad obliga, además, a recurrir a distintos profesionales para resolver por separado cuestiones que, en la práctica, están estrechamente relacionadas.  

Y es que, el abogado se ocupa del procedimiento jurídico; el asesor financiero, de las consecuencias patrimoniales; el mediador puede facilitar la búsqueda de acuerdos y el psicólogo interviene cuando existe una necesidad terapéutica. Sin embargo, para quien atraviesa una separación, todas esas dimensiones no aparecen de forma aislada, sino que se entrecruzan y obligan a tomar decisiones casi al mismo tiempo.

Esta fragmentación ha sido el detonante para el surgimiento del divorce planner, una profesión todavía poco conocida en España cuyo objetivo es acompañar y planificar, con una visión holística, las situaciones que experimenta una persona antes, durante y después de una separación. “La diferencia respecto a un despacho tradicional es que no abordamos únicamente el trámite legal. Vamos más allá. Acompañamos a la persona en toda la transición vital para que puedan afrontarla con serenidad, claridad y poniendo el bienestar de sus hijos por delante del conflicto. Para ello, integramos la experiencia como coach especializada en mindfulness para trabajar la parte emocional, la formación en derecho para la parte jurídica y el área patrimonial cuando es necesario”, explica a Forbes Health Elena Martín.

Martín se presenta, precisamente, como la primera divorce planner de España. Abogada y formada en mindfulness, llegó a esta actividad después de atravesar su propio divorcio con dos hijos pequeños y detectar, posteriormente, que el procedimiento jurídico resolvía solo una parte de lo que afrontaban quienes se separaban.

“Percibí que por lo que más sufrían las personas no era la firma de un convenio, sino por el miedo, la culpa, la incertidumbre, la pérdida de identidad o la sensación de fracaso. Y nadie nos enseñaba a gestionar esas emociones mientras tomamos decisiones que marcarán el resto de nuestra vida. Detecté ese vacío y creé el Método Pantera”, explica Martín.

La dimensión emocional del divorcio

Más allá de los convenios reguladores, el reparto de bienes o las decisiones sobre la custodia, el divorcio implica también atravesar un duelo. Se rompe una relación, pero también desaparece el proyecto de vida construido alrededor de ella y las expectativas depositadas en un futuro que ya no será como se había imaginado. “Un divorcio no es solo un expediente; es una de las mayores transformaciones personales y familiares que una persona puede vivir. Y atravesamos un duelo por la pérdida de un proyecto de vida, de una identidad y de las expectativas que una persona tenía sobre su futuro”, explica Martín. Y esa dimensión puede acabar trasladándose a la negociación: “Cuando no se atiende, alcanzar acuerdos razonables se vuelve mucho más difícil”.

Miedo, culpa, rabia, sensación de fracaso o dolor ante una traición son algunas de las emociones que, según la divorce planner, más pueden interferir en el proceso. Especialmente cuando la ruptura se convierte en una batalla en la que el objetivo deja de ser encontrar una solución para pasar a imponerse sobre el otro. “Muchas personas entran en el proceso buscando ganar o hacer pagar al otro el daño recibido”, señala. De ahí que Martín defienda la pertinencia de trabajar la dimensión emocional antes y durante la negociación. El objetivo es que determinadas decisiones no se adopten desde el conflicto.

En el Método Pantera, una de las herramientas utilizadas para este entrenamiento es el mindfulness. Martín lo plantea no como una fórmula para eliminar el dolor asociado a la ruptura, sino para evitar que este determine las decisiones que se toman. “Ayuda a identificar el pensamiento que genera una emoción como el miedo o la rabia, parar y elegir cómo actuar en lugar de reaccionar en piloto automático. Es dar un paso atrás para discernir y dejar de moverse desde el rol de víctima o verdugo, asumiendo la responsabilidad de la propia vida”, explica. En otras palabras, se trataría de introducir cierta distancia entre la emoción y la respuesta en un momento en el que pueden estar en juego acuerdos jurídicos, patrimoniales o familiares de largo alcance.

Ese acompañamiento, no obstante, no sustituye a la atención psicológica o sanitaria. “El mindfulness y el coaching emocional no sustituyen la intervención de un psicólogo o de un profesional sanitario cuando existe una necesidad clínica”, subraya Martín. Y aclara que el Método Pantera no busca tratar patologías, sino trabajar aspectos como la gestión emocional, la toma de decisiones o la recuperación del equilibrio durante la separación.

El reto de «divorciarse bien»

Muchas personas llegan al momento de la separación después de meses o, incluso, años cuestionándose su relación. Según Elena Martín, quienes acuden a ella suelen encontrarse bloqueados entre la voluntad de dar el paso y el temor a sus consecuencias. “El mayor obstáculo suele ser el miedo, la culpa y la creencia de que romper una familia significa fracasar o ser egoísta”, explica. Y añade: “Por eso, el primer paso del Método Pantera es trabajar el amor propio, desmontar creencias limitantes y recuperar la seguridad para tomar decisiones conscientes desde el respeto y el amor propio”.

El siguiente desafío consiste en decidir cómo terminar una relación sin convertir la separación en un conflicto permanente, especialmente cuando existen hijos en común. Para la abogada, “separarse bien” no exige mantener una amistad con la expareja, sino ser capaces de construir una nueva relación basada en unas reglas diferentes. “Se debe alcanzar la madurez emocional necesaria para construir una relación funcional y respetuosa”, comenta. Y asegura que muchos conflictos judiciales no nacen del problema legal, sino de heridas emocionales no gestionadas, miedo, sensación de pérdida o falta de comunicación.

“Para mí, el verdadero éxito de un divorcio llega cuando somos capaces de dejar de ver al otro como un enemigo y empezar a verlo como un equipo, especialmente cuando hay hijos. Significa poder respetar la historia compartida, cuidar la familia que nuestros hijos siguen teniendo y ejercer una coparentalidad responsable. También implica entender que muchas veces, cuando peleamos por dinero, estamos peleando por los recursos que forman parte del futuro de nuestros hijos. El mayor éxito es sanar hasta poder reconocer lo que honra al otro y mirarnos al espejo con orgullo, sabiendo que hemos actuado desde el amor, el respeto y la coherencia”, sostiene la divorce planner.

¿Un nuevo nicho de negocio?

La aparición del divorce planner plantea, inevitablemente, una cuestión: ¿puede convertirse el acompañamiento a las rupturas de pareja en un nuevo nicho profesional? El mercado potencial, al menos en términos de volumen, existe. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) contabilizan 80.785 divorcios en España en 2025.

Martín, sin embargo, prefiere no reducir la aparición de esta figura a una oportunidad empresarial. “Más que un nicho de negocio, considero que responde a una necesidad social que hasta ahora no estaba cubierta”, sostiene. Y considera que el creciente interés por el bienestar emocional y el autocuidado puede favorecer que este tipo de servicios integrales gane terreno. “Cuidar la forma en la que terminamos una relación es también cuidar nuestro futuro, el de la otra persona y el de nuestros hijos”, indica. Y desvela que, de toda su experiencia acompañando a personas en sus separaciones, ha aprendido que “antes de aprender a amar al otro, necesitamos aprender a amarnos a nosotros mismos. Desde ahí podemos construir relaciones más sanas y conscientes”.

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