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La historia de Mildred Martínez, la madre que inspiró al Papa León XIV

Bibliotecaria, cantante de coro y profundamente religiosa, Mildred Martínez fue una de las mayores influencias en la vida del nuevo Papa.

Papa León XIV. Foto: AFP vía Getty Images.

Mucho antes de llegar a lo más alto de la Iglesia, antes de ser Papa o incluso hacerse cura, alguien tuvo que enseñarle las costumbres, los valores, las tradiciones y enamorarle de la religión. Un rol constantemente pasado por alto y poco comentado hoy en día. En el caso del Papa León XIV, nacido como Robert Francis Prevost, fue su madre, Mildred Agnes Martínez (Chicago, nacida en 1911, fallecida en 1990). Fue una mujer profundamente religiosa, que moldeó la vocación de su hijo y el entorno en el que creció.

Nacida el 30 de diciembre de 1911, en el corazón de Chicago, Illinois, hija de Joseph Martínez y Louise Baquié, una pareja de tradición criolla de Nueva Orleans. Según The New York Times, su padre era un tabaquero de República Dominicana y su madre, nacida en Nueva Orleans, procedía de una comunidad católica de ascendencia española.

Aquellas raíces marcaron profundamente la vida de Mildred, conocida por todos como «Millie». Creció en un entorno donde la fe formaba parte de la vida cotidiana y donde convivían distintas tradiciones culturales. Sin embargo, también destacó por algo poco habitual para una mujer de su época: una enorme inquietud intelectual. A los 34 años entró en la Universidad DePaul, en un momento en el que el acceso femenino a los estudios superiores seguía siendo limitado. Se licenció en Biblioteconomía en 1947 y después terminó una maestría en Educación, una formación que la llevó a trabajar como bibliotecaria en diferentes instituciones católicas de Chicago.

Pasó su vida entre libros, parroquias y comunidad. Era habitual verla colaborando en la iglesia de Santa María de la Asunción, donde cantaba en el coro, organizaba actividades y participaba en numerosas iniciativas vecinales. Para quienes la conocieron, no solo era una mujer culta, sino también una figura de referencia dentro de su comunidad.

Junto a su marido, Louis Marius Prevost (Chicago, nacido en 1920 y fallecido en 1997), hijo de inmigrantes franceses, construyó un hogar donde la religión ocupaba un lugar central. La familia se instaló en Dolton, una localidad situada al sur de Chicago, donde criaron a sus tres hijos. Aquella casa se convirtió en un punto de encuentro para sacerdotes, religiosos y amigos de la familia. Entre conversaciones, celebraciones y recetas heredadas de la tradición criolla de Luisiana, fue creciendo el Robert Prevost.

Quienes convivieron con ella recuerdan que su fe iba mucho más allá de la asistencia dominical a misa. Según relató años después John Prevost, hermano mayor del Pontífice, Mildred participaba activamente en todas las tareas de la parroquia: limpiaba los altares, colaboraba en la sacristía, organizaba actos benéficos y acudía diariamente a la iglesia. La religión no era para ella una obligación, sino una forma de entender la vida.

Ese ejemplo cotidiano dejó una huella profunda en el futuro Papa. Con apenas 14 años, Robert Prevost decidió ingresar en el seminario, iniciando un camino que décadas después le llevaría hasta el Vaticano. Más tarde llegarían sus años como misionero en Perú, su nombramiento como obispo, su ascenso a cardenal y, finalmente, su elección como Papa León XIV. Pero detrás de cada una de esas etapas permanecía la influencia silenciosa de su madre.

Mildred Agnes Martínez falleció en 1990, muchos años antes de que su hijo se convirtiera en una de las figuras más importantes de la Iglesia católica. Nunca llegó a verlo como obispo, cardenal ni Pontífice. Sin embargo, quienes conocieron su historia coinciden en que parte del hombre que hoy lidera a millones de católicos comenzó a formarse entre las estanterías de una biblioteca, las canciones de un coro parroquial y el ejemplo de una mujer que hizo de la fe y del servicio a los demás una forma de vida.

Por eso, cuando León XIV visite Madrid estos días, muchos hablarán del Papa, de su agenda o de su trayectoria. Pero detrás de esa figura que hoy ocupa el trono permanece también la historia de Mildred Agnes Martínez, la mujer que le enseñó a creer mucho antes de que el mundo aprendiera a conocerle.

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