El lujo ya no se mide únicamente en términos de exclusividad. También en el tiempo, en la autenticidad, en el conocimiento y en la capacidad de crear algo que perdure. Esa es, al menos, la mirada de la princesa Béatrice d’Orléans, presidenta de honor y fundadora de la Asociación Española del Lujo – Luxury Spain, una institución que desde hace años trabaja para proyectar internacionalmente la excelencia española. “He tenido el privilegio de vivir muy de cerca la evolución del lujo durante varias décadas, y creo que su transformación ha sido extraordinaria”, explica.
Este miércoles 30 de septiembre, la institución ha convocado los International Luxury Awards – Diamonds of Excellence, cuya segunda edición se celebrará en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. La gala, que comenzará a las 19:30 horas, reunirá a algunas de las figuras más relevantes del ámbito internacional y reconocerá trayectorias que han destacado no solo por su éxito empresarial, sino también por su contribución a la cultura, el arte, la innovación, el talento o la sociedad. Entre los galardonados de esta edición figuran Eva Longoria, Miguel Ángel Moratinos, Esther Koplowitz y François-Henri Pinault, en una nómina que refleja precisamente esa voluntad de ampliar las fronteras tradicionales del lujo. La gala reunirá en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a referentes internacionales de ámbitos muy distintos —empresa, cultura, moda, arte, tecnología, gastronomía, hospitality o instituciones— en unos premios pioneros precisamente por entender el lujo como un ecosistema global y no como una suma de categorías independientes. Entre los reconocidos figuran también perfiles destacados así como compañías vinculados a Google, Financial Times, Rolls-Royce, Aman, Rosewood, Brioni, además de nombres como Albert Adrià o Peter Sisseck (fundador de Pingus).

Si durante mucho tiempo el concepto estuvo asociado principalmente a la exclusividad, la excelencia artesanal o determinados códigos sociales, hoy, sostiene, incorpora una dimensión mucho más profunda. El lujo tiene que ver también con las historias y las personas que hay detrás de cada creación. “Las nuevas generaciones quieren conocer la historia que hay detrás de una marca, cómo se hacen las cosas, qué valores representa y qué aporta a la sociedad”, señala. Una evolución que conecta especialmente con España, un país que, en su opinión, reúne muchos de los atributos que definen el lujo contemporáneo: tradición artesanal, gastronomía, moda, diseño, patrimonio, hoteles y una determinada manera de entender y disfrutar la vida que despierta un creciente interés internacional.
Esa vocación de proyectar la excelencia española hacia el exterior está precisamente en el origen de Luxury Spain, creada con la voluntad de reunir a empresas, empresarios y creadores en torno a una misma visión. Béatrice d’Orléans ha acompañado el proyecto desde sus comienzos junto a Cristina Martín Blasi, actual presidenta ejecutiva de la Asociación. “Ha sido muy bonito ver su evolución durante estos años”, reconoce. Para ella, el trabajo desarrollado por Martín Blasi ha permitido crear una red empresarial y de relaciones internacionales que hoy trasciende la representación de marcas. “Luxury Spain no solamente representa marcas; representa una determinada manera de entender la excelencia española y de conectarla con el mundo”, afirma.
“Queríamos crear unos premios verdaderamente internacionales que reconocieran algo más que el éxito empresarial”, explica Béatrice. Los Diamonds of Excellence nacen así con la intención de distinguir a personas, instituciones y compañías cuya trayectoria haya dejado una huella y que representen valores como la excelencia, la innovación, la cultura, el liderazgo y el compromiso. La convivencia de perfiles procedentes de ámbitos aparentemente distintos es, de hecho, una de las señas de identidad de los galardones. “En una misma ceremonia podemos reconocer a una gran institución internacional, a una personalidad de la cultura, a una casa histórica, a un empresario, a un creador o a alguien que está transformando su sector mediante la innovación”, apunta.
El lugar elegido para la ceremonia tampoco es casual. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, uno de los grandes espacios culturales de Madrid, introduce en los premios una dimensión histórica y artística que conecta con esa nueva concepción del lujo. Para Béatrice d’Orléans, celebrar allí los International Luxury Awards simboliza el diálogo entre tradición y futuro: dos conceptos que, lejos de ser contradictorios, considera fundamentales para entender la evolución del sector.
La aspiración es que los premios trasciendan la propia gala y se conviertan en un punto de encuentro internacional. “Me gustaría que los International Luxury Awards se consolidaran como un gran punto de encuentro internacional de la excelencia”, afirma. Una plataforma capaz de reunir culturas, generaciones, instituciones y personalidades de diferentes sectores. En el fondo, es también una idea que ha marcado su propia trayectoria: la capacidad de establecer conexiones. “Creo profundamente en la importancia de crear puentes”, explica. A lo largo de su vida ha tenido la oportunidad de conocer diferentes países, culturas y personalidades, y señala que una de sus mayores satisfacciones ha sido precisamente conectar personas y proyectos que, de otro modo, quizá nunca se habrían encontrado.
En esa voluntad de conectar reside también su particular idea de legado. Más allá de los nombres, las posiciones o el reconocimiento, d’Orléans habla de algo más intangible: las relaciones que permanecen, las oportunidades que se crean y los proyectos que pueden abrir camino a las nuevas generaciones. “Uno debe intentar dejar algo que vaya más allá de sí mismo: relaciones que perduren, oportunidades para las nuevas generaciones y proyectos construidos desde la generosidad, el respeto y la excelencia”, reflexiona.
Quizá sea precisamente ahí donde encuentra su significado más contemporáneo el lujo. No tanto en aquello que posee un valor excepcional, sino en aquello que es capaz de perdurar, generar conocimiento, crear vínculos y dejar una huella. “Para mí, ese es probablemente el significado más bonito del lujo”, concluye.

