Cuando Laura Ponte habló con Forbes Women sobre el paso del tiempo, hubo una frase que resumía buena parte de su manera de entender la belleza: «Amo mis ojeras y bolsas». No era una declaración sobre estética, sino algo más profundo. Ponte no parecía interesada en borrar las huellas de lo vivido, sino en reconocerlas como parte de ese traje que, según explicaba entonces, cada vez sentía más suyo.
Dos años después, aquella conversación adquiere una nueva lectura. Ponte vuelve a estar en el centro de la moda internacional. Primero fue Phoebe Philo, que contó con ella entre las mujeres que pusieron rostro a su regreso a la industria. Después llegó Chanel, donde en enero de 2026 desfiló por primera vez en Alta Costura durante el debut de Matthieu Blazy al frente de la maison. Y ahora es Saint Laurent quien la sitúa de nuevo frente a una cámara, en una campaña fotografiada por Juergen Teller, uno de los nombres que forman parte de los primeros capítulos de su carrera.
La imagen tiene algo de reencuentro. Teller y Ponte ya habían trabajado juntos cuando ella comenzaba a abrirse camino internacionalmente. Ahora, varias décadas después, vuelven a coincidir para Saint Laurent. También está Dick Page, otro nombre ligado a aquellos primeros años y que participa de nuevo en el proyecto. El tiempo ha pasado, pero la conexión permanece. Y quizá esa sea la mejor manera de entender el momento profesional que vive Laura Ponte: no como un regreso, sino como una continuidad.
Una modelo que nunca quiso quedarse solo en la moda
Ponte pertenece a una generación de modelos españolas que convirtió las pasarelas internacionales en una forma de vida. Nacida en Vigo en 1973 y criada en Asturias, comenzó a trabajar muy joven y pronto dio el salto a París, donde construyó una trayectoria junto a algunas de las grandes casas y fotógrafos de los años noventa.
Su carrera la llevó a trabajar con firmas como Valentino, Ralph Lauren, Hugo Boss, Christian Lacroix o Gianfranco Ferré, y a ponerse delante del objetivo de fotógrafos que definieron visualmente aquella época. Pero, incluso entonces, Laura parecía mantener una relación particular con el oficio. La moda era una puerta de entrada a otros mundos, una forma de conocer personas, procesos y maneras distintas de mirar.
Eso explica que nunca haya necesitado permanecer únicamente en la pasarela. Con los años, su curiosidad la llevó hacia la joyería, el diseño, la costura y el trabajo artesanal. También desarrolló una relación muy personal con la ropa, especialmente con las piezas vintage y aquellas prendas capaces de sobrevivir a las temporadas. Su mirada sobre la moda siempre ha tenido más que ver con la personalidad que con la tendencia.
Cuando Forbes Women habló con ella, esa misma curiosidad aparecía constantemente en la conversación. Contaba que todavía le sorprendía que la llamasen para trabajar y que cada proyecto podía enseñarle algo nuevo. No parecía hablar de su carrera como una colección de éxitos, sino como una sucesión de experiencias que todavía tenían capacidad para sorprenderla.


Maquillaje: José Belmonte para Nars. Peluquería: Manu Fernández para Moroccanoil. Ayudante de fotografía: Enrique Escandell. Ayudante de estilismo: Martina Tacchini y Beatriz Núñez.

La belleza de no corregirse
Quizá por eso también resulta tan coherente que una de las imágenes que mejor definen esta nueva etapa sea aquella colaboración con Phoebe Philo.
En 2024, cuando la diseñadora británica regresó con su propia firma, Laura Ponte apareció entre las protagonistas de su universo visual. La elección decía mucho de la nueva conversación que la moda estaba empezando a mantener con la edad, la personalidad y la belleza real. No había necesidad de convertirla en una versión más joven de sí misma. Precisamente lo interesante era todo lo contrario.
Su presencia encajaba con una estética que no buscaba que la mujer desapareciese detrás de la ropa. Las prendas podían ser sofisticadas, pero seguían dejando espacio para quien las llevaba.
Es una idea que Laura ha defendido también desde un lugar mucho más íntimo. En su conversación con Forbes Women habló abiertamente de sus ojeras, de sus bolsas, de la piel que cambia y de esas pequeñas señales que durante años se han considerado imperfecciones que había que combatir. Ella había decidido no hacerlo.
«No quiero parecer otra persona», explicaba entonces. Una frase sencilla que, vista ahora, parece explicar bastante bien su relación con la moda. Porque Laura Ponte ha cambiado muchísimo desde aquella joven que empezó a trabajar en los noventa. Lo que no ha cambiado es la necesidad de reconocerse en el espejo.
Chanel y una nueva generación
El siguiente capítulo llegó en París. El 27 de enero de 2026, Laura Ponte desfiló por primera vez para Chanel durante el desfile de Alta Costura Primavera-Verano 2026, el primero de Matthieu Blazy como director creativo de la maison. Su aparición tuvo algo especialmente simbólico: una modelo que había vivido de primera mano algunos de los grandes cambios de la industria regresaba a una de las casas más importantes del mundo en pleno relevo creativo.
No era nostalgia. Era presente. Y eso es importante. Porque la moda puede mirar atrás constantemente, recuperar archivos, reeditar códigos y convertir la memoria en tendencia. Pero Laura Ponte no funciona como una pieza de archivo. Su presencia tiene sentido precisamente porque sigue siendo contemporánea.
Volver sin haber regresado
Ahora Saint Laurent añade otro capítulo. La campaña fotografiada por Juergen Teller conecta directamente con aquella primera etapa de su carrera, pero también evidencia cuánto ha cambiado la mirada de la moda. En los noventa, una modelo tenía que encajar en unos determinados códigos de juventud y perfección. Hoy, algunas de las casas más influyentes buscan precisamente aquello que no puede fabricarse: una identidad reconocible.
Ponte la tiene. También tiene algo más difícil de conseguir: distancia. Después de haber trabajado durante décadas delante de las cámaras, sabe que una campaña dura una temporada. Una carrera, en cambio, se construye de otra manera.
Quizá por eso no parece perseguir el siguiente trabajo. En su conversación con Forbes Women hablaba también de los proyectos que ha rechazado, de los momentos en los que ha preferido quedarse en casa, de la familia, del descanso o simplemente de la posibilidad de decir que no. A estas alturas, escoger también forma parte de su profesión.
Y ahí es donde se encuentra la verdadera conexión entre aquella entrevista y las imágenes de Saint Laurent. Laura Ponte no ha construido su vigencia intentando parecer más joven, más perfecta o más actual. Lo ha hecho siendo cada vez más ella. Aceptando el paso del tiempo, cambiando de lugar cuando lo necesitaba, aprendiendo otros oficios y conservando intacta una curiosidad que parece ser su verdadera fuente de juventud.
Phoebe Philo la encontró en ese territorio. Chanel volvió a llevarla a una pasarela de Alta Costura. Saint Laurent la reúne ahora con Juergen Teller, décadas después de sus primeros trabajos juntos. Tres nombres que pertenecen a momentos diferentes de la moda y una mujer que ha atravesado todos ellos.
Cuando Laura hablaba de sus ojeras y sus bolsas para Forbes Women, en realidad hablaba de algo mucho más grande que la belleza: de no querer borrar las pruebas de una vida. Y quizá esa sea, precisamente, la razón por la que la moda vuelve a mirarla.

