Las marcas relojeras Omega y Swatch acaban de reavivar la fiebre lunar con el Mission to the Moon 1969, un MoonSwatch de edición limitada a 1.969 ejemplares que celebra la llegada del Apollo 11 a la Luna el 21 de julio de 1969. Porque hay una historia que permanece inalterable desde hace casi sesenta años: cuando se habla del primer reloj utilizado sobre la superficie de nuestro satélite, el protagonista sigue siendo el Omega Speedmaster.
Lo más curioso es que nunca fue diseñado para viajar al espacio. Cuando apareció, en 1957, debutó junto al Seamaster y el Railmaster, relojes concebidos por Omega como instrumentos para distintos usos profesionales: el agua, los entornos sometidos a campos magnéticos y el cronometraje deportivo. Pensado para ingenieros, científicos y pilotos, el Speedmaster fue el primer cronógrafo de pulsera producido en serie que situó sobre el bisel la escala taquimétrica (para calcular la velocidad media a partir del tiempo que se tarda en recorrer una distancia conocida), en lugar de imprimirla en la esfera. Aquel cambio mejoraba la legibilidad y terminaría convirtiéndose en uno de sus rasgos más reconocibles.
El espacio apareció en su relato casi por accidente. En octubre de 1962, el astronauta Wally Schirra decidió llevar durante la misión Mercury-Atlas 8 su propio Speedmaster CK 2998. No era un reloj suministrado por la NASA, sino una elección personal. Se convirtió así en el primer Omega utilizado en el espacio.
Dos años más tarde, la NASA inició la búsqueda de un cronógrafo para sus misiones tripuladas. Los relojes candidatos fueron sometidos a una batería de ensayos extremos: temperaturas muy altas y muy bajas, vacío, humedad, corrosión, golpes, aceleración, vibraciones, presión y ruido. El Speedmaster fue el único que cumplió satisfactoriamente todos los requisitos, y el 1 de marzo de 1965 recibió la calificación oficial para el vuelo en todas las misiones espaciales tripuladas de la agencia.

Ese certificado acabaría escribiendo una de las escenas más famosas de la historia. El 20 de julio de 1969, cuando el módulo lunar Eagle aterrizó en el Mar de la Tranquilidad, el astronauta Neil Armstrong dejó su Speedmaster dentro de la nave. El temporizador electrónico de a bordo había dejado de funcionar correctamente y el reloj debía permanecer allí como respaldo. Por eso, cuando su compañero de viaje ‘Buzz’ Aldrin descendió unos minutos más tarde, fue él quien llevó el primer Speedmaster sobre la superficie lunar. Desde entonces, el modelo quedó unido para siempre a la exploración espacial.
El Speedmaster siguió acompañando a las siguientes misiones Apollo que alcanzaron la Luna, lo que dio origen al sobrenombre Moonwatch del reloj. No fue el único utilizado sobre el satélite (David Scott empleó un Bulova personal durante una salida del Apollo 15 después de que el cristal de su Speedmaster se desprendiera), pero sí el cronógrafo que acompañó a todas las misiones lunares del programa Apollo.

Su momento más decisivo, sin embargo, quizá no ocurrió sobre la Luna, sino durante el accidentado regreso del Apollo 13. Tras la explosión de un depósito de oxígeno, la tripulación utilizó un Speedmaster para cronometrar una ignición de 14,8 segundos que permitió ajustar la trayectoria de reentrada. Aquella maniobra formó parte de la compleja secuencia que hizo posible el regreso seguro de los astronautas y llevó a la NASA a conceder posteriormente a Omega el premio Silver Snoopy por su contribución a la seguridad de las misiones espaciales.
Lo llamativo es que el reloj apenas ha necesitado cambiar de identidad para seguir siendo reconocible. El Speedmaster Moonwatch Professional actual incorpora el calibre Co-Axial Master Chronometer 3861, certificado por el Instituto Federal Suizo de Metrología (METAS) y resistente a campos magnéticos de hasta 15.000 gauss, pero mantiene la arquitectura visual que cualquier aficionado identifica a varios metros de distancia: bisel taquimétrico, esfera negra y tres contadores.
Hay relojes que se convierten en iconos porque los lleva una celebridad. Otros porque baten un récord. El Speedmaster pertenece a una categoría mucho más reducida: la de los objetos que, sin haber sido concebidos para ello, acaban formando parte de la Historia. Y pocos logros son tan difíciles de superar como haber acompañado al ser humano en su primer paseo por la Luna.

