Fue un reto mayúsculo: la relojera suiza Audemars Piguet, que hasta el año pasado había sido sinónimo del celebérrimo modelo Royal Oak, un icono de la relojería moderna, decidió romper moldes y alumbrar en 2019 una nueva colección que partió de cero. La llamó Code 11.59, en referencia al minuto que precede al nacimiento de un nuevo día, y enseguida ganó adeptos entre quienes buscaban una pieza clásica de la manufactura más antigua que aún pertenece a las familias que la fundaron, en 1875.

Este año, los fans del Code 11.59 y quienes desean distinguirse con tonos intensos que dejan huella están de enhorabuena, porque este ejemplar desafía al 2020 más aciago con novedades en color. Mucho color. ¿Quién dijo que la relojería se limitaba al negro, al blanco y al azul? Las nuevas esferas del Code 11.59 se tiñen de burdeos, de morado y de gris, para dar un toque de alegría al traje o al look sport elegido. 

A la colección se han sumado cinco modelos de cronógrafo automático y otras cinco referencias de carga automática con fecha, horas, minutos y segundos. Ofrecen una reserva de marcha de 70 horas y son herméticos hasta 30 metros de profundidad. En todos ellos, el acabado liso de la laca del dial (llevan entre ocho y 12 capas de laca) en forma de rayos de sol aporta luz y matices, y según el ángulo desde el que se mire, el conjunto cambia. Además, ese efecto se ve reforzado por las superficies pulidas y satinadas y los acabados mate de la caja realizados a mano.

Aún hay más detalles en estas esferas: la de burdeos muestra un degradado que se va oscureciendo conforme se acerca al perímetro de la caja de oro blanco de 18 quilates.

En el caso de las versiones en morado y en azul, el oro es rosa de 18 quilates. Y en el de las esferas gris claro y gris oscuro, la carrura con hechura octagonal de oro rosa de 18 quilates contrasta con la caja y con las asas de oro blanco. El logo de la enseña, realizado mediante delgadas capas de oro a través de un proceso químico llamado crecimiento galvánico, similar a la impresión 3D, se ha aplicado sobre las esferas.

En un reloj clásico y atemporal cuya misión es vestir de elegancia la muñeca se impone una correa de piel. Por eso los nuevos Code 11.59 eligen una de aligátor en el mismo tono que el del dial para que el conjunto sea redondo. 

Hay relojes claramente masculinos y otros cuajados de piedras preciosas y nácar que han nacido para adornar a las mujeres. En este caso, ambos sexos se encontrarán igual de cómodos con esta pieza de 41 mm de diámetro. Incluso el cronógrafo, más deportivo, se puede compartir. En este caso incorpora un calibre 4401, con una función flyback que permite que el cronógrafo se reinicie sobre la marcha. Si la técnica de altura está asegurada al tratarse de un Audemars Piguet, una de las marcas decanas de la relojería suiza, la estética no le va a la zaga.

Los Code 11.59 de Audemars Piguet se llenan de alegría

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