A finales de septiembre llegó a las librerías El canto del cisne: Diana, mi hermana, el libro en el que Charles Spencer recorre la trayectoria vital de Lady Di. Y el próximo 9 de diciembre, la casa de subastas Sotheby’s venderá en Nueva York el vestido negro con hombros descubiertos (conocido como “el vestido de la venganza”) que Diana estrenó en 1994. Fue la noche en la que se emitió la entrevista televisiva en la que Carlos de Inglaterra, su entonces marido, admitió haberle sido infiel. La princesa vuelve a los titulares 29 años después de su muerte.
De Diana de Gales se ha inventariado casi todo: sus atuendos, sus joyas, sus viajes, sus lágrimas. Sus relojes, en cambio, han pasado desapercibidos. Que se sepa, ninguno se ha presentado en una puja, y buena parte de lo que se publica sobre ellos procede de una prensa que repite datos aunque no estén documentados. Leídas “en orden cronológico”, estas cuatro piezas de la madre de los príncipes Guillermo y Harry no solo acompañan su biografía, sino que la resumen:
Patek Philippe ref. 3618/1

(Foto de Tim Graham Photo Library vía Getty Images)
El 26 de julio de 1981, tres días antes de casarse con el príncipe Carlos (hoy Carlos III), Lady Diana Spencer asistió a un partido de polo en Windsor (Inglaterra). Las fotos de aquella tarde la muestran con dos relojes en la muñeca izquierda, uno con correa de piel y otro con brazalete de oro amarillo. La prensa británica sostiene que este último, firmado por la prestigiosa relojera suiza Patek Philippe, fue un regalo de Carlos a su prometida por su 20 cumpleaños, el 1 de julio, y que ella lo usó en los inicios de su matrimonio.
Se trataba de la referencia 3618, que suele catalogarse dentro de la familia Calatrava de la enseña ginebrina. Esta se estrenó en 1932 con la ref. 96, uno de los primeros modelos de Patek Philippe en aplicar el principio de que la forma sigue a la función, propio de la escuela alemana de arte, diseño y arquitectura Bauhaus. La variante 3618/1 traslada aquel ideal a un terreno más joyero: sustituye la correa por un brazalete de oro integrado en la caja que hace que el reloj se lea casi como una pulsera.
Dos años después, el 24 de julio de 1983, Diana volvió a Windsor con un vestido blanco de lunares rojos y azules y aplaudió a los jugadores de polo con, de nuevo, dos relojes en la muñeca izquierda: el suyo y el Patek Philippe ref. 3445 de su marido, más grande. Era aquel un Calatrava automático con fecha de 35 milímetros de diámetro que, según Sotheby’s, la marca fabricó desde 1961 hasta principios de los ochenta, y fue su primer reloj automático, hermético y con fecha producido en serie. Diana solía custodiar el reloj de Carlos mientras él jugaba al polo, y no son raras las fotografías en las que lleva ambos.
Vacheron Constantin Lady Kalla

(Foto de Tim Graham Photo Library/Getty Images)
Lady Di no se prodigó mucho con este reloj, pero la acompañó en apariciones estelares y noches de gala como el estreno londinense del filme de James Bond Octopussy en 1983. Es un reloj de cóctel en oro blanco y diamantes, identificado como Vacheron Constantin ref. 4481 que la Confederación Suiza regaló a la reina Isabel II el día de su boda con Felipe de Edimburgo, en 1947, cuando aún no reinaba. A pesar de que se asocia a menudo a la línea Lady Kalla, que nació en los ochenta, es anterior a ella, y la Fundación de la Alta Relojería helvética lo sitúa como un precedente de esa saga joyera. El ejemplar acabó en manos de Diana.
Cartier Tank Louis Cartier

Se suele decir que el Tank Louis Cartier de la princesa fue un obsequio de su padre, John Spencer. Lo llevó a partir de la década de 1980 y se convirtió en una de las piezas más personales de su colección. Una elección sobria, bastante menos ostentosa que una joya y reconocible al instante. Su Tank se dotaba de una caja de oro, una esfera blanca y una correa de piel de aligátor negra.
El origen de este modelo se remonta al Tank original, diseñado en 1917 por Louis Cartier, nieto del fundador de la casa que lleva su apellido, y comercializado en 1919. En 1922 apareció una versión de contornos más suaves que en 1924 recibió el nombre de Tank Louis Cartier. Su silueta alargaba y redondeaba ligeramente el trazo del primer Tank, convirtiéndolo en una interpretación más elegante y fluida del reloj de vestir rectangular.
Cartier Tank Française

(Foto de Tim Graham Photo Library vía Getty Images)
He aquí uno de los símbolos del estilo de Lady Di en los noventa, su etapa final. Se trata de un Tank Française en oro amarillo que comenzó a lucir tras su divorcio, en 1996. Cartier lo había presentado ese mismo año. Su caja era más compacta y cuadrada que la del Tank clásico, con un bisel definido y acabados angulares. Ahora bien, conservaba todos los elementos distintivos del Tank: una corona decorada con un cabujón de zafiro, agujas de acero azulado en forma de espada, minutería de ferrocarril y números romanos. La gran novedad fue el brazalete metálico integrado, cuyas líneas prolongaban las de la caja.
Se la vio con él en actos formales y en compromisos cotidianos, como el encuentro de la Casa Blanca dedicado a la investigación del cáncer de mama, en 1996, junto a Hillary Clinton, y su visita al templo Shri Swaminarayan Mandir de Neasden, en Londres, en junio de 1997. Su destino es una incógnita, aunque la versión más extendida apunta a que lo heredó su hijo mayor, Guillermo, que se lo cedió a su hermano Harry, y que hoy luce su esposa Meghan Markle. Sotheby’s da por hecho que el Tank Française de la duquesa de Sussex es el de Diana, algo que nunca se ha confirmado.

