Fotografía: Jacobo Medrano

Seguramente no eres consciente de que mientras conduces a casa, compras una lavadora o devuelves un pantalón, haces una transferencia o una reserva de avión, estás conectado de alguna manera con Kyndryl, que, por si aún no lo sabes, no es ningún amigo de Asia Central ni una palabra en sánscrito. Kyndryl es la empresa de servicios de infraestructura tecnológica surgida como un spin off de IBM. Una nueva compañía de apenas unos meses de vida o una start up con 90.000 empleados en todo el mundo.

Y también es un intencionado acrónimo del término inglés kinship (parentesco, en inglés) y tendril (zarcillo) con el que se quiere enfatizar la importancia que para ellos tienen las relaciones con las personas y las posibilidades de progresar juntos, como esos filamentos rizados de las plantas que las ayudan a crecer. 

En el corazón del progreso

Silvia Sánchez Rubio (Madrid, 1967) sabe bien lo que es crecer. La directora de una de las unidades de cliente más importantes de la compañía, comenzó a trabajar hace más de tres décadas en el sector de la tecnología y encara entusiasmada este nuevo proyecto. Un gigante, en realidad, porque operan para corporaciones que intervienen «en el 60% de los activos bancarios del mundo, el 45% de la fabricación de automóviles, el 50% de las transacciones de consumo o el 45% de las líneas móviles. Eso sin contar con que, fuera de España, sostienen las infraestructuras de líneas aéreas, instituciones como la Hacienda Pública, sistemas sanitarios o de pensiones. Estamos detrás de todo lo que ocurre», proclama orgullosa. «O, como reza el lema de la compañía, en ‘el corazón del progreso». 

«En esta profesión hay que estudiar cada día, nunca terminas»

Licenciada en Ciencias Económicas, pero con mentalidad de ingeniera, Silvia no bromea cuando dice que ha construido su carrera a medida gracias, entre otras cosas, a la vasta formación que proveen a todos sus empleados: «En esta profesión hay que estudiar cada día, nunca terminas. Además, mi trabajo se ha desarrollado mucho de cara a clientes, de modo que tú eres el canal de comunicación de la propuesta de valor, de la innovación, y eso requiere que estés permanentemente actualizándote». 

El crecimiento de este recién nacido que factura 19.000 millones de dólares al año resulta apabullante: más allá de sus 4.000 clientes en todo el mundo, en España cuentan entre sus aliados con las principales corporaciones, «el 45% del IBEX, ocho de los diez principales bancos, tres de las cuatro grandes aseguradoras, tres operadoras de telecomunicaciones, operadoras de energía o el líder del retail en España», enumera esta experta en transformación digital.

Un viaje hacia la nube

El momento, para ella, resulta fascinante: «Todas estas empresas están inmersas desde hace tiempo en una transformación digital y en todos los ámbitos. Y nosotros no sólo construimos soluciones de tecnología para ellos: las diseñamos, implantamos, gobernamos y mantenemos. Hacemos todo el ciclo con ellos, desde que nace con una idea hasta que es un gran proyecto implantado que necesita un 24/7 de atención». Y en ese transcurso, añade Silvia «tienes que cambiar los procesos, la forma de trabajar y la cultura. Es como un viaje».

En ese viaje convergen dos ejes. Por un lado, el negocio: «Kyndryl tiene una ventaja y es que, con la escisión, se ha doblado la oportunidad de mercado. Ahora somos una empresa independiente, luego la demanda y la oportunidad es el doble. Nuestra ambición es crecer con el mercado». Y por otra, los nuevos retos tecnológicos, en los que Kyndryl hace una fuerte apuesta hacia el cloud computing: «Los sistemas de información de aquí a cinco años se van a mover en un porcentaje altísimo, por encima del 50%, a la nube pública, y este es un viaje transformacional en sí mismo y muy complejo».

Y hace una distinción entre nube privada –cuyos recursos informáticos son propiedad de una organización–, pública –con servicios de un proveedor– e híbrida, sobre la que ellos tienen la capacidad de combinar ambas. «Por eso el porfolio de Kyndryl lo estructuramos en torno a ese viaje a la nube. Para ello invertimos y ponemos un gran foco en la seguridad, además de que implica volúmenes ingentes de datos de los que luego se puede extraer mucho valor. Y aquí intervienen todas las nuevas tecnologías de analítica e inteligencia artificial, que también tenemos».

Fotografía: Jacobo Medrano

Mujeres y tecnología

Con la misma pasión que destila hacia su trabajo, Silvia hace un alto para hacer una llamada a navegantes. Ella reconoce estar interesada especialmente en el mentoring hacia mujeres e, inquieta por la escasez de universitarias en las carreras STEM, pone su granito de arena alentando desde su posición a jóvenes interesadas en la tecnología: «¿Cuál es el esfuerzo que hay que hacer? Que esas niñas y esas estudiantes universitarias entiendan que pueden tener un desarrollo profesional gratificante en las empresas tecnológicas».

Y pone como ejemplo cómo, a lo largo de su larga carrera y en dos ocasiones en las que fue promocionada, ella estaba embarazada de ocho y nueve meses de dos de sus hijos. «Y fue maravilloso, porque la circunstancia personal daba igual. Lo que me estaban diciendo era ‘Creemos en ti’. No pensaban en lo inmediato sino en el futuro».