Ir de compras por los pasillos virtuales de Amazon, disfrutar de la última serie de Netflix y pedir un Uber. Para hacer posibles actividades cotidianas como estas, aplicaciones y plataformas necesitan muchísima más capacidad de la que pueden ofrecerles un ordenador o un móvil, por muy caros que nos hayan salido. Es por eso que, mientras miramos inocentemente una pantalla, el software extiende sus redes invisibles hasta edificios situados a miles o incluso millones de kilómetros para ejecutar parte de sus procesos en granjas de servidores remotos.

Hoy resulta prácticamente imposible encontrar una app o una web que no hagan uso de este tipo de equipamientos, bautizados con un nombre mucho más amable que los habituales en el mundo de la tecnología: constituyen la nube de internet. Una infraestructura deslocalizada que en la última década ha pasado de estar reservada a unos pocos actores a interpretar un papel protagonista en los planes de digitalización de las empresas.

Durante los próximos cinco años, el ámbito corporativo destinará 1.000 millones de dólares (865 millones de euros) de su presupuesto en tecnologías de la información a servicios en la nube, según datos de la consultora Gartner. Son las cifras de lo que muchos consideran ya una revolución cloud que moverá mundialmente alrededor de 178.000 millones de dólares (154.000 millones de euros)  este 2018.

Contar con un centro de datos para almacenar y gestionar información no solo agiliza el procesamiento y el desarrollo y salida al mercado de nuevos productos de software, sino que disminuye los costes que acarrea la implantación y mantenimiento de este tipo de infraestructuras informáticas en el seno de las compañías.

Amazon, impulsora del cambio

Si bien es cierto que las primeras alusiones  a un modelo de computación distribuida se remontan a los 90 y las primeras referencias a la nube de internet a los 70, la encargada de popularizar estos términos fue Amazon con el lanzamiento de su producto Elastic Compute Cloud (EC2) en 2006. La solución permite a terceros alquilar servidores de la nube de Amazon –apodada Amazon Web Services o AWS– para desarrollar y ejecutar sus propias aplicaciones, ahorrándoles la inversión en ordenadores propios.

El gigante capitaneado por Jeff Bezos es uno de los principales proveedores a nivel mundial de lo que se conoce como nube pública, aquella puesta a disposición de usuarios y empresas por parte de firmas que proporcionan capacidad de cómputo y almacenamiento como servicio. El modelo es la alternativa a la nube privada tradicional, constituida por los servidores instalados y gestionado por una compañía para su uso exclusivo.

Aunque el cloud computing es el hábitat natural de plataformas de internet como Dropbox y Netflix –que han confiado o confían en AWS para guardar sus datos–, el modelo atrae cada vez más a empresas tradicionales, otras tecnológicas, organizaciones como la NASA e instituciones financieras de todo el mundo. Si hace una década los presupuestos corporativos cubrían la compra de entre el 35% y el 40% de los servidores y la infraestructura de almacenamiento que necesitaban, las empresas centran ahora sus esfuerzos en externalizar esas tecnologías: las predicciones de los analistas apuntan a que el porcentaje de adquisición de equipos y software caerá por debajo del 20% en los próximos dos años.

Apostar por el cloud computing se ha convertido en el objetivo principal de aquellos negocios que desean escalar, crecer rápidamente y contar con muchos recursos informáticos a buen precio. De ahí su adopción generalizada y las consabidas implicaciones para todas las compañías que forman parte del nutrido sector de infraestructuras virtuales y servicios en la nube, en el que Amazon cuenta con duros competidores.

De acuerdo a los últimos datos de la firma de análisis de mercado International Data Corporation (IDC), el gasto en estas tecnologías alcanzará los 266.000 millones de dólares (230.000 millones de euros) en 2021. De ellos, un 60% irá a parar a EE UU, que concentra la mayoría de los proveedores de cloud pública, cuyo mayor competidor extranjero es el gigante asiático Alibaba.

Junto con AWS, lideran el mercado Google Cloud Platform, IBM Cloud y Microsoft Azure, plataformas que ofrecen todo un abanico de servicios en la nube que comprende los conocidos como ‘software como servicio’ (SaaS, por sus siglas inglesas), ‘plataforma como servicio’ (PaaS) e ‘infraestructura como servicio’ (IaaS). Mientras que los dos primeros están reservados al desarrollo y ejecución de aplicaciones, el último engloba el almacenamiento y capacidad de cómputo a nivel más básico.

El modelo SaaS –también denominado ‘software bajo demanda’–, segmento en el que destacan también Oracle y Salesforce, es el más solicitado. Sus proveedores instalan y operan los programas y aplicaciones de software en los servidores que ellos mismos mantienen, ahorrando tiempo y dinero a sus clientes. El trabajo se distribuye entre varias máquinas virtuales o simuladores informáticos que ejecutan programas de forma coordinada para acelerar los procesos.

Si en el pasado los clientes se centraban en la infraestructura y el almacenamiento, las nuevas olas tecnológicas marcan ahora las ventajas competitivas dentro del sector. Y aquí Amazon pierde terreno ante Microsoft y su apuesta por implementar una nube inteligente basada en un modelo híbrido, esto es, una combinación del público y el privado, que facilita a los desarrolladores  la creación de programas y aplicaciones en áreas como la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el machine learning y la tecnología blockchain.

La nube europea

“El mercado europeo [de servicios en la nube] estará liderado por Alemania, junto con Italia y Suecia”, según Angela Vacca responsable de investigación de IDC en Europa. En la actualidad, en torno  al 35% de las empresas del viejo continente aseguran haber adoptado el cloud computing, un porcentaje que, de acuerdo los vaticinios, alcanzará el 50% en los próximos dos años. Sus motivaciones son las mismas a este lado del charco: ganar en agilidad y ahorrar costes externalizando el almacenamiento y recuperación de la información, el hosting o alojamiento de aplicaciones y webs, el análisis de datos y los sistemas de gestión de las relaciones con clientes.

La mismísima Comisión Europea cuenta con varias iniciativas para fomentar el cloud computing como parte de su estrategia para un Mercado Único Digital y el programa Horizonte 2020. Un estudio de Deloitte para este organismo señala que una mayor adopción de los servicios en la nube durante los próximos cinco años podría traducirse en ingresos de hasta 449.000 millones de euros para los estados miembro y la creación de 1,6 millones de puestos de trabajo entre 2008 y 2020.

Otras medidas, como la nueva Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (la MiFID II, por sus siglas inglesas), en vigor desde principios de año, contribuyen a la penetración de estas tecnologías en sectores específicos. La norma estipula, entre otras cosas, que todas las organizaciones que presten servicios financieros deben registrar y guardar toda la información relacionada con las transacciones, para lo que necesitarán una mayor capacidad de almacenamiento y gestión de datos.

Junto a estos cambios, el auge de la inteligencia artificial, el internet de las cosas o la realidad virtual conducen a la apertura de nuevas instalaciones europeas por parte de los proveedores globales. En el pasado, todos los clientes de AWS y de Microsoft Azure enviaban sus datos a Irlanda, mientras que los de Google Cloud Platform los alojaban, sin saberlo, en Bélgica. Pero, al igual que IBM y Oracle, estos gigantes estadounidenses han construido durante las últimas décadas granjas de servidores en otros países como Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Polonia y Suecia.

Pero las grandes corporaciones no están solas en la carrera por hacerse con el mercado. En funcionamiento desde hace tres años, la asociación europea CISPE aglomera a los proveedores de tecnologías cloud en el viejo continente, entre los que destacan nombres como la francesa OVH, la alemana 1&1 Internet y Gigas, el único miembro español del consorcio.

En colaboración con la Asociación Española de Economía Digital, CISPE ha elaborado el informe España Nación Cloud, en el que se analiza el panorama en nuestro país y trata de persuadir a las Administraciones Públicas de la necesidad de avanzar en este terreno para fomentar la transformación digital y la competitividad de las empresas patrias. “Sin una filosofía Cloud First, corremos el riesgo de sacrificar parte de nuestro potencial como país en los próximos 10 años”, ha advertido Diego Cabezudo, integrante del Consejo de Administración de CISPE.

Aproximadamente, el 46% de las compañías españolas ya alojan su software de gestión en la nube, mientras que un 14% prefiere continuar utilizando soluciones en local, aunque adoptar el modelo cloud figure entre sus planes de futuro. Una tendencia, la de la digitalización, que supone también una oportunidad para los proveedores de internet como Vodafone y Telefónica, que ya ofrecen paquetes donde incluyen servicios en la nube.

La nueva normativa europea

A pesar del crecimiento del sector, siguen existiendo reticencias por parte de las empresas en torno a la seguridad y la privacidad de los datos alojados en la cloud pública. Más allá de la complejidad de efectuar la mudanza y de adaptarse a los cambios, estos asuntos ralentizan la migración definitiva a la nube.

Aunque la salvaguarda de la información trae de cabeza tanto a proveedores como a clientes de todo el mundo, en Europa ha cobrado importancia en los últimos meses debido a la entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (GDPR por sus siglas en inglés) en mayo. Explicado de forma simplificada, la norma exige a los países miembro de la Unión Europea saber dónde se encuentran sus datos exactamente y restringe la transferencia de los mismos entre fronteras.

La seguridad no es para nada un asunto baladí. Una encuesta sectorial llevada a cabo por la firma de seguridad Barracuda Networks revela que el 77% de las empresas europeas contrata servicios en la nube para almacenar información confidencial sobre sus trabajadores, relativa a la propiedad industrial e intelectual o sobre cuentas bancarias de clientes. Aproximadamente una de cada cuatro organizaciones que recurren a infraestructuras o software de terceros han sufrido robos de datos y una de cada cinco ha experimentado algún tipo de ciberataque sofisticado.

Con motivo del GDRP, los miembros de CISPE se han comprometido a adoptar el primer código de conducta encaminado a cumplir con los preceptos de la norma y garantizar el adecuado tratamiento y protección de la información. Los proveedores de servicios en la nube adscritos al documento, en vigor desde finales del pasado mes de mayo, aseguran a sus clientes que el procesamiento y almacenamiento de sus datos se encuentra dentro del territorio de la Unión Europea e incluye la aplicación de estándares de seguridad reconocidos internacionalmente.

Preocupadas por la integridad de la información, se estima que alrededor del  48% de las empresas europeas trasladarán sus datos a una nueva granja de servidores con el objetivo de cumplir con el GDPR y la directiva MiFID II. Por un lado, están las que optan por la cloud pública, confiando parte de la responsabilidad en materia de protección a los proveedores –de Amazon a Google, hicieron pronto los deberes para adaptarse a las exigencias del nuevo reglamento–. Por otro, las hay que, llevadas por la incertidumbre, prefieren recurrir a los servicios de housing, que les permiten alquilar espacio físico en una instalación protegida para guardar sus propios equipos.

Algunas compañías han tomado el camino contrario para trasladar los datos de la nube pública a la privada, es decir, a instalaciones propias que ellas mismas gestionan, como es el caso de Dropbox. Así lo confirma un informe internacional de Forrester que pone de manifiesto esta tendencia, enfocada a ganar control sobre la información de clientes que almacenan y sobre la accesibilidad a la misma.

Afortunadamente para los usuarios, ya esté en un país o en otro, ya pertenezca a una u otra empresa, en la nube sigue habiendo sitio para las plataformas que la utilizan habitualmente, como Netflix o Amazon. Solo que, a partir de ahora, estas velarán mejor por la seguridad de sus datos personales.