No hace falta decir que Vladimir Putin reina en Rusia, en todos los sentidos. Además de presidir el país es la persona más rica de Rusia, con un patrimonio neto que, a día de hoy, está valorado en 70.000 millones de dólares, según estima el portal Celebrity Net Worth. Otras fuentes apuntan más alto: su fortuna superaría los 200.000 millones de dólares.

Pero, sin Putin en el podio de los más ricos de Rusia, ¿quién se quedaría con el puesto? Casualmente, un hombre llamado Vladimir.

Vladimir Potanin nació en 1961 en Moscú en el seno de una familia de la élite rusa. Estudió relaciones económicas internacionales y entró a trabajar en el Ministerio de Comercio Exterior, siguiendo los pasos de su padre. Un puesto que le sirvió para hacer muchos contactos trabajando para el gobierno y que dejó en 1990, durante la caída de la URSS.

Pontanin tenía un capital de 10.000 dólares cuando lanzó una agencia de consultoría financiera de comercio exterior llamada Interros VEA. Dos años más tarde, él y Mikhail Prokhorov (propietario de los Brooklyn Nets) se convirtieron en dos de los primeros ciudadanos rusos en abrir un banco privado.

Consiguieron estos activos privados gracias al controvertido programa de “préstamos por acciones” del Presidente Boris Yeltsin. Mikhail y Vladimir adquirieron activos en el sector del níquel, el petróleo, el transporte marítimo y el acero. Una de sus adquisiciones fue Norilsk Nickel, un enorme conglomerado de minas de níquel.

Préstamos por acciones

Norilsk Nickel fue subastada por el gobierno en 1995. En aquel momento, la empresa producía el 25% del níquel mundial y obtenía unos ingresos de 400 millones de dólares al año. Utilizando un método básico de valoración de los ingresos multiplicado por 10, el valor mínimo de Norilsk Nickel debería haber sido de 4.000 millones de dólares. Sin embargo, por alguna razón la empresa se subastó con un precio mínimo de reserva de 170 millones de dólares.

Potanin y Prokhorov ganaron la subasta con una oferta de 170,1 millones de dólares. En ese momento, Potanin también era el viceprimer ministro a cargo de los esfuerzos de privatización.

Los ingresos de Norilsk Nickel se dispararon durante la siguiente década. Cuando Potanin y Prokhorov sacaron la empresa a bolsa, se hicieron aún más millonarios. Con esa nueva riqueza, ampliaron sus participaciones en el sector inmobiliario, los medios de comunicación y el comercio minorista.

Crisis de 2008

En enero de 2007, Mikhail Prokhorov y un grupo de amigos se vieron involucrados en una redada policial por la que Mikhail acabó varios días en la cárcel.

Con las acciones de Norislk en lo que entonces era un máximo histórico, Vladimir aprovechó el escándalo para comprar la parte del negocio de su socio. No fue una negociación amistosa, pero al final Mikhail aceptó vender su participación por 7.000 millones de dólares en efectivo y 3.000 millones en acciones de otra empresa.

Con la crisis financiera mundial de 2008, el imperio de Vladimir Potanin quedó diezmado. Su patrimonio neto se redujo de 28.000 millones de dólares a 2.000 millones casi de golpe. O lo que es lo mismo: una caída del 92%. Mientras tanto, Mikhail salió totalmente indemne. Se dedicó a comprar activos que incluían los Brooklyn Nets.

Potanin reconstruyó su fortuna con el tiempo y en 2014 sus activos superaban los 15.000 millones de dólares. Un bache del que se recuperó. En la actualidad, el patrimonio neto de Vladimir Potanin, de 32.000 millones de dólares. La persona más rica de Rusia, por detrás de Putin, claro.