“Nunca olvido aquella lección, y la vida me ha enseñado lo certera que es”, confiesa hoy este abogado, empresario y académico desde su despacho madrileño. Lo cuenta con serenidad y con esa elegante inteligencia que le otorga haber sido testigo de muchos de los grandes acontecimientos de la historia reciente de España. Una historia que desgrana en Memorias de luz y niebla (Galaxia Gutenberg) y en la que relata de manera detallada y amena una vida repleta de aventuras laborales y empresariales, transitando por ámbitos tan diversos como la banca, el derecho, la política, la comunicación y la cultura.

El cálido despacho que tiene en una casita ubicada en los aledaños del Auditorio Nacional en la capital es donde Gregorio Marañón (Madrid, 1942) despacha su día a día. Frente a un lienzo de Millares y una nutrida biblioteca salpicada de fotos familiares, el empresario comenta con su característica sonrisa de ojos achinados cómo hace unos días precisamente ha vuelto a formar parte del patronato de la Biblioteca Nacional, una de tantas curiosas vueltas de la vida (en su libro narra cómo debió salir años atrás “por cuestiones de género”).

Ese nuevo nombramiento se suma a su presidencia del Teatro Real y de los consejos de administración de Logista, Air City Madrid Sur o Universal Music, además de ser miembro del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional o del diario El Español. También es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la de Ciencias Históricas de Toledo y cuenta, entre otros reconocimientos, con la Gran Cruz de Alfonso X o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, hasta el premio Mariano de Cavia de periodismo. Y a todo ello suma una lista interminable de amistades que han engrandecido su periplo vital, desde la universidad hasta los primeros años en el Banco Urquijo de la Transición (contribuyó a la constitución de la UCD), pasando por su aventura editorial en el grupo Prisa, la fundación de empresas como Gescapital o el impulso de instituciones culturales como el Círculo de Bellas Artes, la Real Fundación de Toledo o el Teatro de la Abadía.

Tiene usted una herencia fabulosa. Además de para rendirle tributo en sus memorias, ¿para qué le ha servido?

Herencia material no tuve ninguna, pero siento un profundo reconocimiento por los numerosos ejemplos y enseñanzas que he recibido en mi vida. Han contribuido decisivamente a hacerme como soy.

Ortega y Gasset, a quien usted cita, sostenía que nuestra vida está conformada por la vocación, la circunstancia y el azar, ¿podría decir cuál es el porcentaje de cada uno en su vida?

La vocación, que para mí es voluntad y esfuerzo, un noventa por ciento; la circunstancia, que es el paisaje que nos rodea, un nueve por ciento; y el azar, un uno por ciento, aunque en alguna ocasión pueda ser determinante.

Entiendo que en su libro fue todo lo que está, pero no está todo lo fue. ¿Cuáles han sido sus líneas rojas?

Lo principal de lo que he hecho hasta ahora está en el libro. He evitado lo estrictamente personal, lo que he creído menos interesante para los lectores, y aquello que, sin ser relevante para el relato, podría dañar a terceros.

¿En pocas líneas, cuál es su visión del panorama económico actual?

La situación es dramática, sin paliativos. Sobre todo, para las pequeñas y medianas empresas que carecen de reservas para afrontarla. A favor, los bajísimos tipos de interés, los fondos europeos y la relativa brevedad de la pandemia si se culmina pronto la vacunación general.

En ocasiones ha destacado el valor que le otorga a la independencia, ligada a la vez a la ética y la moral. ¿Es complicado combinarlo con ese ímpetu empresarial del “todo vale”?

Rechazo éticamente ese “todo vale” que algunos propugnan… no sólo en el ámbito empresarial. Nuestra mejor coraza la constituyen nuestros principios éticos. En este ámbito soy, y hay que ser, inflexible.

Gregorio Marañón y Bertrán de Lis.
Foto: Pablo Lorente.

¿Qué es para usted la cultura?

La cultura son esos saberes compartidos que tienen un valor identitario. Por ello, la cultura es estratégica para cualquier sociedad.

Llegar a la gestión cultural, ¿era inevitable?

En mi caso, tras mi experiencia en el Banco Urquijo, y lo que aprendí de Juan Lladó, ha sido, si no inevitable, un proceso natural. Eso sí, siempre he separado mi quehacer profesional de la gestión cultural, a la que sólo me he dedicado desinteresadamente como un servicio cívico.

Lleva 13 años al frente del Teatro Real, ¿cómo ha evolucionado la institución en este tiempo?

En este tiempo hemos afrontado la crisis de 2007 y la actual. No ha sido, por tanto, un periodo fácil. Pero como ha escrito Ansón, en estos años hemos logrado sacar al Teatro Real de la irrelevancia. Hoy es la primera institución de las artes escénicas y musicales de nuestro país, y una de las tres primeras instituciones culturales, según el Barómetro de la Cultura de la Fundación Contemporánea. Durante la pandemia, el Teatro Real se ha convertido, además, en una referencia mundial por el hecho de permanecer abierto.

“Rechazo éticamente ese ‘todo vale’ que algunos propugnan… no sólo en el ámbito empresarial”.

Haga una foto fija, en cifras, de la situación del Teatro Real hoy.

Es una institución pública, con un presupues puesto de 60 millones, que se financian en un 50% con los ingresos propios –sobre todo taquilla–, en un 25% con aportaciones públicas, y en el otro 25% con aportaciones privadas.

¿Recuerda cuál fue la primera vez que se emocionó con una canción o un espectáculo musical? ¿Y la última?

Siendo muy niño, de la mano de mi madre, en una zarzuela; y la última vez, escuchando Norma, hace pocos días, en el Teatro Real.

¿Ha pensado alguna vez que, en ese terreno, usted trabaja para que los demás nos entretengamos?

Por supuesto que en una institución como el Teatro Real trabajamos para que el público se entretenga. Pero un ocio inteligente, como es el que proporciona la dramaturgia, genera reflexiones críticas y utópicas que también contribuyen a engrandecer el horizonte de nuestra sociedad.

Cuando en el Real hay un pataleo, ¿se siente aludido?

Más que por los aplausos y, en general, cuando el público protesta, es un deber tomar en consideración esas protestas.

Parece que no se ha dejado atrapar por las redes sociales…

El tiempo, por mucho que lo ensanchemos, es limitado, y en mi día a día no tengo horas para dedicarme a las redes sociales, lo que sin duda es también una consideración generacional.

Entre sus múltiples cargos, forma parte del Consejo asesor de Cáritas. En estos tiempos especialmente duros para muchos, ¿cómo se gestiona el hambre?

Son tiempos terribles. En España hay seis millones de conciudadanos que han caído por debajo del umbral de la pobreza. No hay más que una respuesta: con solidaridad, ante todo, desde la política, y también, por supuesto, personalmente, desde la sociedad civil.

Por cierto, ¿alguna vez ha tenido problemas económicos?

Nunca he vivido por encima de mis posibilidades, y durante la campaña de alfabetización de la Sierra de Granada –en 1964– conocí las condiciones más duras de una España subdesarrollada. Aquella experiencia me marcó para siempre.

Según ese y otros episodios, ha conocido palacios y también ha dormido en jergones, pero ¿qué le interesa más del ser humano?

En todos los casos, su modo de ser más que su posición.

Usted es el segundo marqués de Marañón, marquesado con grandeza de España. Un título nobiliario, ¿para qué sirve y a qué obliga?

Constituye un reconocimiento al mérito de nuestros mayores, y debemos ser sensibles a su ejemplaridad.

¿En qué piensa un aristócrata cuando vota?

Sólo votan los ciudadanos, y al votar piensan como tales, haciendo abstracción de cualquier otra condición.

Gregorio Marañón y Bertrán de Lis retratado en el jardín de su despacho madrileño por la cámara de FORBES.

¿Cuáles son los líderes políticos que más admira?

A Felipe González, un político con talla de estadista, y a Adolfo Suárez que tuvo la intuición y la clarividencia necesarias para hacer posible la Transición.

En su libro también aboga por una segunda transición basada, como la primera, en el diálogo y el consenso. ¿Algún consejo?

Nuestra Constitución tiene más de 40 años de vigencia, y debemos actualizarla abriendo, desde el consenso de los partidos constitucionalistas, esa segunda transición. Como siempre recuerdo, en 1978 se dejó abierto el proceso de vertebración territorial de nuestro Estado, y resulta imperioso cerrarlo, al margen de acometer otras reformas necesarias, y revitalizar la adhesión cívica de nuestros ciudadanos.

En cuestiones políticas, ¿le pesa más el corazón o la cartera?

Con la cabeza reflexionamos sobre lo que más conviene a nuestra sociedad, y, con el corazón sentimos esa solidaridad que nos lleva a anteponer los intereses de la mayoría de nuestros ciudadanos sobre los nuestros.

“NUESTRA CONSTITUCIÓN TIENE MÁS DE 40 AÑOS DE VIGENCIA, Y DEBEMOS ACTUALIZARLA EN UNA ‘SEGUNDA TRANSICIÓN”

El índice onomástico que aparece en su libro es prodigioso, pero como soñar es gratis: ¿con quién le habría gustado compartir un almuerzo?

Si fueran políticos, con mi coetáneo –hemos nacido el mismo mes del mismo año– Joe Biden, que inicia su mandato, y con Angela Merkel, que termina su carrera.

A lo largo de su vida ha tenido una relación muy cercana a los medios de comunicación, ¿en qué lugar cree que se encuentra ahora el valor de la verdad?

En el campo mediático, y en general en todo el universo de las redes, se precisa una regulación que defienda la verdad y castigue la difamación y la difusión interesada de noticias falsas.

Ya lo hizo en una ocasión hace muchos años, pero si tuviera que entrevistar al Rey emérito hoy, ¿qué le preguntaría?

¿Por qué?

En esa estantería en la que guarda los libros que le han dejado poso menciona El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Con las necesarias reivindicaciones de igualdad, permítanos saber su opinión al respecto.

El IX Informe de Mujeres en el Índice General de la Bolsa de Madrid Atrevia, me cita, como presidente de Logista, destacando que casi el 42% de nuestro Consejo de Administración lo componen las mujeres. Y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando también creé el debate sobre la necesidad de abrirse a la representación de la mujer. La igualdad constituye una causa tan obvia que sonroja que, aún hoy, haya que luchar por ella.

Su relación con la ópera es especial, pero también es sensible al talento de artistas como Rufus Wainwright, Rosalía, Paco de Lucía, Miguel Bosé o Alejandro Sanz. ¿De verdad tiene 78 años?

¡Sólo sé que nací en octubre de 1942!