Cuando la gente piensa en compañías cotizadas de éxito, siempre nos vienen a la cabeza los mismos nombres: Apple, Amazon, Facebook o Alphabet (matriz de Google). Estas tecnológicas, cuya posición competitiva no ha parado de consolidarse estos últimos lustros, tienen algo más en común: su tamaño. Cada una capitaliza más de un billón de euros. Por ponerlo en contexto, la empresa española más exitosa –y grande– es Inditex. Apenas llega a los 90.000 millones. Esto genera una clara oportunidad: las compañías pequeñas han quedado olvidadas en las carteras de los inversores. Los datos desde finales de 2018 así lo acreditan en algunos mercados europeos, como es el caso de Francia.

Si algo podemos sacar en claro de la situación actual es que las bolsas mundiales son ciertamente dispares. Algunas regiones, como es el caso de Estados Unidos, están cotizando a un PER de Shiller un 100% por encima de su media histórica. Otras, como es el caso de las pequeñas capitalizaciones en Europa, presentan valoraciones más razonables en relativo. Pero más allá de un múltiplo del mercado relativo mejor, este nicho de mercado es interesante por un motivo muy sencillo: es más rentable y más ineficiente. Parecen dos caras de la misma moneda, pero son aspectos diferentes. La rentabilidad es fácil de medir: los índices de small caps obtienen en periodos largos de tiempo más rentabilidad que los de gran capitalización. Es lo que ha sucedido en Francia entre 1999 y finales del pasado febrero: 231% de rentabilidad (CAC Small) frente a un 44% (CAC 40). La ineficiencia es algo más complejo de cuantificar, pero hay claros indicios. Las compañías grandes en Francia son analizadas, de media, por 25 brókers, mientras que nuestro fondo Sextant PME cuenta con el 80% de su cartera con menos de 5 analistas. Es fácil de entender que, si pocos ojos analizan cualquier empresa, sea esta grande o pequeña, será más probable que en ocasiones el mercado valore de forma inadecuada una acción. En ocasiones, las buenas noticias tardan semanas e incluso meses en verse reflejadas en los precios de las acciones. Esta realidad es, a ojos de muchos inversores, algo que desean evitar. Para un perfil de inversor, más paciente y con un foco en el largo plazo, no sólo es irrelevante sino algo deseable. Es el equivalente a pescar en ríos con más probabilidades de encontrar peces al tiempo que resulta más sencilla la pesca.

Otro atractivo de las small caps es una palabra muy de moda en el mundo de la inversión: el crecimiento. Evidentemente, empresas de éxito como Apple o Coca-Cola tienen pocos mercados en los que expandirse. Una small cap suele tener mucho más espacio para crecer y ganar más. El año pasado, sin ir más lejos, algunas compañías tecnológicas, como es el caso de Westwing o Home 24, subieron un 1.000% desde sus mínimos de marzo. ¿Creen que es posible que le suceda lo mismo a Apple? No parece probable, pues supondría tener una capitalización de 20 billones de euros cuando el S&P500 cuenta con una de 33 billones para las otras 499 empresas.

Ahora vayamos con los principales inconvenientes que los críticos suelen aducir. A grandes rasgos, se suele mencionar una elevada volatilidad e iliquidez. Con respecto a la volatilidad, efectivamente la pequeña capitalización es más volátil. Para los inversores value, esto es una ventaja. ¿No preferiría que hubiese diez veces al año rebajas en vez de dos? Pues la misma lógica debería aplicar a los mercados, pero no lo hace pues nuestros innumerables sesgos cognitivos nos impiden tomar siempre buenas decisiones de inversión. Con respecto a la iliquidez, no hay mucho que objetar. A igualdad en todo lo demás, un inversor siempre preferirá la compañía más ilíquida. Lo cierto es que la mayoría de fondos de inversión ya cuenta con multitud de elementos para gestionar el riesgo de liquidez. Uno de ellos es evitar la excesiva concentración de la cartera en unos pocos valores. En Amiral Gestion usamos un innovador modelo de gestión por subcarteras, que suele generar carteras de 70-100 valores. En resumen, el comportamiento rebaño a veces genera oportunidades que un inversor inteligente puede aprovechar.

Raphaël Moreau es titulado en Finanzas Empresariales por ESSEC en 2007. Tras adquirir experiencia en análisis financiero en UBS y Calyon, se incorporó en 2008 a Amiral Gestion, firma en que en la actualidad es Socio y Gestor.