Foto: Jacobo Medrano

El activo más importante de una empresa son sus clientes”, asegura Domingo Torres, director en España y Portugal de la sucursal de Lazard Fund Managers e hijo de inmigrantes zaragozanos instalados en París. Por eso aboga por la diversidad y la inclusión.

¿En qué se diferencia Lazard de otras compañías gestoras?

Nuestra piedra filosofal es ser una empresa global con enfoque local y por eso diseñamos nuestros equipos para que conozcan el mercado donde están ubicados. Estamos presentes en 18 países, contamos con más de 50 nacionalidades entre nuestros empleados y hablamos un sinfín de idiomas. Gracias a esto podemos adaptarnos al “lenguaje” que habla cada mercado y hablarles a los inversores en su propio “idioma”.

¿Qué características tendría el lenguaje de las inversiones en España?

A diferencia de otros países en los que el dinero es casi tabú, España es un mundo mucho más abierto a la hora de hablar de finanzas. Cuando nuestro grupo llegó a España, tuvimos que adaptar la comunicación porque los depósitos tradicionales de los bancos habían hecho que el inversor español perdiera la noción de riesgo. Las gestoras tuvieron que reeducar al inversor español para que entendiera que tener cierta rentabilidad implica aceptar una parte de riesgo.

¿Hay poca cultura financiera en España?

El inversor español ha ganado en educación financiera y lo hemos visto con la primera ola de la COVID-19. En otras crisis, como la de 2008, vimos salidas masivas, inversores que echaban a correr y lo vendían todo en el primer momento. Aquí hemos visto movimientos, pero no tan importantes como otros años, así que algo habremos hecho bien.

¿Qué ha cambiado con la COVID-19?    

Como inversores vislumbramos que  los sectores más beneficiados serían aquellos que hemos estado utilizando desde el día uno del confinamiento y que vamos a necesitar en adelante: tecnológicas, la nube, ciberseguridad y plataformas de comercio online. No es que se haya inventado nada, es la consecuencia del confinamiento trasladada a la economía real. Los sectores debilitados: hostelería, turismo, transporte y viajes, serán de considerar en la fase de vuelta a la nueva normalidad.

¿Qué podemos esperar de 2021?

La actividad seguirá siendo caótica, pero se irá recomponiendo al ritmo de los confinamientos en función de las medidas de restricción y del avance de las campañas de vacunación. En el ámbito económico y financiero, pensamos que habrá un repunte en la actividad que girará hacia activos de riesgo y que los tipos de interés seguirán muy bajos, así que si queremos tener mayor rentabilidad habrá que ir hacia renta variable.

¿Dónde sería recomendable invertir?

Dentro de la renta variable, preferimos la europea y luego, la emergente. En la europea nos gustan especialmente las empresas de tamaño pequeño de la eurozona, con más de 20 años de cotización y líderes en su pequeño mercado, que pueden rebotar con la recuperación económica de forma más interesante que las grandes. Para perfiles menos arriesgados, recomendamos un activo híbrido como los bonos convertibles que permiten beneficiarse de parte de una potencial evolución alcista de las bolsas, estando más protegido ante una corrección debido al componente de renta fija intrínseco en el mismo. En 2020 hemos tenido el escenario perfecto para poder validar esa teoría. Para los inversores más conservadores, los fondos de renta fija a vencimiento son interesantes para plasmar un rendimiento de cartera superior a 1% diversificando sus motores de rentabilidad. En nuestro caso, el fondo con vencimiento 2025 sigue abierto hasta 31 de marzo de 2021.

¿Cómo están influyendo los criterios ESG en las inversiones?

Nosotros no sólo hemos implementado criterios extra financieros para analizar las compañías en las que invertimos, sino que hemos buscado conseguir el label  ISR (Inversiones Sostenibles y Responsables) que otorga el Ministerio de Economía francés. Tener en cuenta estos criterios aumenta la rentabilidad económica que podemos esperar a largo plazo. De hecho, incluso hemos lanzado una estrategia con un filtro de diversidad de género que consiste en invertir en empresas con un 25% de mujeres en el consejo de administración y un 15% por ciento en los comités ejecutivos. Con esto queremos lanzar un mensaje al mercado para que las empresas tomen otro tipo de decisiones. Sin este tipo de filtros tendríamos que esperar más de 200 años para conseguir la equidad entre hombres y mujeres en los consejos de administración y así trabajamos la S de Social pero también la G de Gobernanza. Es una forma de demostrar que nuestra empresa tiene valores y los está aplicando.