Opinión Javier Ortega Figueiral

Ryanair invierte donde no se le paga: la lección de Madrid

Eddie Wilson, CEO de Ryanair, sonríe junto al alcalde de Madrid y otras autoridades, posando ante un Boeing 737 en el nuevo hangar de Barajas. (FR).

Durante 24 años, buena parte de España ha pagado a Ryanair por volar. Hace un mes, Madrid cobró de esta aerolínea… y lo hizo sin poner un euro.

El pasado 18 de marzo, la conocida aerolínea low cost inauguró en Barajas su mayor hangar de mantenimiento en Europa: 22.000 metros cuadrados, capacidad para siete Boeing 737 simultáneamente, 25 millones de euros de inversión propia y 700 empleos cualificados. Empleos de los que se afirma que tendrán salarios por encima de la media. Un hangar así en Madrid no es un simple aparcamiento cubierto; es un centro técnico de primer nivel, un polo de talento y un activo industrial de alto valor añadido.

Aquí es donde la historia se vuelve realmente interesante. La de Madrid es la única comunidad donde Ryanair ha crecido a gran escala sin necesidad de recurrir a los habituales ‘acuerdos de marketing’, ese término elegante con el que, durante años, distintas administraciones han justificado transferencias que, en más de una ocasión, han tenido poco de marketing y bastante de otra cosa.

Conviene recordarlo porque el contraste es revelador. Desde su aterrizaje en España, allá por 2002, Cataluña destinó más de 112 millones para impulsar operaciones en Girona, Reus e incluso en Lleida, en un modelo que en la práctica convertía a Barcelona en destino final tras un último tramo en autobús, antes del desembarco de la compañía en El Prat con la apertura de la T1. Aragón, Galicia, la Comunidad Valenciana, Castilla y León o Vitoria firmaron acuerdos similares con notable diligencia. En Andalucía, Sevilla acabó asegurando también su propio centro de mantenmiento dentro de esa lógica (aunque la Junta y las diputaciones andaluzas han pasado por caja). Y Canarias lleva décadas sosteniendo rutas que, a veces, duraron lo mismo que el compromiso que las justificaba.

El resultado es difícil de matizar: prácticamente todos han participado, de una forma u otra, en este modelo. Todos menos Madrid (dudaba de un archipiélago, aunque incluso Baleares aportó 250.000 euros en un convenio puntual de co-marketing en 2021 centrado en Menorca). Y Madrid, precisamente, se queda ahora con la mayor instalación de mantenimiento de Ryanair en Europa.

No es casualidad. El patrón de la aerolínea irlandesa es bien conocido: anuncia bases, amenaza con cierres, negocia incentivos y ajusta capacidad según convenga. Se ha repetido en Cantabria, Asturias o Vigo. Es un modelo estrictamente empresarial, sin sentimentalismos y con una memoria selectiva para los compromisos.

Aviones de Ryanair y jets corporativos en Girona en 2008, en la época de mayor presencia de la compañía de bajo coste en el aeropuerto Costa Brava. Los adhesivos promocionales en el fuselaje formaban parte de los acuerdos de marketing entre Ryanair y los territorios. (Javier Ortega Figueiral).

Lo llamativo es que, en este caso, ese manual no ha sido necesario. Porque Barajas no compite en la misma liga. Hace tiempo que juega en otra.

Esta inversión en instalaciones fijas (los aviones ‘en base’ se ponen o se quitan) no es una excepción, sino la confirmación de una tendencia más amplia: el ecosistema aeronáutico de Madrid se está consolidando como un centro de primer nivel europeo sobre bases mucho más estructurales. No es una suma de aerolíneas; es un sistema que se retroalimenta.

La apuesta industrial de Ryanair se suma a la ya histórica de Iberia, que ha convertido la capital en el eje indiscutible de su crecimiento, ahora reforzado con su Plan de Vuelo 2030 y una expansión sostenida del largo radio. A ello se añade Air Europa, que refuerza esa lógica de hub global desde Madrid en un contexto de creciente proyección internacional, ahora además con el apoyo de Turkish Airlines.

Incluso visto desde fuera, el mensaje es claro: pocas plazas ofrecen hoy un encaje tan evidente para invertir, crecer y conectar como el gran Barajas.

Vista cenital de tres Boeing 737 aparcados. El nuevo hangar madrileño de Ryanair será capaz de albergar simultáneamente siete aviones como estos. (FR).

Mientras otros territorios competían (y siguen haciéndolo) por asegurar rutas a golpe de presupuesto público, Madrid ha jugado una partida más larga, apoyada en escala, conectividad y demanda real. La comunidad y la ciudad han sido, en este caso, menos ruidosas porque no hacía falta. Como se ve, ha resultado bastante más eficaz.

En un sector tan dado a los incentivos, a los anuncios y a las urgencias políticas, Barajas ha optado por algo más raro: construir una posición. Y cuando esa posición madura, ocurre lo que acaba de ocurrir.

El resultado no es metafórico. Madrid se queda con el mayor centro de mantenimiento de Ryanair en Europa sin haber financiado su llegada. Los demás, en mayor o menor medida, contribuyeron a crear el terreno de juego en el que la aerolínea aprendió exactamente cómo negociar en España.

Esta vez, sin embargo, alguien decidió no jugar. Y cuando eso pasa, en el negocio aéreo, como en los casinos, suele ser porque la casa ya sabe que va a ganar.

En los últimos tiempos, Madrid siempre gana.

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