Invertir es una actividad que sirve para movilizar el ahorro y no perder poder de compra con el impacto de la inflación. Es por eso que es necesario proteger el capital del que se dispone. La inversión supone, ya no solo que se pueda ganar dinero, sino que no se pierda por tenerlo inmóvil en tu cuenta corriente. Tenerlo parado hace que a la larga se diluya.

¿Cómo puede ser esto? Si no gastamos, no se pierde nada, ¿no? La realidad es que no. El peor enemigo en el ámbito de las finanzas personales es la inflación. Esta se define como el incremento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios. Su cálculo se hace mediante una cesta básica de productos, la cual incluye aquellos que satisfacen las necesidades indispensables de una familia, como la leche, los huevos, el pan, al autobús que coges cada mañana o la gasolina que se reposta.

En muchas ocasiones los precios suben casi sin que te des cuenta, pero cuando percibes que con 500 euros antes podías comprar diez productos y ahora esa misma cantidad te da para comprar ocho, entonces pierdes poder adquisitivo (o de compra), como consecuencia de la inflación (subida de precios).

Es como un fantasma oculto que va haciendo daño poco a poco y en silencio. Y qué mejor manera de combatirlo que espantándolo. Todo ciudadano debe tener en cuenta este indicador a la hora de preservar el dinero que tiene, pues su efecto tiene consecuencias para el futuro.

El coste de la vida se puede llegar a duplicar en varias décadas, por lo que dejar el dinero sin utilizar o debajo del colchón puede no ser bueno. El resultado de no mover el dinero puede ser que llegue a tener la mitad del valor que el que tiene ahora con el paso de los años. Por eso se habla del monstruo de la inflación o de que la inflación es el mayor enemigo del ahorro. Para combatirla hay que invertir ese dinero con un objetivo mínimo: superar a la inflación.

Conceptos básicos sobre inversión: de la renta fija a la renta variable

Antes de crear una cartera de inversiones es fundamental tener unos conocimientos previos. Sabiendo que hay que moverse con el sigilo de un ninja para que el dinero esté lo más protegido posible, es importante conocer dos de los activos de más renombre: la renta fija y la renta variable.

La renta fija tiene como particularidad que su rentabilidad es conocida de antemano. Es fija y de ahí a su nombre. Generalmente, son productos financieros utilizados para captar fondos en forma de deuda. Piensa que el funcionamiento es igual que el de tu tarjeta de crédito. El banco presta un capital y el ahorrador lo amortiza con intereses. En el caso de la renta fija, el banco sería el inversor final.

Pongamos que España o una empresa cualquiera emite deuda a través de un bono con una rentabilidad del 1,5% anual para financiar el proyecto que sea. Los inversores lo compran a un precio “X” a cambio de recibir esos intereses. Estarían financiando al Estado con la contrapartida de que este estaría pagando un 1,5% de intereses a nosotros sobre el dinero invertido cada año.

Pero como cada préstamo, tiene un vencimiento. Las hipotecas o los préstamos personales tienen una fecha final en la que se termina de pagar. Con la renta fija sucede igual. En ese momento se devuelve el importe prestado, pero el inversor habrá recibido la rentabilidad cada año.

En cuanto a la renta variable, la rentabilidad no siempre es la misma. No hay nada seguro, depende de múltiples factores. Esto es debido a que ese rendimiento depende variables tales la evolución de la empresa, la situación económica o el comportamiento de los mercados financieros, entre otros factores. Por eso se dice que la rentabilidad que ofrecen es variable. De ahí su denominación.

Un claro ejemplo de renta variable son las acciones de las compañías. Tesla, Amazon, Netflix, Microsoft y otras muchas. También lo son las materias primas como el oro, o las divisas como el euro. Su precio varía en función de múltiples aspectos.

En definitiva, es un tipo de inversión en la que la recuperación del capital invertido y la rentabilidad de la inversión no están garantizadas, ni son conocidas de antemano, pero que si se hace con idea puede generarte más beneficios.

¿Qué es una cartera de acciones?

Uno de los conceptos más manidos dentro del entorno del mercado es el de la cartera de acciones. ¿Y qué es? Una cartera de acciones es el conjunto de títulos (acciones) que tiene una persona como inversión.

Hagamos un esquema mental. Un inversor analiza todo el mercado y le ha gustado Apple, Microsoft y Disney para invertir. Compra cuatro acciones de Disney, dos de Microsoft y una de Apple. Esas siete acciones adquiridas forman parte de su cartera de acciones.

En este sentido, cada vez son más las familias y particulares que invierten sus ahorros en la bolsa. Para ayudarles en esta inversión, muchos bancos y otras entidades financieras ofrecen un servicio de elaboración de carteras en función del perfil del cliente.

El inversor ha de comparar todo y tomar su propia decisión, porque hay que mirar las comisiones. Si un usuario va a elaborar su propia cartera de valores, ha de tener criterio. Una vez más, no se debe ir hacia el barranco si no se dispone de red de seguridad por debajo. En cambio, si se opta por los servicios de la banca: atención a las comisiones y a los valores en los que invierten.