«Siga al gran capital y tendrá éxito”. Esta frase se ha repetido cuál discurso manido de cualquier tertulia en las últimas décadas. Y quizá sea cierto. Las tendencias muestran una aceleración de los grandes patrimonios. A nivel mundial estos han crecido un 7,6%, según un informe de CapGemini, después de venir repuntando al 5,8% anualmente desde 2013. Pero también en suelo español.

En la última década, el crecimiento de los grandes capitales en España se ha triplicado. Durante este periodo, muchas familias con negocios empresariales han aprovechado además el auge del capital riesgo para encontrar una oportunidad de venta, generando nuevos potenciales clientes en el ámbito del Uhnwi (o número de individuos con un patrimonio igual o superior a 30 millones de dólares). La tendencia ha sido abrumadora.

Esta dinámica creciente no sólo se aplica a los grandes patrimonios, se ha producido a todos los niveles. En el marco español, el ahorro de las familias está en máximos, según el Banco de España, alcanzando este julio la cifra más alta en depósitos desde 1989 (948 billones de euros). Del mismo modo, las inversiones en fondos de inversión también han crecido alcanzando un nuevo máximo al representar el 15% de ahorro particular.

Tal y como describe Borja Durán, Fundador y CEO de Wealth Solutions, se observa, además, que la actividad corporativa en general y los procesos de consolidación en muchos sectores, “están generando eventos de liquidez importantes”, lo que aumenta “el patrimonio de muchas grandes fortunas”.

Un dato reseñable es que, al hilo de las cifras de Refinitiv, el mercado de fusiones y adquisiciones ha tenido una muy buena mitad de año y en 2021 podría superar a 2007 como año récord en operaciones, con 4,3 billones de dólares a nivel mundial. Números absolutamente representativos del destino de viaje del dinero de los ricos.

«Existen herramientas de inversión que ayudan a una gestión de activos similares a las de las grandes fortunas españolas»

En el caso particular de Wealth Solutions, aseguran que en 2021 se está produciendo un crecimiento de activos orgánicos superiores al 35%, las cifras más altas de los últimos cinco años.

El clima se calienta. Para Iker Barrón, consejero delegado de Portocolom AV, sí es cierto que la expansión cuantitativa, las políticas monetarias, los planes nacionales de inversión y gasto público y las subidas de los mercados de valores, “han generado un aumento de muchos patrimonios”.

Los ejercicios más recientes evidencian hacia dónde se están moviendo las grandes fortunas. Seguir sus líneas maestras puede representar una gran referencia para todos los agentes del mercado. El dinero no sale de la nada, sino que rinde. Las buenas estrategias hacen rentabilizar las carteras. Las malas provocan que los números rojos se transformen en una constante. La ley de la vida del mercado.

Replicar en la era de los ETF —los fondos cotizados que copian el comportamiento de un índice, país, sector y un largo etcétera— ya no es una moda pasajera. Anticiparse y saber lo que hace el gran capital representa una enorme utilidad. ¿Adónde fluye el interés ahora? Javier de Prada, jefe de banca privada Madrid en Edmond de Rothschild España, explica que son los negocios de tecnología los que “lideran las operaciones, aumentando el nicho de mercado de las grandes fortunas”.

Por otro lado, el efecto de los mercados financieros también ha ayudado al crecimiento del valor patrimonial de los grandes capitales, en un entorno donde, según ahonda, “las rentabilidades medias están entre el 3% y el 6%, a pesar de escenarios de crisis como el 2020”.

Copiar el estilo

Los clientes de grandes patrimonios, tal y como cuentan los expertos, tienen denominadores comunes a la hora de invertir. Durán explica que las estrategias pueden variar de cliente a cliente, pero en general hay epígrafes que son coincidentes como “la confianza (conocimiento, experiencia y solvencia), los integrantes del equipo”, u otros “recursos necesarios”, entre los que destacan “el uso multicanal” junto con la “tecnología y un reporting de seguimiento multientidad y multijurisdicción”.

Cada vez más, los clientes quieren un asesor que les ayude al diseño y seguimiento de sus distintas entidades financieras y que les aporte una visión global. Si, además, le simplifica la operativa administrativa, les aporta un gran alivio. El usuario de altos capitales cada vez más busca alineación con la empresa que le ayudará en la gestión de su patrimonio, eliminado los conflictos de interés existentes en el sector.

Por eso, en opinión de Durán, la gestión debe ir “más allá de las inversiones” y se hace necesario “un enfoque más holístico”, que defina la política de inversión agregada del cliente y le ayude a “cumplir sus objetivos personales y familiares”. El cliente tiene una mayor formación en la era actual y es “capaz de comparar las distintas alternativas de empresas que le pueden asesorar con su patrimonio”.

En muchos casos quieren aprender, por lo que valoran mucho la formación continua, que se dedique tiempo a explicar y justificar las decisiones que se van tomando, y el proceso en el que se sostienen. Eso les permite, expone Durán, comprender y confirmar que, lo que se está haciendo en términos financieros, está “perfectamente alineado con los objetivos y necesidades que previamente han reflexionado y transmitido”.

«Como punto inicial el capital invertido por un operador menor no tiene por qué ser muy diferente al de los muy ricos»

La idea para el minorista es si resulta de interés que un inversor de este tipo replique las estrategias de inversión de los grandes patrimonios. Como punto inicial, en general, el capital invertido por un operador menor no tiene por qué ser muy diferente al de las fortunas más cuantiosas.

De Prada concreta que es verdad que un mayor patrimonio permite acceder a un abanico de inversiones mayor e, incluso, tener una diversificación patrimonial más equilibrada, aunque la diferencia radica en la “sofisticación de cada usuario”. Un factor que sólo es posible con un patrimonio considerable. De cualquier modo, hoy por hoy, ahonda, existen “muchas herramientas de inversión que pueden ayudar a tener una distribución de activos similar a la de grandes patrimonios de este país”.

Una visión que coincide con la de Barrón. Cree que salvo en los porcentajes en ilíquidos —que por el peso del inmobiliario es difícil hacerlo coincidir, y por categorización de cliente, el acceso al capital riesgo es limitado— considera que en los activos líquidos “es viable la réplica en la estrategia”.

Al final un inversor particular puede copiar en gran medida (salvo, a veces, productos alternativos o ilíquidos con mínimos grandes patrimonios). Con este fin, según Durán, el primer punto sería “definir su patrimonio en base a sus objetivos, es decir, su política de inversión”.

El segundo punto será saber en qué productos invertir. En este caso, el inversor minorista también puede “replicar al mundo a través de fondos a partir de mínimos muy razonables (en ocasiones en torno a 1.000 euros o menos), con costes muy ajustados y totalmente diversificados”, dice el fundador de Wealth Solutions.

Estrategias preferidas

El escenario del 2020 ha demostrado la necesidad de confiar en una estrategia que esté preparada no sólo para mercados al alza en ciclo favorables, sino también preparada para los llamados “cisnes negros”.

Crear carteras de inversiones robustas y con un enfoque de calidad como base, es fundamental. Según de Prada, si bien el cliente siempre busca estrategias de retorno absoluto (all weather) hay que entender que, durante periodos de estrés en los mercados financieros, muchas de las categorías que componen la cartera pueden “sufrir temporalmente en las primeras reacciones”, para, posteriormente, establecer su función de cobertura durante el “periodo más crítico”.

Es el caso del oro o los bonos del tesoro americano, que nos ayudaron a estabilizar las caídas en valoración de otros activos durante el 2020. El entorno de tipos de interés bajos donde venimos adentrándonos desde hace un tiempo, ha empujado a los inversores a revisar con más detalle su horizonte temporal, necesidades de liquidez y asunción de riesgo, con el fin de mantener los retornos pasados que ofrecía, entre otros, los activos de renta fija.

Este ejercicio se ha acelerado en el último año, ante el miedo que presenta el efecto de la inflación y la pérdida de valor adquisitivo. Para ello, y con la función de participar en nichos de inversión más selectivos, diversificar estrategias o reducir el ruido temporal de los mercados tradicionales, los inversores demandan, tal y como explica de Prada, “mayor posicionamiento en activos reales, principalmente inmobiliario y capital privado”.

En esencia el gran capital busca en sus estrategias la preservación del patrimonio de cara al futuro y el de la siguiente generación, así como su apreciación y crecimiento. Durán comenta que han notado cómo las nuevas generaciones manifiestan un interés cada vez mayor en la coherencia entre su manera de trabajar, vivir e invertir, apostando cada vez más “por inversiones en empresas con propósito y /o impacto”.

Warren Buffet, presidente de Berkshire Hathaway Inc.

A su modo de ver, la gestión patrimonial debe enfocarse desde el prisma de la gestión de riesgos y no desde la consecución de rentabilidades. Si se hacen las cosas bien, los resultados llegarán como consecuencia del proceso. El sistema tradicional, en el que prácticamente se comienza por adquirir diferentes productos, atendiendo a un perfil determinado, no logra satisfacer al cliente.

Es clave, profundiza Durán, la formación durante todo el proceso para que los inversores entiendan todo lo que están haciendo, siguiendo la regla de los “20 segundos”, es decir, lo que no se entienda en ese espacio de tiempo, no debe ser “susceptible de inversión”. Con más cultura financiera se van entendiendo más conceptos.

Durante este periodo convulso de pandemia se ha vuelto a confirmar que las carteras que mejor desempeño han tenido son aquellas que, en lugar de dejarse llevar por las emociones, han respetado su vocación de largo plazo, ensalzan los expertos. Se trata de una cesta de activos que se ciñen a la política de inversión y la distribución de activos definida de acuerdo con los objetivos y necesidades del inversor. Sabiendo qué se hace y por qué, se gana perspectiva y tranquilidad.

El enfoque de los clientes depende de cada caso, porque cada uno representa un caso diferente a los demás, dado que sus metas son específicas. Durán valora que, si hubiese que resumir de manera general, todos tenemos objetivos de preservación nominal donde no podemos “asumir volatilidad con 100% de liquidez”. Asimismo, objetivos de medio plazo donde podamos “igualar a la inflación”, y objetivos de largo plazo donde “consigamos batir la inflación, los gastos, los impuestos y tengamos crecimiento sobre unos fondos que no vamos a necesitar por años”.

Con estos mimbres, los expertos que aconsejan a los grandes patrimonios que se centran en sectores como la tecnología, pues es la industria del nuevo siglo. Si antes los bancos, petroleras y grandes conglomerados industriales eran compañías de alto crecimiento, según de Prada, hoy aquellas de componente tecnológico o que están invirtiendo de forma relevante en tecnología para seguir avanzando, son “negocios de éxito”. Identificar sectores críticos (ciberseguridad, big data, salud digital) o nuevas tendencias (regionalización, sostenibilidad), son algunas de “nuestras convicciones de cara al ciclo actual”.

Las estrategias para invertir se pueden implementar con “activos líquidos” o con una mezcla entre estos y “otros ilíquidos”, como son “el private equity y el real estate”, según Durán.

El furor cripto y otras alternativas

Nadie, ni los más ricos, es ajeno al gran ruido que ha generado el sector de las criptomonedas y otros activos alternativos. ¿Están interesados estos grandes capitales en el ecosistema cripto? Y, lo que es más importante, ¿puede entrar en una cartera de inversión?

La clasificación “alternativo” incluye muchas opciones y depende de quien considere el análisis. Para Edmond de Rothschild España, las temáticas a las que presta mayor interés son las dedicadas al private equity, private debt, hedge funds, activos reales o inmobiliario. Este bloque supone cada vez más una parte relevante no sólo en el peso de las carteras de los clientes, sino en la contribución al rendimiento final en detrimento de otros activos más limitados, como puede ser el mercado de bonos.

El mundo de los criptoactivos es actualmente de gran interés para los clientes. Sin embargo, De Prada dice que la mayor parte de los grandes patrimonios pregunta por ello, “sin tomar grandes decisiones de inversión por el momento”. La visibilidad y transparencia, así como la regulación, están en una “fase inicial”.

Los grandes capitales son conscientes del gran cambio que supone la tecnología blockchain y que es, en este momento, donde pueden surgir las grandes oportunidades o diferenciales de rentabilidad, pero el riesgo de pérdida de capital queda muy indefinido. Por eso, De Prada se decanta por seguir “siendo cautelosos”.

Se trata de una tesis que también es respaldada por Durán, puesto que asegura que no recomiendan las inversiones a los grandes patrimonios en criptomonedas principalmente por “la gestión de riesgos”. A pesar de haberles dedicado mucho tiempo de estudio, desde el punto de vista financiero, no es sencillo “conocer y comprender las variables fundamentales y técnicas que conforman el precio de este activo”. Siempre les cuenta a sus clientes que “no inviertan en aquello que no entiendan” y, en este caso, las criptomonedas “no son sencillas de comprender”.

El matiz está en la tecnología detrás de las mismas. Pero, Durán cree que es pronto para considerarlas una “clase de activo”, y que todavía tanto los bancos centrales como las autoridades fiscales de cada país tienen que opinar y regularlas. En línea con lo anterior, dado que no existe una regulación definida que garantice la vigilancia y custodia de las cuentas y monederos digitales, la pérdida o robo de las claves puede suponer perder las criptomonedas, “sin posibilidad de recuperarlas”.

Los activos alternativos sí pueden ser una buena opción para objetivos de largo plazo y en inversores que tengan el tamaño suficiente para poder invertir en ellos de manera diversificada, coinciden los expertos. Es clave entender cómo funcionan, su iliquidez en muchos casos y los plazos de inversión. Estos activos, describe Durán, “ayudan a diversificar el patrimonio teniendo otras fuentes de rentabilidad y una prima de iliquidez, pero no son para todos los inversores”.