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La fiebre inversora por Musk lleva a SpaceX a valer tanto como el PIB español

SpaceX ha arrancado su cotización en el Nasdaq a 150 dólares por acción, un primer precio que deja su capitalización bursátil en el entorno de los 2 billones de dólares

Elon Musk en una conferencia en Chicago.

SpaceX lo ha conseguido. La empresa de Elon Musk ha hecho historia al arrancar su cotización en el Nasdaq con una subida del 11%, abriendo a 150 dólares por acción frente a los 135 fijados en la oferta pública de venta (OPV). Este primer precio deja su capitalización bursátil en el entorno de los 2 billones de dólares, una cifra que la coloca directamente en el top 10 de las mayores compañías cotizadas del mundo y muy similar al tamaño anual de una economía como la española.

La comparación ayuda a dimensionar el fenómeno, con una demanda que ha convertido su debut en un acontecimiento financiero antes de que empezaran a cruzarse las primeras acciones.

Musk ha cumplido su objetivo de captar 75.000 millones de dólares, destronando a la petrolera saudí Aramco, que en 2019 captó 25.600 millones en Riad y quedó como la mayor OPV de la historia, por delante de Alibaba, SoftBank, Visa o Meta. Otro de sus hitos con esta operación es que no reparte poder, mantiene el control sobre la compañía en términos de gobierno corporativo, y además dispara su propia fortuna hasta la frontera inédita del billón de dólares (trillón en inglés).

El empresario de origen sudafricano es presidente, consejero delegado y director técnico de SpaceX. También es dueño del 38% en la compañía, según las estimaciones de Forbes, una participación valorada en 688.000 millones de dólares al precio de la OPV y que, con el arranque a 150 dólares por acción, se elevaría por encima de los 760.000 millones. Musk mantiene además alrededor del 80% de los derechos de voto. Asimismo, posee algo más del 10% de Tesla y un patrimonio que completa con su participación en Neuralink y en Boring Company.

SpaceX, creada en 2002, agrupa tres mundos en uno: cohetes, inteligencia artificial y servicio de internet satelital. Google ya ha firmado un acuerdo para pagar 920 millones de dólares al mes hasta junio de 2029 por acceso a capacidad de cómputo, mientras que Anthropic ha cerrado el uso de capacidad del centro de datos Colossus 1. Sin embargo, SpaceX no llega al parqué como una máquina de beneficios.

La compañía cerró 2025 con pérdidas netas próximas a los 4.900 millones. El segmento de la conectividad asociado a Starlink es el único que a día de hoy resulta rentable, con más de 11.000 millones en ingresos en 2025, alrededor del 60% de la facturación total. En cualquier caso, Wall Street ya ha comprado muchas veces crecimiento antes que rentabilidad. Amazon, por ejemplo, salió a Bolsa en 1997 para financiar sus fuertes pérdidas. También Uber debutó en 2019 tras perder 3.030 millones de dólares en operaciones.

En España, la salida a Bolsa de SpaceX ha despertado una expectación poco habitual para una OPV estadounidense, con pequeños ahorradores que la miran como una oportunidad de entrar temprano en “la próxima Tesla”. De hecho, SpaceX ha reservado un tramo inusualmente elevado a inversores minoristas, el 30%. Una cifra que explica por qué la palabra “culto” aparece cada vez que Musk se acerca al mercado.

Jesús Sánchez-Quiñones, consejero director general de Renta 4 Banco, señala que el interés entre inversores españoles ha sido «realmente elevado». «En muy corto periodo de tiempo y sin apenas publicidad» las peticiones han alcanzado cifras que cuadruplican el valor de la oferta lanzada al mercado. Además, destaca que la operación marca un hito en la distribución bursátil: «Es la primera vez que se organiza un tramo minorista global en una salida a Bolsa de una empresa en EEUU, es un hito histórico».

Manuel Pinto, responsable de análisis en XTB España, confirma que el interés detectado entre clientes particulares es «excepcional» y que SpaceX se ha convertido en una de las compañías más buscadas por los inversores incluso antes de empezar a cotizar. A su juicio, se han mezclado tres factores: el miedo a quedarse fuera de una historia como Tesla, Nvidia o Amazon en sus primeras etapas; el efecto Elon Musk; y la existencia de un negocio real y creciente detrás, especialmente Starlink.

«En general, quienes han acudido a comprar acciones de SpaceX han sido minoristas avezados que ya han invertido con anterioridad tanto en bolsa como en empresas tecnológicas americanas», comenta Sánchez-Quiñones. «El caso de SpaceX tiene alguna similitud con el de Tesla, pero la valoración de la empresa en el momento de su salida a bolsa en sensiblemente superior a la que tuvo Tesla en su día cuando comenzó a cotizar», añade.

El precio de comprar futuro

La fiebre por Musk no se limita al pequeño inversor. Los grandes bancos de Wall Street –JP Morgan, Bank of America y Morgan Stanley– también han desplegado maquinaria comercial para acercar la operación a grandes patrimonios y banca privada. Con todo, SpaceX ha sido el primer gran test en bolsa de la IA; el pistoletazo de salida para los futuros debuts, también explosivos, de Anthropic, Open AI o Databricks.

Martin Todd, responsable de inversión sostenible de Federated Hermes, y Jordan Stuart, director de inversiones de la gestora, apuntan a dos fuerzas que avanzan a la vez: la necesidad de financiar innovación y el apetito de los inversores por nuevas historias de crecimiento. En un informe reciente consultado por Forbes, Julius Baer calcula que con esta cartera de candidatas, las captaciones en EEUU podrían alcanzar hasta 225.000 millones de dólares este año y, en ese caso, superarían el récord anterior marcado durante el boom pospandemia.

El debut de SpaceX llega en ese contexto de apertura del mercado a grandes compañías tecnológicas que necesitan mucho capital. Desde XTB advierten de que el principal riesgo es que la valoración ya incorpore gran parte de las expectativas positivas, aunque también existen otros relacionados con la ejecución. «Buena parte del entusiasmo actual descansa sobre proyectos que todavía deben demostrar su viabilidad económica a gran escala, desde la expansión global de Starlink hasta algunas iniciativas ligadas a inteligencia artificial o infraestructura espacial», señala Pinto.

Por último, el analista también apunta que una OPV de este tamaño puede actuar como una «aspiradora de liquidez» al desviar capital desde otros activos hacia la nueva cotizada. Si SpaceX se incorpora rápidamente a grandes índices bursátiles con una ponderación elevada, numerosos fondos indexados y ETF tendrían que comprar acciones para replicar sus referencias, lo que podría obligar a vender otras posiciones y generar movimientos de capital en Wall Street durante los próximos meses.

Sánchez-Quiñones coincide en que, según vayan liberándose estas acciones de forma gradual, aumentará sensiblemente el free float y, en consecuencia, aumentará el peso de SpaceX en los índices, obligando a los fondos indexados a comprar más acciones. «Al menos durante todo 2026 la volatilidad en la cotización de SpaceX está garantizada», advierte.

Eso no cambiará el hecho de que Musk atesore la mayor fortuna del planeta y haya conquistado el hito de ser el primer billonario de la historia. También han multiplicado su riqueza Gwynne Shotwell, presidenta de SpaceX, y Bret Johnsen, director financiero del grupo; ambos con participaciones significativas. Se calcula que unos 4.000 empleados han recibido acciones desde su creación. Asimismo, entre los grandes beneficiados destacan los inversores privados que ya habían apostado por Musk, como Peter Thiel y Luke Nosek, cofundadores de PayPal. O la propia Google, a través de Alphabet. Millones para todos.

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