El hombre más rico del mundo, con un patrimonio neto que supera los 800.000 millones de dólares según Forbes, prepara una revolución en Bolsa que puede convertirle en el primer billonario del planeta. Elon Musk lanzará SpaceX a los mercados en un debut histórico, con una valoración que se proyecta en los dos billones de dólares.
El cohete empresarial SpaceX despegó en 2002 y tiene como meta recaudar hasta 80.000 millones de dólares. La compañía, cuyas acciones cotizarán en el Nasdaq bajo el símbolo SPCX, fue fundada hace ya más de dos décadas para ‘colonizar’ Marte. Fue la primera en hacer regresar cohetes a la Tierra con energía de propulsión, haciéndolos reutilizables.
Elon Musk posee alrededor de la mitad de las acciones y más del 80% de los derechos de voto. El accionariado lo completan la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, y el CFO, Bret Johnsen; así como varios inversores, entre los que destacan Luke Nosek, cofundador de Paypal, y Antonio Gracias, fundador de Valor Equity Partners.
Con su salida a Bolsa, el también propietario de Tesla quiere levantar capital sin perder control. Las acciones de clase A, destinadas al mercado, tendrán un voto por acción; mientras que las clase B, en manos de Musk y otros accionistas internos, tendrán diez. Esa fórmula le permitirá conservar la mayoría del poder de voto, elegir a la mayor parte del consejo, y acogerse al estatus de «compañía controlada», que exime a la empresa de tener una mayoría de consejeros independientes.
Además, el empresario pretende ampliar al 30% el tramo de la oferta pública de venta para inversores minoristas, el triple de lo habitual —entre el 5% y el 10%—. Una mayor dispersión accionarial de la compañía con la que busca blindarse ante la volatilidad asociada a grandes inversores corporativos, con operaciones de mayor tamaño.
Una carrera con OpenAI y Anthropic
SpaceX aún no es rentable: registró pérdidas de 4.276 millones de dólares en el primer trimestre de este año, según consta en el folleto presentado hace una semana ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC). La única división rentable es el negocio de Internet satelital Starlink. Desde febrero engloba también en su órbita a xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Musk en 2023.
De hecho, en el folleto se describe una actividad que va mucho más allá de lo aeroespacial: «Es la única empresa que está construyendo la infraestructura integrada de hardware y software del futuro en los ámbitos del espacio, la conectividad y la inteligencia artificial«. Recalca que la IA acelera la misión de SpaceX de hacer «que la vida sea multiplanetaria».
En una entrevista reciente con Forbes, Musk aseguró que «en cinco años, la inteligencia digital superará la suma de toda la inteligencia humana, y podría haber al menos 100 millones de robots humanoides, o incluso 1.000 millones». Predijo que la economía duplicará su tamaño actual por el avance de la IA y la robótica, con unos cambios «gigantescos».
Junto a la de SpaceX, el mercado también espera la salida al mercado de OpenAI, el gigante tecnológico dueño de ChatGPT que dirige Sam Altman, cofundador junto a Elon Musk, quien intentó sin éxito comprarla hace un año. Recientemente Musk ha perdido una guerra judicial contra esta empresa por su transformación en una compañía con ánimo de lucro. La siguiente batalla se librará en Wall Street.
Anthropic, otro titán estadounidense de IA fundado por exmiembros de OpenAI, también está en esa carrera y planea su salto al parqué. No es casualidad. Las empresas, y sus bancos colocadores, han escogido una fase alcista, con los mercados en máximos pese a la coyuntura de incertidumbre e inflación, para alcanzar la máxima valoración posible durante la oferta pública. El apetito es feroz, y hay que aprovecharlo.

