Lo consiguió. A pesar de una de las transiciones políticas más dramáticas a las que haya asistido el mundo, con carnavalesco y violento asalto al Capitolio incluido, el pasado 20 de enero Joe Biden conseguía convertirse en el 46º presidente de Estados Unidos y los mercados lo celebraban con nuevos máximos. Desde entonces, hemos sido testigos del globo de la marihuana y su resaca posterior; al ajuste de las valoraciones en las energías limpias y el consecuente rebrote de los combustibles fósiles; y a la llegada de un nuevo cheque de estímulo de 1,9 billones de dólares, con la promesa de un impulso adicional para la renovación de infraestructuras.

Mientras tanto, en las calles, la población estadounidense se vacuna contra el covid-19 a unos tres millones de dosis diarias, enviando un premeditado mensaje de poderío sobre su sector farmacéutico, su capacidad de recuperación y la vuelta al consumo.

Así las cosas, después de las lágrimas, los bancos vuelven a frotarse las manos esperando financiar las compras de los estadounidenses. Animados por las previsiones de crecimiento –este año superior al 5%, según el Fondo Monetario Internacional– y los planes de gobierno de Biden, los analistas creen que los sectores ganadores incluirán, fundamentalmente, aquellos vinculados a las infraestructuras, las energías y tecnologías limpias, y la salud apoyada en la biotecnología.

El rebrote del cobre y el crudo

Pero en un mercado borracho de liquidez no es oro todo lo que reluce. El cambio de perspectiva desde hace un año a hoy es tal, que los expertos retoman el tira y afloja especulando sobre dónde se asentará la previsible inflación. Todo ello en una economía que amenaza con aumentar su ya abultada deuda pública –supera el 100% del PIB–, y que no espera retomar los índices de empleo previos a la pandemia antes de 2025, según los últimos cálculos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO).

“Los datos de la inflación son los más relevantes”, asegura la fundadora y CEO del bróker mundial Blackbird Bank, Gisela Turazzini. Gracias a la evolución de los precios del cobre y del crudo, “las compañías mineras como Freeport McMoran o Southern Copper y las petroleras Tenaris Schlumberger, Repsol o Técnicas Reunidas están teniendo un rebote especialmente loable”.

Actualmente, la industria básica más rentable del índice compuesto Dow Jones es Oil & Gas, “esto es significativo y contraviene con la caída del 40% de Tesla, o el desplome de la compañía de marihuana Tilray”.

“El mensaje que transmite la Reserva Federal (FED), restando importancia al aumento de rentabilidades de los bonos y disipando la idea de un endurecimiento de la política monetaria, hace pensar que va a continuar con su programa de compra de activos y con un abultado balance, por lo que la elevada liquidez existente parece que seguirá apuntalando a los mercados”, indica el analista de Banco Big, José Luis Herrera.

Growth vs. Value: vuelta a los fundamentales

La solución para el inversor podría estar en fijarse en el valor real de las compañías en detrimento de las apuestas por el crecimiento de sus cifras. “Estamos viendo una notable corrección en Wall Street, especialmente en los sectores que han venido liderando el mercado en los últimos años. Esta rotación consiste en pasar de las compañías Growth a las compañías Value, algo que implica, por fin, una vuelta a los fundamentales”.

Pero, ¿cuáles son los nombres que merecen atención dentro de esos sectores?

Brookfield. Verde, pero no a cualquier precio. Biden ha manifestado que una de sus prioridades es afrontar los retos que presenta el cambio climático e impulsar la generación de energía limpia, lo que beneficiará a las compañías del sector. Sin embargo, aquellas que cotizan en bolsa parecen ya haber reflejado en sus precios la tendencia, como demuestra el buque insignia del sector, el fondo cotizado ETF Ishares Global Clean Energy.

El fondo invierte de manera diversificada en compañías como Nextera Energy, Cosan o Jinko Solar Holding, y ha cerrado el año 2020 con una rentabilidad superior al 120%. Para Turazzini, “el sectorial de energías limpias ha sido, con seguridad, el más sobrevalorado, no por incongruencia, sino por las prisas del mercado en posicionarse sobre sectores que marcan tendencia”.

Otro nombre con futuro prometedor, pero con precios poco accesibles, es Brookfield Renewables. Centrada en generación hidroeléctrica, solar y eólica. Según los datos del S&P Global Market Intelligence, su cotización aunmentó un 80% en 2019 y un 74% en 2020. Estos precios podrían ser muy exigentes para un inversor en valor, por lo que el fondo asesorado por Emérito Quintana, el Renta 4 Numantia Patrimonio, prefiere apostar por la matriz, Brookfield Asset Management, con participación en esa filial. “Está bien gestionada y cuenta con activos de calidad y larga duración, que pueden ser beneficiados tanto por las políticas de Biden como por la inflación. Creo que, en los próximos 10 años, la empresa generará en flujo de caja libre más que su capitalización. Si descuentas de esta el valor de mercado de las filiales, sólo se está pagando por el negocio de gestión de activos ocho veces las comisiones fijas y variables de los próximos 12 meses, por un buen negocio que sigue creciendo”.

Tesla. Baterías a demanda. Quintana, reconocido por centrarse en las ventajas competitivas y la calidad de los negocios, confirma que en su cartera también cuenta con acciones de Tesla. La empresa de Elon Musk podría ser una clara beneficiada si se renuevan los subsidios a la compra de coches eléctricos y crece la demanda de sus baterías para instalaciones renovables y tejados solares. Sin embargo, “ahora mismo la palanca de la valoración [de la compañía] depende más de [la línea de desarrollo de los vehículos con] conducción autónoma. Está por ver cómo se comportará la Administración Biden en cuanto a la regulación de vehículos autónomos a nivel federal”, aclara el gestor.

Renovarse o morir

Con un plan de estímulos diseñándose en el despacho oval, el sector de las infraestructuras parece ser uno de los claros vencedores en el largo plazo. A nadie se le escapa la obsolescencia de la red ferroviaria o de carreteras estadounidense y, además, el sector es intensivo en mano de obra, lo que repercute directamente en la reducción del número de desempleados y facilita victorias políticas.

Túnel en la SR-99, de Seattle, construido por la española ACS. Para la infraestructura, de 17,5 metros de diámetro, sustituye al Alaskan Way Viaduct, se ha empleado la tuneladora más grande del mundo hasta el momento.

ACS y Ferrovial. Infraestructuras de media distancia. “La emergencia climática exige a las economías transformar la media distancia del avión al tren eléctrico de alta velocidad, como estamos viendo en Reino Unido y Europa”, confirma la CEO de Blackbird Bank. Prueba de ello es que EE UU habitualmente recurre a empresas internacionales para sus proyectos de infraestructuras, como las españolas ACS o Ferrovial. Son dos nombres que nos gusta tener en cartera, precisamente por el importante peso que tienen allí y la capacidad de crecer en la era Biden”.

Caterpillar y Summit Materials Inc. Maquinaria pesada y materiales. Es una buena noticia para las compañías de maquinaria pesada como Caterpillar, que ya se anota una subida en bolsa en los últimos tres meses cercana al 27%, y materiales de construcción como asfalto, caliza u hormigón. También podría serlo para sus proveedores como Summit Materials Inc, United States Lime & Minerals Inc y US Concrete.

Cisco System y Ericsson. El derecho a internet. “Poca gente habla de los planes de la Administración Biden en infraestructura digital y acceso a banda ancha de internet por todo el país, a modo de derecho básico. Esto podría beneficiar a compañías que formarán parte de este aumento de las redes y que ya están en conversaciones con el equipo de Biden, como Cisco System y Ericsson”, añade Quintana.

Incuestionable, la salud

Los expertos coinciden. La biotecnología y los componentes de equipos médicos van a recibir parte importante de las reformas fiscales, con un incremento del presupuesto público para incentivar el desarrollo de productos contra el covid-19. Además, los efectos de la pandemia han terminado por convencer a muchos de sus detractores de la necesidad de reactivar el llamado Obamacare (Ley de Cuidados de la Salud Asequibles), en un país en el que los costes sanitarios consumen cerca del 18% del Producto Interior Bruto (PIB), según fuentes oficiales.

UnitedHealth Group. El boom de las aseguradoras. Lo cierto es que todavía no está muy claro si Biden será muy duro con los precios de algunos medicamentos, pero parece que las aseguradoras en general y la mayor de ellas, UnitedHealth Group, en particular, serán las grandes beneficiadas. “Si el congreso aprueba la expansión de Medicare, o un programa similar, aumentaría el mercado de UnitedHealth”, señala el asesor de Numantia Capital, que advierte de algunos desafíos del sector con la entrada de empresas disruptivas como Teladoc Health o Goodrx, expertas en telemedicina, y las nuevas tecnologías como la edición genética o el ARN mensajero (ARNm). “Esta última tecnología está siendo muy conocida debido a la pandemia, pues en ella se basan las vacunas de Pfizer, BionTech y Moderna. Es probable que incorporemos al fondo BionTech, pero con un peso pequeño, pues es más difícil estimar el futuro y entender la tecnología y los competidores”.

Farmacéuticas y biotecnología. La innovación en la salud. Turazzini asegura que “no solamente comprar acciones de Pfizer, Moderna o Johnson & Johnson es una idea interesante. También comprender que el conjunto de la industria farmacéutica puede ser atractiva a medio plazo”. La analista confirma que han recomendado, dentro de su short list, el fondo Polar Capital Biotechnology. Este producto invierte de manera diversificada en el conjunto del sector biotecnología y “está teniendo un comportamiento excelente por lo que podría tener cabida en cualquier cartera de un inversor audaz”. Según los datos de la consultora Morningstar, el Polar Capital Biotechnology mantiene una rentabilidad acumulada a un año del 52%.