La lucha por conquistar los mercados hace que las marcas rivalicen entre sí. Algunas veces creando productos de fácil confrontación; otras, compartiendo materia prima y asentando un continente parecido (pero no igual).

Historias como la de C. J. Walker no son aisladas, todo lo contrario. Helena Rubinstein, otra de las mujeres más poderosas del sector cosmético, levantó su imperio inspirándose en unos tarros de crema para la piel cuya fórmula perteneció a un farmacéutico, el doctor Lykusky. La piel protegida del sol con textura de porcelana fue el ideal de belleza que consiguió con el uso de la crema y quiso perfeccionar su técnica para patentar la suya años más tarde. Mejorar lo que ya existía fue la clave de esta empresaria para crear un imperio todavía hoy en auge, con valor de marca y considerado como uno de los más efectivos.

Madam C. J. Walker conduciendo con su sobrina Anjetta Breedlove, su manager Alice Kelly y su contable Lucy Flint.

Más allá de la cosmética, otras muchas compañías rivalizan desde sus primeros momentos. Como sucede en el caso de Coca-Cola (1886) y Pepsi-Cola (1893). La segunda creó, siete años después de que lo hiciera la primera, un brebaje similar, pero vendiéndolo como un remedio casero para hacer la digestión. De fórmula protegida, la rivalidad entre ambas es tan histórica como sus bebidas.

Lo mismo ocurre entre los productos creados por Bill Gates y Steve Jobs. El primero dio la voz de salida al segundo y ambos levantaron un imperio de sus correspondientes empresas, con Microsoft y Apple, respectivamente. Aunque luego fue Gates quien creó Windows y fue acusado por Jobs de ser el artífice de una burla copia de su sistema operativo. Sin abandonar la tecnología, dos empresas potentes también tuvieron que verse las caras en determinado momento de su relación: Sony anunció en 1991 un proyecto conjunto con Nintendo para crear una nueva versión del Super NES. Cuando la experta en videojuegos temió que Sony pudiera valerse de su estructura para crear estos juegos, cambió de aliado y puso en práctica su idea con Philips. Como toda acción tiene su reacción, las altas esferas de Sony dieron luz verde a la utilización de lo aprendido para poner en el mercado la famosa PlayStation.

Lejos de acabar aquí, el fast food también ha librado sus propias batallas. McDonald’s y Burger King agudizaron su particular guerra en el año 1957, cuando Burger King dio a conocer el Whopper, la hamburguesa cuya calidad-precio era más que aceptable y a la que McDonald’s respondió con un producto similar hasta en sabor, el Big Mac.

Aunque la competencia empezó en 1953, cuando Keith J. Kramer y Matthew Burns descubrieron esta cadena de hamburguesería y decidieron crear la suya propia con productos prácticamente idénticos. Un golpe de efecto que el destino le devolvió al magnate de la cadena competidora, Ray Kroc, por hacer que los auténticos fundadores de McDonald’s, los hermanos Richard y Maurice McDonald’s, perdieran el control de su empresa poco tiempo después de fundarla a finales de los años 30, al convertirse Kroc en socio y dueño absoluto de una marca que no le correspondía.

Sin alejarnos demasiado de los titanes de la restauración, la imitación también se observa en la gran distribución. Mercadona está experimentando el poder de la fama con un turco imitador, la cadena File muestra un logo y una estrategia de negocio muy similares a la liderada por Juan Roig aquí en España. En plena fase de expansión en Turquía y con solo cinco años de existencia, File ya cuenta con un centenar de establecimientos en su país y parece haber sido capaz de imitar la clave del éxito de Mercadona.