La Justicia francesa ha condenado este lunes a tres años de prisión al expresidente francés Nicolas Sarkozy por corrupción y tráfico de influencias en el caso Bismuth (o caso de las escuchas).

Sarkozy, según el tribunal, ofreció contrapartidas en 2014 a un fiscal a cambio de informaciones y ayuda en una causa que le afectaba directamente.

El que fuera presidente de la República entre 2007 y 2012 ve complicado con esta condena sus intentos de influir en la política francesa e incluso de regresar a la batalla electoral. El antiguo jefe de Estado coqueteaba con la idea de ser candidato a las presidenciales de 2022 si el actual presidente, Emmanuel Macron, desistía de presentarse, o estallaba una gran crisis en el país.

‘Pacto de corrupción’

La sentencia, que deja en suspenso dos de los tres años de cárcel a los que ha sido condenado, incluye también penas similares contra su abogado Thierry Herzog y el juez Gilbert Azibert, las otras dos patas de la trama. En el caso de Azibert, la pena lleva también aparejada una inhabilitación de cinco años para el ejercicio de su profesión.

El tribunal consideró probado, tras el juicio celebrado a finales de 2020, que los tres participaron en un “pacto de corrupción”, desvelado gracias a las escuchas en una línea telefónica secreta que usaban Sarkozy y Herzog, y que estaba registrada bajo el nombre falso de Paul Bismuth.

Esta es la segunda condena a prisión que recibe un presidente de la República francesa en años recientes. En 2011, su antecesor y mentor, Jacques Chirac, fue sentenciado a dos años de prisión por malversación de fondos públicos y abuso de confianza, pero no los cumplió debido a su edad y estado de salud.