El año 2020 ha sido un annus horribilis para buena parte de los sectores económicos y ha llevado en muchos casos a la adaptación y la reinvención de las fórmulas tradicionales para hacer frente a la crisis económica derivada de los confinamientos y restricciones. Y el mundo del cine, al menos en lo que se refiere al mercado tradicional, no ha podido evitar que ese tsunami le alcanzara.

Rodajes cancelados, estrenos retrasados una y otra vez, postergados sine die o ‘redirigidos’ a plataformas de streaming propiedad de los grandes estudios o en virtud de acuerdos con tercero (como han hecho Sony y Apple)… A lo largo de 2020 Hollywood ha tomado todo tipo de decisiones para que la situación mundial no se llevase por delante las apuestas económicas previstas para este año. Algunos han capeado el temporal mejor que otros, pero pocos podían imaginar que 2021 iba a deparar una sorpresa tan desagradable como la que se perfila desde comienzos de diciembre.

A lo largo de 2020 Warner se erigió como el estudio más decidido a conseguir que llegaran a las salas, de un modo u otro, sus grandes estrenos, como la esperada obra de Christopher Nolan, Tenet. Por eso cayó como una bomba, a comienzos de diciembre, el anuncio de que el estudio pensaba lanzar todos sus grandes estrenos de 2021 –17 títulos en total– de forma simultánea en salas de cine y en HBO Max (por el momento, solo para sus suscriptores en Estados Unidos) sin coste adicional.

Poco antes, el estudio fundado en 1923 por los hermanos que le dieron su apellido, ya anunció que iba a tomar esta medida con Wonder Woman 1984, pero dada las condiciones actuales se tomó como una solución desesperada para no posponer más este estreno y salvar de ese modo con cierta solvencia el periodo navideño.

Pero la cartera elegida para esos estrenos simultáneos alcanza las apuestas más importantes del estudio para el próximo año, cintas tan esperadas como Dune, Matrix 4, una nueva entrega de The Conjuring, el remake de Space Jam o Godzilla vs. Kong.

Como se ha indicado, estas cintas se estrenarán de manera simultánea en las salas y HBO Max, y estarán disponibles en esta plataforma durante un mes, antes de pasar a otros formatos como el Blu-Ray. Se mire como se mire, la puñalada va directa al corazón de las salas de exhibición.

Merced a ese acuerdo entre Warner y la plataforma de streaming, esta pagará al estudio cinematográfico una licencia de 31 días de derechos equivalente a lo que Warner ingresaría en taquilla, a cambio de tener la película disponible durante un mes. No obstante, dada la caída de espectadores de estos meses, se ha establecido un mínimo de licencia de 10 millones de dólares o el 25% de los costes de producción de la película (en virtud de la cifra que sea más alta). Con este acuerdo, WarnerMedia salva los números, pero deja en mala situación a los socios de Warner Bros. responsables de las producciones elegidas. ¿Y por qué a Warner sí le salva el año? Esencialmente, porque todo queda en casa.

HBO ‘supervitaminado’

El conglomerado multinacional AT&T es el propietario de WarnerMedia –con su infinidad de divisiones de entretenimiento audiovisual, el estudio Warner Bros. incluido– y del legendario canal de televisión por cable HBO. Cuando los usuarios históricos de este comenzaron a caer, AT&T decidió poner en marcha soluciones y plataformas como HBO Go, HBO Now o HBO Europe, que ya confirmaron antes de finalizar 2020 que irían siendo actualizados –incluyendo HBO España– a HBO Max durante el segundo semestre de 2021. ¿Y de dónde sale HBO Max?

Cuando en AT&T vieron que el futuro del audiovisual pasaba por el streaming se dieron cuenta de que algo tenían que hacer: crear una plataforma desde cero o bien reinventar la que ya tenían, cuyo nombre, para muchas personas, era sinónimo de calidad. Y al igual que hizo la compañía de Mickey Mouse con Disney Plus, también se decidió probar este HBO “supervitaminado” en EE UU en primer lugar.

Fotografía: HBO

Habrá que esperar a comprobar si su implantación mundial impulsa nuevas medidas que estimulen la clientela, porque por ahora HBO Max es conocida, principalmente, por ser uno de los servicios de streaming más caros del mercado, por encima de Prime Video, Disney Plus. Esto se traduce en una discreta evolución de suscriptores, que en noviembre de 2020 alcanzaban –en EE UU, recordémoslo– los 28 millones de personas. No está mal… si los datos de sus competidores directos y sobre todo sus curvas de crecimiento no fuesen notablemente más halagüeñas.

Los números

En España, según las últimas cifras disponibles, la industria cinematográfica había perdido a finales de octubre de 2020 más de 345 millones de euros como resultado de la pandemia, el 55% de todo lo recaudado en 2019. En términos mundiales, las taquillas llegaron a retroceder a índices que no se veían desde hacía medio siglo. El pasado inmediato ha sido horrible para las salas, pero la noticia de Warner ha venido a dinamitar las esperanzas que tenían puestas en un futuro cercano.

“Warner Media tiene la intención de sacrificar una parte considerable de la rentabilidad de su división de estudios cinematográficos, y la de sus socios de producción y cineastas, para subvencionar su puesta en marcha de HBO Max”, explicaba Adam Aron, CEO de la poderosa cadena de cines estadounidenses AMC, horas después del anuncio de Warner.

Los cineastas tampoco se han quedado callados, entre ellos un airado Christopher Nolan, que ha llegado a definir HBO Max como “la peor plataforma de streaming”. Por su parte, Legendary, la productora de títulos afectados por la decisión de Warner, como Dune o Godzilla vs. Kong, se estaría planteando demandar al estudio por adoptar la polémica decisión sin consultarles antes, según ha informado el New York Times.

Lo que a muchos no le ha pasado por alto es que la apuesta de Warner por HBO Max, presentada como una melodramática medida para sobrellevar la crisis pandémica podría esconder, en realidad, una fea manera de aprovechar las circunstancias para entrar en la ‘guerra del streaming’ con una buena provisión de éxitos seguros que animarían multitud de suscripciones.

Crónica de un año agitado

Tras desatarse el temor por todo el mundo a lo largo de la pasada primavera, al tiempo que se extendían los contagios y las muertes como consecuencia del COVID, las grandes casas cinematográficas fueron tomando medidas. Cuando se vio que no sería posible mantener una vida social al uso, la decisión más extendida fue la de cambiar las fechas de estreno de los grandes estrenos, retrasándolos a otoño, momento que pocas han mantenido en favor de la primavera de 2021.

Aún era abril y todo incertidumbre cuando DreamWorks decidió estrenar Trolls World Tour en PVOD, es decir, en streaming bajo pago en diversas plataformas. Esta medida resultó bastante favorable según las cifras expuestas por Universal, responsable de que la película llegara a las salas seis meses después.

El siguiente sobresalto en el sector llegó cuando Disney anunció que su adaptación con “personajes reales” de Mulán, con un presupuesto de 200 millones de dólares, iba a estrenarse directamente en Disney Plus, con un precio de 30 dólares adicionales para los suscriptores de la plataforma. Aquello causó un gran revuelo que se tradujo en un incremento moderado de suscriptores, una medida tan efectiva, en definitiva, que Disney anunció a finales de noviembre que la película estrella de Pixar para las pasadas navidades, Soul, se estrenaría en Disney Plus el día de Navidad sin recargo alguno para sus suscriptores.

Mientras tanto, Warner tanteaba qué pasaría con Wonder Woman 1984 al tiempo que Apple llegaba a acuerdos con Sony para distribuir varias de sus películas en Apple TV Plus. Ni los más virtuosos guionistas del Hollywood clásico hubiesen podido otear un panorama tan azaroso e impreciso en un periodo de tiempo, además, tan urgente.

Ir al cine, experiencia completa

Desde el portal tecnológico Xataka se hacían eco de la reacción, ante estas medidas de Hollywood, desde la Federación de Entidades de Empresarios de Cine de España (FECE), representativa del 80% del mercado de salas de cine españolas. Su dircom, Borja de Benito, explicaba en una entrevista: “Lo vemos más como una guerra de plataformas, donde se está damnificando a las salas de cine. Es la guerra de Disney Plus y HBO Max. Entendemos que la incertidumbre está en el mercado americano, en Europa no hay tanta pues la evolución de la Covid va mucho mejor que allí, donde van con mucho retraso”. Y asegura que siguen considerando las salas de cine “como la mejor forma de ver una película. No podemos hacer una previsión, porque lo más probable es que no se corresponda a la reali- dad porque no tenemos información”.

Desde la FECE defienden que antes de la crisis desatada por la pandemia se venían realizando inversiones muy importantes para dar mayor protagonismo a las salas, para que “ir al cine” no fuese solo ver la película, sino la experiencia en sí que conlleva estar en una sala, desde las butacas Premium al SecreenX o el 4DX. “El modelo tradicional es que una película se estrenaba en salas de cine y luego, al cabo de 3 o 4 meses en otro soporte. Ahora es una plataforma, antes el DVD o el VHS”, explica De Benito en la citada entrevista, y añade que se trata de un modelo “que ha funcionado en todo el mundo desde hace muchísimos años y funciona. A nivel económico es el que más rendimiento da a todos los actores de la industria”.

Por su parte, al hilo de todas estas noticias, Jaume Ripoll, cofundador de la plataforma de streaming Filmin, se expresaba en las redes sociales de manera poco optimista para las salas. En su opinión, el cambio será permanente y otras distribuidoras seguirán los pasos de HBO Max. “Disney Plus irá después. Universal lo hará con Peacock. Sony y MGM pujarán por Apple, Amazon y Netflix”, explicaba Ripoll en Twitter, al tiempo que avanzaba que ante este panorama, los festivales parecen perfilarse como socios imprescindibles de las salas para sobrevivir.

Disney se dispone a recuperar su inversión ‘estelar’

Cuando en octubre de 2012 Disney anunció que compraba Lucasfilm por 4.000 millones de dólares, muchos pensaron que habían perdido el juicio. La franquicia Star Wars podía ser popular pero, ¿tanto? ¿Qué iban a hacer, producir una trilogía de vez en cuando?

El pasado 10 de diciembre, durante el Disney Investor Day, quedó patente que la compañía del castillo de la magia no tenía previsto desperdiciar un centavo. Disney Plus tiraba la casa por la ventana y anunciaba de golpe un aluvión de grandes estrenos –más de 50– con el firme propósito de convertirse en la plataforma de streaming por excelencia, poniéndose por delante de Netflix y HBO.

Según Bob Chapek, CEO de la compañía, su objetivo es llegar a los 350 millones de abonados en todo el mundo a finales de 2024. Y para ello harán unir fuerzas a tres universos realmente potentes: Star Wars, Marvel y Pixar. Pero esa cifra millonaria… Piensan alcanzarla sumando sus plataformas televisivas: Disney Plus, Hulo, ESPN Plus y la nueva extensión de Star, que recogerá producciones de FX, la cadena ABC y Fox, recientemente adquirida.

Del universo Marvel se estrenarán cinco series en 2021, y de Star Wars, un total de doce. Y es que hay que rentabilizar debidamente esa inversión de 4.000 millones.