En 2008, y pese a la enorme crisis económica que se fraguaba, algunos valientes decidieron empezar aventuras empresariales. Emilio Sánchez fue uno de ellos. Hoy, tras catorce años de esfuerzo, lidera una empresa de más de 240 trabajadores, con proyectos en todo el mundo y reciente ganadora del premio CEPYME en la categoría de innovación. Lo ha conseguido sin ningún tipo de financiación, arriesgando mucho y convirtiendo la tecnología y la digitalización es sus principales estandartes.

¿Cómo surgió crear una empresa de ingeniería en un año tan convulso como 2008?

Es el típico sueño que tienes cuando eres joven y acabas de salir de la carrera, pero al final te metes en el mundo profesional creyendo que puedes cambiar las cosas trabajando en grandes empresas. Cuando arrancamos en 2008 fue, precisamente, porque nos dimos cuenta de que existía un nicho de mercado en España. Una zona media con grandes proyectos, donde nadie ofrecía un servicio de calidad basado en nuevas tecnologías.

Y no ha ido nada mal…

Sobre todo porque hemos sido muy camaleónicos y poco conservadores. El mercado pedía algo diferenciador y empezamos a trabajar con nuevas metodologías como BIM o la realidad aumentada y virtual. Al principio pensaban que estábamos locos. En Estados Unidos y en países europeos como Alemania
sí que es verdad que tenían otra filosofía acerca de la tecnología, pero aquí tenemos mucha resistencia al cambio, somos muy conservadores. Esto no quiere decir que no seamos emprendedores e innovadores, eso es mentira. Pero es verdad que tenemos ciertas barreras, sobre todo educacionales, y sociales, que en países como EEUU no tienen.

“Apostamos por la automatización, que permite a los ingenieros dedicar menos tiempo a cosas que no aportan valor”

¿En qué consisten esas tecnologías que han cambiado las reglas de la ingeniería?

En el caso de BIM, que es la metodología que se ha impuesto a nivel mundial, nos permite hacer un diseño 3D de una construcción. Al final los ingenieros han pasado de hacer planos en oficina a hacer maquetas virtuales de lo que luego se va a ejecutar de forma real. Eso te ayuda a hacer un mejor diseño y a identificar posibles errores durante la fase de construcción. Después es cuando entra en juego la realidad virtual, gracias a la cual cliente puede acceder virtualmente a una simulación y ver cómo será el resultado final.

¿Y el gemelo digital?

Imagínate que pudieras conocer lo que pasa en cada parte de tu cuerpo en tiempo real en función de lo que has comido, del deporte que has hecho o de las revisiones médicas que ha tenido. Esto es igual, pero aplicado a la industria. Es una recreación virtual de, por ejemplo, una planta industrial, que simula en tiempo real lo que está ocurriendo en ella a través de los datos que recibe del corazón, del cerebro, que sería la sala de control, de las tuberías, que serían las arterias. Toda esa información sirve además para cruzarla con el resto de datos de la empresa para, mediante algoritmos, adelantarnos a futuros problemas e incluso tomar decisiones de negocio.

Y para minimizar los errores humanos, ¿no?

Claro. Porque además nos permite mejorar la formación y training. Ahora estamos en un proyecto enorme con una gran empresa del sector O&G en el que quieren que un operario que esté en Madrid pueda visitar virtualmente la planta de la compañía en otra región y así reunir la información que necesita. Este sistema también permitirá ofrecer mejor formación a los empleados, ya que en lugar de ponerles vídeos sobre lo que van a hacer, lo vivirán de primera mano. También apostamos mucho por la automatización, que permite a los ingenieros focalizarse en desarrollar tecnología que aporte valor, que es lo que España necesita.

Trabajáis en sectores clave para el futuro. ¿Cómo puede ayudar vuestra tecnología?

Vivimos un momento en el que es necesario implementar nuevas fuentes de energía, y ahí la tecnología es clave para conseguir mejorar la productividad. Ahora mismo tenemos un proyecto muy grande llamado Idea Green con el que queremos focalizarnos en proyectos de sostenibilidad. Uno de nuestros pilares fundamentales es el hidrógeno verde, que consideramos que va a ser uno de los vectores de referencia para reducir las emisiones de CO2 de cara a 2050.

¿Qué planes tenéis para el futuro?

Este año esperamos facturar 12 millones de euros, y para 2026 queremos alcanzar los 30 millones. También queremos seguir con el proceso de internacionalización, especialmente en Latinoamérica y África, donde ya hemos hecho proyectos en Argelia, Marruecos, Mauritania, Guinea Conakry… También queremos hacer cosas en Emiratos Árabes y Qatar. Incluso nos vemos con capacidad de competir en países europeos como Francia o Alemania. Además, seguiremos integrando las nuevas tecnologías que vayan surgiendo y que podrían cambiarlo todo, como por ejemplo el metaverso.