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Noches del Botánico: diez años creciendo sin renunciar a su esencia

Del 4 de junio al 31 de julio, Noches del Botánico celebra su décimo aniversario con una nueva edición que insiste en una manera distinta de entender la música en directo, como explican sus directores, Ramón Martín y Julio Martí.

Ramón Martín y Julio Martí, directores de Noches del Botánico, en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII (UCM). Foto: Jaime Partearroyo.

El éxito de los festivales se ha medido, habitualmente, en cifras: aforo, nombres, impacto. En el caso de Noches del Botánico esa lógica se mantiene, pero no se agota en esos parámetros. En su décimo aniversario, el festival vuelve del 4 de junio al 31 de julio al Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid con una programación que reunirá a artistas como Van Morrison, Rigoberta Bandini, John Legend, Jean-Michel Jarre, Love of Lesbian, Shinova, The Kooks o Lia Kali, entre muchos otros. Pero, más allá del cartel, su propuesta se juega también en otro lugar: en lo que ocurre antes del concierto, en el espacio que lo rodea y en una manera de entender la música en directo que no depende tanto de crecer como de mantenerse. Diez años después, ese planteamiento no solo sigue vigente, sino que ha terminado por definir el proyecto, como explican sus directores, Ramón Martín y Julio Martí.

Noches del Botánico se ha consolidado, tras 10 años, como uno de los eventos culturales más reconocibles del verano madrileño. ¿Cuál dirían que ha sido la decisión clave que ha definido el proyecto desde el inicio?

Ramón Martín: En este caso no hubo una única decisión clave, sino una suma de factores que nos llevó hasta aquí. El primero fue aceptar la propuesta de la Universidad Complutense de crear un evento que cubriera el vacío dejado por Complujazz, el ciclo de jazz impulsado por la propia universidad, que acabaría convirtiéndose en el origen de lo que hoy es Noches del Botánico. El segundo, la posibilidad de celebrarlo en el Jardín Botánico de la Universidad, un entorno único y perfecto para un ciclo de conciertos. Y, por último, el deseo de crear una propuesta musical a la que nosotros mismos quisiéramos asistir como público: algo diferente a lo que existía en ese momento.

Julio Martí: Tomar la iniciativa y decidir hacerlo fue fundamental. El momento clave llegó cuando entendimos que aquel espacio podía albergar un festival importante, tanto por sus características como por los artistas que podíamos atraer. Desde entonces, trabajamos con la máxima ambición posible dentro de las capacidades del recinto. Si el espacio permite un aforo máximo de 4.000 personas, es necesario establecer un criterio coherente sobre lo que se puede ofrecer a cada artista en función de esa dimensión. A partir de ahí, se han alcanzado acuerdos equilibrados entre los artistas y nosotros, que han permitido que las propuestas resulten viables y atractivas para ambas partes

El festival ha mantenido su ubicación durante toda su trayectoria. ¿Por qué era importante no moverse?

R. M.: Porque Noches del Botánico no se entiende sin el Jardín Botánico de la Universidad Complutense. El festival nace y crece aquí, y gran parte de su identidad está ligada a este espacio. La experiencia comienza desde que el público entra al recinto a las siete y media de la tarde y disfruta del entorno, la comodidad y una forma distinta de vivir la música en directo. Además, el espacio también marca la diferencia para los artistas. Muchos de ellos deciden volver porque encuentran aquí unas condiciones muy especiales. Un ejemplo es Van Morrison: fue un artista que tardamos mucho tiempo en conseguir y, tras ofrecer dos conciertos hace dos años y sentirse tan cómodo, su propio equipo nos propuso regresar en la siguiente edición. Eso demuestra que el artista encuentra aquí el contexto ideal para ofrecer algunos de sus conciertos más especiales en Madrid.

El formato es relativamente contenido en aforo, pero por el escenario han pasado artistas de primer nivel internacional. ¿Cómo se construye ese equilibrio entre escala y ambición?

J. M.: Precisamente, en parte, por lo que comentaba antes: el criterio. Hemos sabido ajustar la relación entre la capacidad del recinto y el caché de los artistas. Esto ha sido posible porque hemos alcanzado acuerdos presupuestarios equilibrados, pero también porque los propios artistas quieren formar parte de este espacio.

Muchos artistas repiten, incluso como público. ¿Qué creen que hace que Noches del Botánico funcione también desde el punto de vista artístico?

J. M.: Lo más importante es que el artista se sienta como en casa desde el momento en que llega al recinto. Nuestro objetivo es anticiparnos a sus necesidades y ofrecerle todo lo necesario para que pueda centrarse únicamente en su actuación, siempre dentro de unos márgenes lógicos. Ponemos a su disposición los mejores recursos en sonido, producción técnica y escénica para garantizar que el espectáculo alcance el máximo nivel. Gracias a ello, conseguimos que los artistas se sientan satisfechos y alineados con Noches del Botánico.

El festival nace vinculado a una universidad pública. ¿Qué ha aportado ese contexto al desarrollo del proyecto?

R. M.: La colaboración con la Universidad Complutense ha sido fundamental. Trabajamos conjuntamente todo el año para poder desarrollar el festival. Como podéis imaginar, no es una tarea fácil: la logística, la producción y el montaje son complejos porque es un espacio vivo, y la naturaleza impone su esencia y exige respeto. Por otra parte, la actividad académica se sigue desarrollando y tenemos que coordinar todos los aspectos necesarios para convivir con ella. Desde organizar las pruebas de sonido para no interferir en exámenes o clases hasta desarrollar proyectos comunes, todo se basa en una relación constante de diálogo y colaboración.

Además, esta unión entre una institución pública y un festival privado demuestra la sinergia que puede generarse cuando ambas partes trabajan en una misma dirección. Gracias a ello se ha consolidado un proyecto pionero en Europa y con una identidad única.

La sostenibilidad forma parte del planteamiento desde el inicio. ¿Cómo se gestiona esa responsabilidad cuando el propio recinto es un espacio natural protegido?

R. M.: La sostenibilidad forma parte de la responsabilidad y de la propia identidad del festival. Estamos en un entorno vivo y eso significa que el jardín es siempre lo primero. La protección del espacio y de las especies que habitan en él condiciona muchas de las decisiones que tomamos cada año. Aquí no se puede intervenir libremente: todo debe adaptarse y convivir con el entorno natural.

Por eso, durante estos años hemos intentado ir siempre un paso más allá. Se han realizado obras para conectar los baños al alcantarillado público y evitar el uso de baños químicos, así como conexiones eléctricas permanentes para reducir la dependencia de generadores. Incluso gran parte de la madera utilizada en el revestimiento del recinto se reutiliza desde la primera edición.

Son medidas que reducen el impacto ambiental y que, además, reflejan una manera de entender el festival. También es importante destacar el comportamiento del público de Noches del Botánico, que es especialmente respetuoso con el entorno y entiende la importancia de cuidarlo para poder seguir disfrutando de él en el futuro. Esa conciencia colectiva es una parte esencial del proyecto.

Han defendido un formato contenido frente a otros festivales que crecen en aforo y volumen. ¿Hasta qué punto es una decisión estratégica o responde a las propias limitaciones del modelo?

J. M.:
Más que una decisión estratégica, se trata de un modelo. Como cualquier modelo, tiene sus propias limitaciones, y nuestro trabajo consiste en desarrollarlo de la mejor manera posible y con la máxima ambición dentro de ese marco. A pesar de esas limitaciones, el proyecto no ha dejado de crecer en prestigio, público y calidad artística. En términos de aforo hemos alcanzado nuestro límite, pero el objetivo sigue siendo mantener el nivel de excelencia que nos ha definido y que nos ha traído hasta aquí.

Con el modelo ya consolidado, ¿cuáles son hoy los principales retos a los que se enfrentan?

R. M.: Mantener el nivel de calidad artística y la experiencia que el festival ha conseguido construir a lo largo de estos años. Noches del Botánico ya no es solo un lugar al que se viene a ver un concierto; es una experiencia completa que comienza desde la apertura de puertas y se prolonga durante toda la noche. La gente viene aquí a disfrutar de las noches de verano en un entorno único y con una propuesta muy cuidada. Eso ha convertido al festival en algo que trasciende lo puramente musical y cultural para convertirse también en un fenómeno social. Por eso, el objetivo principal es seguir preservando esa esencia y continuar ofreciendo cada año una experiencia a la altura de lo que el público y los artistas esperan.

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