El pasado martes, la Fundación Amancio Ortega firmaba un acuerdo con el Ministerio de Sanidad por el que donará 280 millones de euros para dotar de diez equipos de protonterapia —una técnica que sirve para la lucha contra el cáncer— al Sistema Nacional de Salud. Y no es la primera vez que el fundador de Inditex demuestra su generosidad con la sanidad pública española. En febrero de este mismo año ya dio 320 millones de euros para renovar equipos oncológicos en España, y en 2015 otros 17 millones de euros al Servicio Gallego de Salud. Sin embargo, la filantropía no es la única actividad a la que el fundador de Inditex destina su fortuna estimada en 77.000 millones de dólares.

Amancio Ortega es la piedra angular del mercado empresarial español. Sin su actividad emprendedora e inversora no se pueden entender las dinámicas que repercuten en el resto de los segmentos. Es uno de los multimillonarios hechos a sí mismos que ha levantado un imperio de la nada y cuya filosofía se ha ido trasladando a otros espectros de la inversión y la gestión de activos.

El fundador de Inditex siempre se entiende como una de las grandes referencias a nivel mundial. Por eso, conocer cómo construye su cartera es relevante para el pensamiento crítico de los inversores. El multimillonario gallego dispone de una fortuna anual como para invertir el capital derivado de los dividendos que posee de la firma con sede en Arteixo, aunque solo se decanta por un número muy limitado de proyectos. No todo vale para sus intereses.

Bien es sabido que a Ortega siempre le ha gustado centrarse en el mercado inmobiliario y en otros sectores tradicionales del mercado español. Sin embargo, las últimas inversiones del magnate desvelan por dónde cree que puede generarse un importante nicho de rentabilidad de cara al futuro.

¿Cuáles son esas últimas apuestas? Fundamentalmente, Ortega se ha lanzado a invertir en sectores regulados, especialmente en la industria energética y eléctrica. Muestra de ello es su entrada en Enagás, al adquirir un 5% de participación en la compañía, y también en Red Eléctrica de España. Pero la última estrategia fue la compra de un paquete accionarial del 12% en Redes Energéticas Nacionais (REN), la red eléctrica portuguesa.

El creador de la empresa textil más importante del mundo se inició en estas inversiones en este último año empleando, primeramente, 250 millones en Enagás. A ello hay que sumarle los 450 millones de euros en Red Eléctrica y 180 millones en REN. Una totalidad de 900 millones en un negocio en el que antes no había entrado.

Ortega se centra en este sector, pero con exigencias importantes. Operan infraestructuras en un sector de futuro como el energético y son consideradas inversiones seguras al ser estratégicas y reguladas. Y no solo eso, sino que ofrecen además un dividendo recurrente para el inversor y previsible a largo plazo y tienen la particularidad de que cuentan como clientes a grandes empresas y no directamente al consumidor final.

El brazo inversor de Ortega

También, ha construido una multinacional, Pontegadea, que acumula un imperio inmobiliario colosal. Especialmente, fuera de las fronteras españolas. El gallego quiere que este vehículo invierta en España y en sectores distintos del inmobiliario, pero con las características que reclama. Es lo que busca con la entrada en REE y Enagás, aunque siguiendo alejado de la Sepi y los gestores de esas compañías.

Con 14.075 millones de euros bajo gestión, Pontegadea es la mayor compañía española de real estate, por delante de las socimis Merlin Properties (12.811 millones a cierre de 2020) y Colonial (12.020 millones en diciembre del año pasado). Y, por el contrario, los resultados recientes poco tienen que ver con la panorámica más amplia de evolución del negocio inversor de Ortega, Pontegadea multiplicó por diez el patrimonio inmobiliario en diez años.

El holding fue creado en junio de 2001, un mes después del estreno en el parqué de Inditex, para invertir los fondos obtenidos con la colocación en bolsa del gigante textil. Meses después creó la filial inmobiliaria, que ha comprado hoteles, oficinas y locales en España, EEUU, México, Canadá, Reino Unido, Italia, Francia y Corea del Sur desde entonces.

Tras su reorganización societaria de 2020, el brazo inversor de Ortega está formado por tres grandes empresas: Pontegadea Inversiones, Partler 2006 y Pontegadea GB 2020, que agrupa sus activos en Reino Unido.

“La única presión que tenemos es hacer buenas inversiones”, destacaban en Pontegadea, descartando cualquier politización en las inversiones acometidas. En los últimos meses, como consecuencia de la pandemia, el nivel de presión ha sido más laxo. Esto se debe a que los dividendos de Ortega derivados de la firma textil fueron de 646 millones el año pasado. Para este ejercicio se esperan, de nuevo, más de 1.000 millones. De ahí a que el margen de maniobra ahora sea algo mayor.

Así, estas operaciones más recientes de Ortega ponen de manifiesto la creciente dificultad de Pontegadea, el brazo inversor del magnate gallego, para encontrar inversiones que se ajusten al manual del propietario. En el otoño de 2019, Pontegadea ya negoció entrar en REE, pero se decantó por Enagás y, entonces, considerada excesivo adentrarse en dos empresas de infraestructuras energéticas. Descartó así entrar en REE.

No obstante, en los últimos doce meses se produjo una ventana de oportunidad de comprar al sultanato de Omán un 12% de la portuguesa REN, a pesar de que generase un clima un tanto raro por ignorar a REE. Pero más adelante se volvió a reactivar esta hoja de ruta y Ortega terminó por aceptar el plan.