El periodista Marc Giró posa para el objetivo de ‘Forbes’ en Europa Café de Barcelona. Foto: Xavi Torres-Bacchetta

Como Frank Sinatra, Marc Giró (Barcelona, 1974) siempre ha hecho las cosas a su manera. Imagen clásica, esencia transgresora, desde que se iniciara hace 25 años como redactor de un programa de Jordi González en TV3 ha llegado su contagiosa dispersión a la redacción de Marie Claire, revista de la que era el editor de moda, hasta los platós de Telecinco participando de tertulias de todos los pelajes. Recolocado nuevamente en Barcelona, ahora conduce el magacín Vosté primer, programa que ameniza los mediodías de Rac1, la emisora líder en Cataluña, con el que se está destacando como toda una estrella hertziana. Hiperactivo e incontinente, acaba de publicar (en catalán) el libro Pijos (Univers, 2021).

Es Dios, está en todas partes.

Estoy pasando por un buen momento. Hace 20 o 25 años que me dedico a esto… Que podríamos llamar periodismo de entretenimiento. El hecho es que he aprendido a no dar nada por garantizado. Las cosas ahora, sí, me van bien y tengo trabajo, mucho trabajo, pero ha habido momentos en los que las he pasado canutas. Las cosas van y vienen por rachas. También es verdad que, por el tipo de personaje que soy y las cosas que hago, siempre he evitado dormirme en los laureles. Estoy bien, estoy contento, pero no me permito parar. Es curioso porque el otro día ya me lo dijeron: “oiga, usted está en todos lados”.

Es que está en todos lados.

Hace mucho tiempo que estoy en muchos sitios. Porque quiero y porque me obliga el sistema. Como autónomo tienes que ir sumando 100 de aquí, 80 de allá, 120 de una revista, 60 de otra… De repente te ofrecen una sección por 500 euros en una tele remota… Vaya, que tengo que estar en todos lados, porque si no, no llego.

Los grandes contratos de los ochenta y noventa son historia. Puedo haber conseguido cierto estatus, pero el sistema no me premia, me hace trabajar más. Pero, vaya, que tengo trabajo y estoy contento con el trabajo que tengo.

Hablaba de personaje. ¿En Marc Giró hay diferencia entre persona y personaje o las líneas divisorias ya se han difuminado?

No. Además, creo que esta división no existe en mi caso ni en el de nadie. Lo que hago es subir o bajar la intensidad dependiendo del lugar en el que estoy. Es una cuestión de intensidad, que en mi caso se puede intensificar porque siempre he hablado desde el yo, desde mi punto de vista.

Trabajando, sí, es subjetivo.

Es mi punto de vista. Y este sube o baja de intensidad dependiendo del lugar y el momento. Un punto de vista, eso sí, que puede ir cambiando a lo largo de los años. Explico las cosas desde un barco a la deriva.

¿¡Cómo!?

Soy una barca a la deriva en esto que es la vida.

Qué poético.

De hecho, todos somos barcas a la deriva. En mi caso lo que cambia es la intensidad con la que remo. Sí que es cierto que tengo ciertas fórmulas, pero son fórmulas que han salido de mi propia ineptitud. Hago muchas cosas pero nunca desde el punto de vista canónica y más ortodoxa, sino desde cómo las he aprendido a hacer yo. Por ejemplo, no sé leer teleprónters porque soy disléxico, disperso y nervioso. Pero he sabido revertir una situación que podría ser una desventaja para caer en gracia. Algo que no depende de mí, sino del público, que me compra tal y como soy.

Si el punto de vista puede cambiar con los años, ¿se reconoce en el Marc Giró de hace 25 años?

Sí, me reconozco en él, con la fortuna que ahora estoy mucho más tranquilo y calmado. El paso del tiempo lo que da es experiencia, con los recursos que eso te otorga, aunque a veces vuelvas a caer en errores de adolescencia. También tengo que decir que no recuerdo demasiado como he sido en el pasado.

¿Y eso?

Al no practicar el psicoanálisis, no recuerdo demasiado las cosas. Es algo muy de los mamíferos. Como los perros, que recuerdan algo pero muy poco. Por eso, como no hago terapia, no recuerdo muchas cosas del pasado ni gente que ha pasado por mi vida. Esto y que soy cero nostálgico. No trabajo el pasado ni el futuro. Vivo el presente.

Pero sí recordará como un estudiante de Historia del Arte acaba en el mundo de la comunicación.

De casualidad. Una amiga me sugirió que enviara el currículum a Jordi González, que por entonces estaba haciendo un programa en TV3 que tuvo mucho éxito: Les 1000 i una. Me cogieron de redactor. Historia del Arte es una carrera, tengo que decir, en la que se aprende a leer y escribir perfectísimamente. Siempre me he ganado la vida escribiendo, porque, más allá de mi trabajo en revista como Marie Claire, todo lo que digo en radio o televisión, antes lo he puesto sobre papel.

¿Pero le gusta escribir?

Me gusta, pero no tengo una pulsión literaria. No tengo la necesidad artística, lo hago porque tengo que ganarme la vida.

‘Les 1000 i una’, como decíamos, fue un programa que arrasó y que creó tendencia, no solo en Cataluña, sino en toda España, a la hora de hacer televisión nocturna.

Completamente. Una idea de Jordi González y su equipo que creo escuela. Luego vendría Crónicas Marcianas y demás, pero si se escribiera la historia de la televisión contemporánea en Cataluña y España, Les 1000 i una tendría un papel destacado, no tanto por ser un programa de noche, que ya se hacían sino por el tono y la alegría con el que se hizo. Era un programa gamberro. Una propuesta vital y coral que estuvo muy bien. En el fondo, era un programa heredero del cabaret. Un espacio en el que iban entrando y saliendo gente diversa. Jordi González consiguió un contrato con Mediaset y supongo que le pagarían mucho mejor que en TV3. E hizo bien, aunque su sello de autor quedó diezmado aun haciendo programas que estuvieron muy bien.

¿Sigue en contacto con él?

Nos tenemos mucho aprecio. La última vez que coincidimos fue en una de las ediciones de Supervivientes a la que fui como colaborador a algunos debates. Siempre le estaré agradecido por la oportunidad que me brindó. Le tengo un gran aprecio, a Jordi González. No solemos coincidir, aunque durante unos años los dos vivíamos en Madrid, pero me consta que la estima es recíproca.

Lo ha dicho. Durante muchos años dejó Barcelona y se instaló en Madrid.

Durante una época trabajé en Rac1, la radio más potente en Cataluña y en la que vuelvo a estar ahora. Cuando se acabó el programa empecé a lanzar currículums en Barcelona y en Madrid. Fue Joana Bonet la que me llamó para trabajar como editor de Moda de la revista Marie Claire. Fue una época magnífica porque coincidió con unos años gloriosos en el mundo de la moda. A partir del 2008 el mundo entra en crisis y con él la moda y el periodismo impreso. Antes de eso, fue maravilloso. Pillé el estallido de diseñadores como Alexander McQueen, el primer Galiano antes de caer en desgracia… Fui extremadamente feliz, en Marie Claire.

¿Sigue interesado en el mundo de la moda?

Siempre me han interesado las formas. El cómo la gente se representa. Desde este punto de vista, la moda me interesa. Ahora la sigo con menos intensidad. Y es que, cuando estás en una redacción y te meten a hacer política o deportes, de repente te interesas de forma casi enfermiza con la política o los deportes. Pero si te cambian, el orden de prioridades también se altera. Así que sí, sigo interesado en la moda, pero mucho menos de lo que me interesaba. También tengo que admitir, que sé mucho menos ahora que cuando me dedicaba, aunque si me pusiera me pondría al día rápidamente.

¿Qué le falta de Madrid?

Nada o muy pocas cosas, pero porque como he dicho, no soy nostálgico. Mantengo muchos puentes y vínculos con Madrid, pero, y tal vez por ello, no echo de menos nada.

Como catalán en Madrid, le tocó vivir unos años complicados.

Fueron años complicados para todos, aquí, allí, en todas partes. El planeta Tierra, en general, no es un lugar fácil. Las cosas son difíciles y los humanos las complicamos más. Fueron años complejos, aunque tuve la fortuna de pasarlo rodeado de un entorno, el de la moda, en el que todo el mundo fue muy educado y dialogante. Las cosas se podrían haber hecho de otra manera. Tanto en Barcelona como en Madrid, había espacios para el reencuentro. Desde Cataluña se podría haber explicado mejor qué era el Procés. Desde Madrid, también se podría haber explicado la idea de España que tiene la gran mayoría. No sé quién dinamitó estos espacios de diálogo ni el porqué, eso ya nos lo dirá la historia

¿Volvió de Madrid a Barcelona para el ‘Vosté primer’, el programa de radio que conduce todos los mediodías en Rac1?

Sí. Me hicieron la propuesta y no dudé demasiado. Coincidió con cierta sensación de que mi etapa en Marie Claire, por diversos motivos, ya no daba más de sí. Era el momento de hacer un cambio. Tampoco me lanzaba a la piscina a ver si había agua. Iba a Rac1, que es la radio líder en Cataluña, una redacción de éxito en la que ya había trabajado. Lo difícil era que las cosas no funcionaran bien.

Ha sido rompedor como ha introducido en esa franja horaria de la radio, de 1 a 2 del mediodía, temas que nunca antes se habían tocado.

De nuevo, lo tenía fácil: voy detrás de El Món a Rac1 de Jordi Basté y de La competència, líderes indiscutibles de la radio catalana, eso me facilita las cosas. Pero además, Rac1 es una radio que siempre ha tenido espíritu joven e innovador que casa perfectamente con mi personalidad. Cuando me contrataron lo que me dijeron fue: “haz lo que quieras, si funciona seguiremos, si no, no, pero haz lo que quieras”.

Ha funcionado.

No he querido contentar ni a los directivos de la radio ni a los oyentes, he hecho el programa que quería hacer. Si tienes un pingüino no le puedes pedir que haga de jirafa. A mí no me puedes pedir que haga lo que no soy. Y sí, ha funcionado. Tengo la sensación que la gente ha comprado mi particular sentido crítico de las cosas. Lo último que quiero, y menos haciendo el programa de 1 a 2, es sonar cursi ni dar la vara al personal.

Lo que decíamos al principio, es Dios, porque le escuchamos cada día en la radio, pero también le seguimos viendo en tertulias en Telecinco.

He aprendido a decir que no a muchas cosas, que es muy importante. Pero también es muy importante decir que sí. Pero hay cosas que, efectivamente, debes rechazar aunque las necesites para vivir porque no las sabes hacer, porque están mal pagadas, porque no las sabes hacer o porque se esperan de ti que interpretes el personaje que no eres. Pero, insisto, también he dicho que sí a muchas cosas. Vivo el momento sin pensar demasiado en el futuro, con el coche siempre aparcado en la puerta porque soy consciente que en cualquier momento me pueden echar o me querré marchar al siguiente pueblo o plaza a vender mi poción mágica. Los sueños y objetivos de futuro son una manía y obsesión capitalista que no me interesa.