“La OMS ha estado evaluando este brote durante todo el día y estamos profundamente preocupados tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad como por los niveles alarmantes de inacción. Por lo tanto, hemos evaluado que COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia“. Estas son las palabras que hace un año expresaba el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

En aquel momento, el directivo confirmaba que había más de 118.000 casos de coronavirus en 114 países y el número de muertes se situaba en 4.291. La situación ya era irreversible.

365 días después el número de fallecidos asciende a 2,61 millones, con 117 millones de casos repartidos por todo el mundo y 66,6 millones de personas curadas (a 5 de marzo de 2021). ¿Y que ocurre con la economía mundial?

Recuperación moderada

A principios de año, el Banco Mundial publicaba su informe Perspectivas económicas mundiales y las expectativas son desalentadoras.

Del estudio se desprende que, aunque la actividad económica mundial se está recuperando del colapso ocasionado por la COVID-19, “se prevé que la actividad económica mundial aumentará un 4 % en 2021“, manteniéndose muy por debajo de las proyecciones previas a la pandemia durante un período prolongado.

Asimismo, la pandemia ha exacerbado los riesgos asociados con una ola de acumulación de deuda a nivel mundial que ha durado una década. Es probable, además, que en el curso de los próximos 10 años se agudice la desaceleración, largamente esperada, del crecimiento potencial.

Según el organismo, las principales prioridades inmediatas incluyen contener la propagación del virus, proporcionar alivio a las poblaciones vulnerables y superar los desafíos relacionados con el proceso de vacunación.

Por otro lado, dado que, en muchos países, la debilidad de la posición fiscal restringe severamente las medidas de apoyo que pueden adoptar los gobiernos, es necesario poner énfasis en reformas ambiciosas para reactivar un crecimiento sólido. La cooperación internacional es fundamental para abordar muchos de estos desafíos.

Cifras alarmantes y desafíos abrumadores

Se estima que la economía mundial crecerá un 4 % en 2021 después de una contracción del 4,3 % el año anterior. El Banco Mundial considera a esta crisis la cuarta recesión mundial más profunda en los últimos 150 años, solo superada por aquellas relacionadas con las dos guerras mundiales y la Gran Depresión.

En esta línea, se espera que la producción en las economías de mercados emergentes y en desarrollo crezca un 5 % este año, pero esto tras los impactos económicos que echaron por tierra al menos 10 años de crecimiento del ingreso per cápita en más de una cuarta parte de los países de este grupo. La mayoría del aumento del PIB este año se deberá a China. Si se excluye a este país, las economías de mercados emergentes y en desarrollo crecerán a un ritmo más moderado del 3,4 % en 2021, dado que muchos países siguen enfrentando brotes del coronavirus.

Entre los países de ingreso bajo, se espera que el crecimiento económico llegue a un 3,3 % en 2021 –muy por debajo del ritmo previo a la pandemia– después de una contracción de la actividad del 0,9 % el año pasado. Además, se prevé que los ingresos per cápita serán más bajos en la mayoría de estos países, un signo del impacto en la reducción de la pobreza causado por la pandemia. Es probable que los impedimentos logísticos en la distribución de las vacunas, que podrían retrasar el proceso de vacunación hasta en un año en comparación con las economías avanzadas, representen un importante obstáculo para la actividad económica.

Incertidumbre y riesgos

A pesar de los pronósticos de crecimiento, si todo marcha razonablemente bien, las perspectivas siguen siendo muy inciertas y una serie de resultados diferentes son posibles.

Un escenario a la baja en el que los casos se disparen a comienzos de este año, siendo necesarias más restricciones en la actividad, y en el que el proceso de vacunación se retrase, conduciría a una recuperación más débil y prolongada con un exiguo crecimiento mundial de 1,6 %.

La deuda se puede usar para financiar inversiones que impulsen el crecimiento. Además, la pandemia ha creado la necesidad de préstamos a gran escala para financiar numerosas medidas de apoyo fundamentales. Sin embargo, los periodos anteriores de rápida acumulación de deuda están plagados de estimaciones negativas, y la magnitud y velocidad de la reciente acumulación de deuda genera inquietudes sobre la sostenibilidad de la deuda.

Una seria consecuencia de la recesión de 2020 es que sus efectos pueden perdurar pese a la reactivación del crecimiento este año. Incluso después de que comience la recuperación, se espera que la economía mundial experimente un periodo prolongado de producción por debajo de la tendencia y pérdidas de ingresos significativas. El potencial de crecimiento mundial —la tasa a la que se puede sostener el crecimiento con pleno empleo y plena utilización de la capacidad— ya se estaba desacelerando antes de la pandemia. La COVID-19 impulsó por igual esta desaceleración en la economía mundial y las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

Una España digital para salir de la crisis

En 2020 la economía española se derrumbó un 11%, la mayor caída que ha experimentado desde la Guerra Civil. El impacto de la COVID-19 ha asestado un duro golpe en la actividad empresarial, el empleo, el consumo y las cuentas nacionales del país.

Este año comenzará la recuperación y será progresiva, tal y como estiman los principales organismos. Por su parte, el Gobierno confía en que el PIB nacional crezca un 9,8%, impulsado por los fondos del Plan de Recuperación Europeo, que desempeñarán un papel crucial en la transformación del tejido productivo para hacerlo más resiliente, verde y digital.

Por su parte, las empresas se muestran optimistas en sus previsiones para 2021, en el que la digitalización y la mejora de procesos se situarán en el centro de las estrategias corporativas, según el informe Perspectivas España 2021 elaborado por KPMG.

Así pues, las compañías apostarán decididamente este año por la digitalización, que presenta un amplio margen de mejora y emprenderán operaciones corporativas para adaptarse a la nueva realidad en la que el impacto de la COVID-19 en la demanda se erige como principal riesgo.

Por otro lado, la eficiencia del gasto público se sitúa como la principal demanda de las empresas al Gobierno y le piden incentivos fiscales a la administración y replantear el IRPF y el impuesto de sociedades.

En respuesta, el Ejecutivo aprobará previsiblemente este viernes en un Consejo de Ministros Extraordinario el paquete de ayudas públicas por importe de 11.000 millones de euros para el sector de la hostelería, el turismo y el comercio, uno de los más golpeados por la pandemia.

En conclusión, en este contexto incierto y complejo que ha dibujado la COVID-19, las empresas deberán identificar los riesgos que amenazan sus negocios y las oportunidades que impulsarán su recuperación y crecimiento.