El modelo de educación tradicional ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. El cierre de todos los centros educativos para frenar la expansión del coronavirus ha obligado a escuelas infantiles, colegios, institutos y universidades a adaptarse y conectar con los alumnos a través de internet con el objetivo de poder continuar con su aprendizaje. Algunos estaban preparados, a otros les queda camino por recorrer…

Enrique Dans, colaborador de Forbes USA y profesor, cuenta en uno de sus artículos que le gustó como los alumnos reproducen vídeos de sí mismos prestando atención en bucle durante las reuniones o clases online para poder hacer otras cosas. “No pude evitar sonreír al pensar que mis alumnos me escuchaban de fondo ‘por si acaso’ los llamaba, mientras jugaban o enviaban mensajes de texto a sus amigos”, explica.

Para Dans, no es una idea descabellada. El profesor matiza que el salto entre el final y el comienzo del vídeo podría confundirse con un simple fallo de conexión. Sin embargo, el perfil de estudiante al que imparte clase no parece que coincida. “Afortunadamente, tengo el privilegio de enseñar a estudiantes cuya capacidad de atención coincide con el dinero que han pagado por su educación y el proceso de selección por el que han pasado. Nuestra relación se basa en la confianza: quieren que se les enseñe de la forma más productiva posible y de la mejor manera en las circunstancias actuales, y yo quiero hacer lo mismo, enseñar de la mejor manera posible en las circunstancias actuales”, asegura el docente.

No obstante, Dans explica que dependiendo del programa que se utilice para la conexión, la interacción con los alumnos es más o menos fluida. Cuando la tecnología es menos avanzada, el profesor aprovecha para hablar y los alumnos hacen sus preguntas o responden a las del docente a través del chat. En cambio, cuando es más avanzada, la experiencia es bastante comparable a la de un aula.

¿La educación online destierra a la presencial?

Para el colaborador de Forbes USA, las diferencias entre presencial y online son evidentes y plantea una pregunta: ¿La educación online es sólo un sustituto de la enseñanza presencial o estamos en un punto en el que podría considerarse comparable o incluso mejor? La respuesta es compleja.

Cuando los estudiantes optan por la formación presencial, en caso de tener que recurrir a la interacción online y utilizar para ello plataformas con limitaciones, su satisfacción baja, por lo que los alumnos pueden preferir posponer su curso y esperar a que se reanude el servicio normal. Sin embargo, esto ocurre con menos frecuencia cuando las herramientas son más avanzadas.

Pero existe otro componente que hace que los cursos online de IE University se posicionen entre los que generan mayor satisfacción: el formato de foro (complementado con interacción personal y conferencias en línea). “Sé que esto suena contraintuitivo, pero es algo que he estado probando durante mucho tiempo, teniendo en cuenta que mis primeras experiencias en entornos en línea fueron hace no menos de veinte años: mientras que los estudiantes sólo pueden participar en una discusión de clase durante uno o dos minutos como mucho (antes de que los compañeros de clase se impacienten), y deben hacerlo en voz alta basándose en su capacidad de pensar de pie, en un entorno en línea pueden participar cuando quieran, utilizar el tiempo para recoger sus pensamientos, e incluso incluir otros recursos como enlaces a artículos o vídeos. El resultado, es una mayor profundidad en las discusiones y mejores oportunidades de aprendizaje“, explica el profesor.

Un período de confinamiento como el actual debería servir para experimentar, probar herramientas y tratar de proporcionar a los estudiantes la mejor experiencia posible. Si no se es capaz de hacerlo, no se puede pasar a la siguiente fase que comenzará tras la cuarentena: que todos los cursos se desarrollen simultáneamente cara a cara y en línea, de modo que los alumnos puedan, en cualquier momento, decidir si asisten a una clase en persona o la siguen –con el nivel de interacción adecuado– a través de la web cuando, por ejemplo, tengan gripe o cualquier otra enfermedad potencialmente contagiosa. Se trate de una clase o un examen, para Dans, el desafío consiste en pasar sin problemas de una plataforma presencial a una virtual, sin que ello repercuta negativamente en la experiencia de aprendizaje.

“Creo sinceramente que esta será la siguiente fase, aunque sólo sea porque vamos a desconfiar durante algún tiempo de cualquiera que tenga la menor tos. Si pensamos que la situación actual es una excepción y que, después de la cuarentena, todo volverá a ser como antes, creo que estamos equivocados. La educación es uno de los retos más importantes, seguramente cambiará después de este episodio (con todo lo que esto implica en términos de oportunidad para aquellos que saben cómo manejarlo adecuadamente), y será esencial que las instituciones estén al día“, concluye el profesor.

*Artículo publicado originalmente en Forbes USA.

El dispar gasto en educación