Lanzarote es una de las fortunas del mapa turístico español. Su paisaje, su identidad y la forma en la que ha entendido el desarrollo la han convertido en un referente durante décadas. Sin embargo, junto a ese posicionamiento, hay una pregunta que cada vez pesa más: qué parte del valor que genera el turismo revierte realmente en la isla. De ahí nace Retorna, el fondo impulsado por los Centros de Arte, Cultura y Turismo que busca convertir parte de los ingresos turísticos en inversión directa sobre el territorio. Energía, agua, movilidad o talento son algunos de los ejes sobre los que se articula una iniciativa que pone el foco en cómo se mide hoy el éxito de un destino.
Durante años el debate turístico ha girado en torno a una pregunta incómoda: cómo lograr que el turismo genere riqueza sin deteriorar el territorio que lo hace posible. ¿Dónde cree que ha fallado hasta ahora ese equilibrio?
Lanzarote lleva décadas conviviendo con esa pregunta. No es un debate nuevo, forma parte de nuestra propia identidad como destino. Si algo nos enseñó César Manrique es que el crecimiento solo tiene sentido si se produce en equilibrio con el territorio.
Más que hablar de un fallo, creo que estamos ante un momento de responsabilidad. Hemos sabido avanzar, pero ahora debemos ser capaces de dar un paso más y garantizar que ese desarrollo se traduzca de forma clara en bienestar colectivo. Ese es el reto: crecer sin perder el alma.
Retorna plantea que una parte directa del valor que genera el turismo vuelva al propio territorio. ¿Por qué cree que este enfoque empieza a ser necesario ahora?
Porque estamos en un momento en el que la coherencia es más importante que nunca. No basta con reivindicar un modelo; hay que sostenerlo con hechos. Retorna nace precisamente desde esa idea de responsabilidad compartida. Nos permite convertir la actividad turística en una herramienta al servicio del territorio, transformando sus beneficios en calidad de vida para Lanzarote y sus habitantes. Es, en el fondo, una forma de estar a la altura de lo que implica el legado que hemos recibido.
En otros destinos ya se han aplicado tasas turísticas o impuestos al visitante. ¿En qué se diferencia este modelo y qué aporta distinto?
La diferencia es que aquí no hablamos únicamente de recaudar, sino de cómo damos sentido a ese ingreso. Retorna introduce una lógica clara: lo que se genera desde la experiencia turística vuelve al territorio de forma directa y finalista. Es un modelo que aporta transparencia, pero también coherencia con la forma en la que Lanzarote ha entendido siempre su desarrollo. No se trata de añadir una capa más, sino de reforzar una manera de hacer las cosas.
El fondo se financiará vinculándolo a la experiencia turística —en este caso, las entradas a Montañas del Fuego—. ¿Cree que el visitante puede llegar a premiar a los destinos que demuestran que el turismo revierte directamente en el territorio?
Creo que el visitante percibe cuando un destino es auténtico y coherente con su forma de entender el desarrollo. Con este modelo damos un paso importante en ese sentido. Quien nos visita no solo viene a conocer Lanzarote, sino que contribuye de forma directa a su futuro, pasando de ser un mero consumidor a formar parte activa del equilibrio que necesitamos preservar. Esa conexión es, probablemente, uno de los valores más importantes que podemos ofrecer.
Lanzarote ha sido históricamente un referente en la protección del paisaje y la identidad del territorio. ¿Qué papel cree que deben jugar hoy los destinos que quieren seguir creciendo sin renunciar a ese modelo?
Deben asumir que proteger el territorio no es una opción, sino una responsabilidad. Lanzarote entendió hace décadas que su paisaje no era un límite, sino su mayor fortaleza. Hoy el reto es mantener esa mirada. No basta con conservar lo que tenemos, debemos ser capaces de proyectarlo hacia el futuro con coherencia. Eso implica tomar decisiones que refuercen el modelo y aseguren que sigue siendo válido para las próximas generaciones.
Según las previsiones, el fondo podría movilizar varios millones de euros al año para proyectos estratégicos en la isla. ¿Qué tipo de iniciativas marcarán realmente la diferencia en la calidad de vida de los residentes?
Aquellas que responden a los grandes desafíos del territorio y que tienen un impacto directo en la vida de las personas. Hablamos de energía, de agua, de movilidad, de talento. De iniciativas que no solo resuelven necesidades, sino que ayudan a construir una isla más preparada, más equilibrada y con más oportunidades. En definitiva, proyectos que contribuyan de forma real al bienestar común.
Muchas veces se habla de sostenibilidad turística en términos abstractos. ¿Qué cambios concretos debería empezar a notar un residente de Lanzarote si este modelo funciona?
La sostenibilidad solo tiene sentido si se percibe en el día a día. Si este modelo funciona, el residente debería notar mejoras reales en su entorno, en las oportunidades y en la calidad de los servicios. Pero también hay algo más importante: que sienta que el turismo forma parte de la solución. Que existe un equilibrio entre desarrollo y calidad de vida. Ese cambio de percepción es clave.
¿Es sostenible seguir aumentando visitantes o el futuro del turismo pasa por generar más valor con menos volumen?
El debate no debe centrarse únicamente en la cantidad, sino en el sentido del modelo. Lanzarote ha demostrado que es posible crecer de una forma diferente. Hoy debemos seguir avanzando en esa línea: mejorar el posicionamiento, dignificar nuestros espacios —como ya estamos haciendo— y asegurar que el turismo contribuya de forma directa al bienestar de la isla. No se trata solo de crecer, sino de hacerlo con coherencia, con responsabilidad y pensando en el futuro.

